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HISTORIA DE MADRID

El Viajero resiste cien años en Madrid: de bar popular a icono cultural con una terraza que mira al futuro

El local madrileño, que fue pionero en hostelería y terrazas en 1926, prepara la actualización de su carta para el próximo otoño

El Viajero reafirma su lugar en La Latina tras recibir una placa por el centenario del inmueble que ocupa.

El Viajero reafirma su lugar en La Latina tras recibir una placa por el centenario del inmueble que ocupa. / Cedida

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Andrea San Martín

Andrea San Martín

Madrid

El edificio que alberga uno de los locales más reconocibles de Madrid acaba de recibir una placa centenaria y sus propietarios ya trabajan en una actualización de la carta prevista para el próximo otoño. En una ciudad que cambia deprisa, El Viajero sigue resistiendo como punto de encuentro, terraza icónica y pequeña cápsula viva de La Latina.

Hay sitios de Madrid que uno no necesita explicar demasiado. Basta decir su nombre para que aparezca una imagen mental: una terraza con vistas, una escalera, un domingo de Rastro, una parada improvisada en La Latina. El Viajero juega en esa liga. Y ahora suma un argumento más para afianzar su condición de clásico: el edificio que lo alberga acaba de recibir una placa por sus 100 años de historia en el corazón de la ciudad.

El edificio de El Viajero acaba de recibir una placa centenaria por sus 100 años de historia en el corazón de La Latina.

El edificio de El Viajero acaba de recibir una placa centenaria por sus 100 años de historia en el corazón de La Latina. / Cedida

La conmemoración no llega como un simple gesto simbólico. Funciona también como recordatorio de que este inmueble, proyectado en 1924 por el arquitecto Luis Sainz de los Terreros, no nació como un edificio cualquiera, sino ya pensado desde el origen como bar-café-restaurante. Antes de ser El Viajero fue el Bar Musel, uno de los locales populares del Madrid de mediados del siglo XX, y en 1926 obtuvo su licencia de funcionamiento como primera cafetería de Madrid, además de convertirse en uno de los espacios pioneros de la hostelería y las terrazas de su época.

Un clásico que ha visto cambiar Madrid

La historia del edificio sirve también para contar otra más amplia: la de una ciudad que ha ido transformándose a su alrededor. En su azotea, una de las más concurridas de entonces, el fotógrafo Martín Santos Yubero inmortalizó reuniones y escenas sociales que hoy forman parte del patrimonio visual de Madrid. Décadas después, el local siguió acumulando capas: encuentros populares, vida cultural, conversaciones de barrio, turistas, artistas, generaciones distintas y una posición privilegiada para observar cómo se movía La Latina.

En los años noventa, cuando el barrio vivió uno de sus procesos de revitalización más claros, El Viajero desempeñó un papel importante en esa regeneración. No solo como negocio hostelero, sino como escaparate cultural y motor social en una zona que volvía a encontrar pulso propio. Por eso su historia no se entiende solo en términos de arquitectura o de antigüedad, sino también de uso real, de continuidad y de presencia en la memoria cotidiana de la ciudad.

Esa relevancia ya fue reconocida en 2021, cuando el Ayuntamiento de Madrid le concedió una placa conmemorativa por su contribución al patrimonio histórico y cultural de la capital. La nueva placa centenaria viene a reforzar esa idea: que detrás del local hay algo más que una buena ubicación o una terraza famosa. Hay una historia viva de Madrid.

La placa centenaria que reconoce los 100 años del edificio de El Viajero, uno de los espacios históricos de la vida social y hostelera de La Latina.

La placa centenaria que reconoce los 100 años del edificio de El Viajero, uno de los espacios históricos de la vida social y hostelera de La Latina. / Cedida

La terraza, el Rastro y una carta que quiere mirar al otoño

A día de hoy, El Viajero sigue siendo uno de esos lugares que ayudan a tomarle el pulso a la ciudad, especialmente cuando El Rastro convierte los domingos en una pequeña coreografía colectiva por las calles de La Latina. Su terraza continúa funcionando como reclamo evidente, con esas vistas al Madrid de los Austrias y a la iglesia de San Francisco que forman parte ya de su propia identidad visual. De hecho, la llamada "Terraza a la Catalana" ya figuraba en los planos originales del arquitecto en 1924, lo que da una idea de hasta qué punto la azotea estaba pensada desde el inicio como parte central de la experiencia.

La fachada de El Viajero, uno de los edificios más reconocibles de La Latina, distinguido ahora con una placa por sus 100 años de historia en Madrid.

La fachada de El Viajero, uno de los edificios más reconocibles de La Latina, distinguido ahora con una placa por sus 100 años de historia en Madrid. / Cedida

Pero el centenario no mira solo al pasado. Coincide también con una actualización de la propuesta gastronómica que sus actuales propietarios preparan para el próximo otoño, con la intención de alinearla con la nueva escena culinaria madrileña. La idea no pasa por romper con lo que ha sido El Viajero, sino por ajustar su oferta a una ciudad que ha cambiado mucho en la manera de comer, compartir y habitar sus locales.

Hoy, el espacio se articula en varios ambientes —lobby, mercado, azotea y un puesto de productos a la venta y degustación— y mantiene una propuesta gastronómica que combina tradición y contemporaneidad, pensada tanto para el tapeo como para una comida más completa. En el fondo, esa es probablemente una de las claves de su resistencia: haber sabido seguir siendo reconocible sin quedarse congelado.

En una ciudad donde cada temporada aparecen sitios nuevos que pelean por convertirse en “imprescindibles”, El Viajero juega otra partida. No necesita inventarse una leyenda porque ya la tiene. Lo que ahora intenta es algo más difícil: seguir siendo relevante cien años después sin dejar de parecerse a sí mismo.