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EMPRENDIMIENTO

Beatriz Silva y su cruzada para revalorizar la artesanía desde Fuenlabrada: "No es solo montar, es saber trabajar la madera"

La periodista y el carpintero Juan Francisco Nevado lideran un proyecto de alta ebanistería que apuesta por la sostenibilidad y el cuidado de la marca

Beatriz Silva, en su despacho en Fuenlabrada

Beatriz Silva, en su despacho en Fuenlabrada / B. S.

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Cuando llegó a Madrid desde Córdoba para estudiar Periodismo en la Universidad Carlos III, su horizonte no incluía talleres ni sierras. Pensaba en crónicas internacionales, en conflictos y en la producción de documentales. Pero entre asignaturas y trabajos, hubo una que le despertó un nuevo interés: la comunicación corporativa.

Beatriz Silva —así se llama— no imaginaba entonces que aquello que parecía una opción más acabaría siendo el punto de partida de su empresa. Con apenas 19 años, comenzó a gestar los cimientos de lo que en la actualidad es una firma de carpintería de alta gama, Espacio a Medida. Además de proyectos de mobiliario personalizado, también realizan trabajos de restauración de piezas desde un taller en Fuenlabrada.

"Todo nace del periodismo corporativo", relata Beatriz a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA desde su luminoso despacho. Aunque el proyecto comenzó a madurar años atrás, cuando ella misma diseñó el logo, la web y la identidad de marca, el proceso culminó en 2025 con la creación de la SL. No lo hizo sola: su socio, Juan Francisco Nevado, aporta la maestría de quien vive entre virutas desde los 14 años. En este binomio, mientras Juan lidera la fabricación y la técnica en el taller, Beatriz asume la visión de negocio, el diseño estratégico de las piezas y la gestión integral de la empresa.

Juan, trabajando en el taller de Fuenlabrada

Juan, trabajando en el taller de Fuenlabrada / B. S.

A medida que el proyecto se consolidaba, surgió una preocupación: la falta de relevo generacional en la carpintería. "El verdadero carpintero tiene hoy, como mínimo, 40 o 50 años", advierte, señalando el riesgo de que el oficio artesano se pierda si no se forman nuevas generaciones. En la Comunidad de Madrid, explican, abundan los montadores, pero pocos son los carpinteros con una formación completa.

Falta de relevo generacional

La diferencia entre ambos perfiles es clave para entender su forma de trabajar. Mientras el montaje responde a procesos más mecánicos, la carpintería exige conocimiento y técnica. "Es entender la madera y saber trabajarla, para mí es un arte", resume Beatriz. Ese contraste lo ha vivido de cerca. Recuerda que en su pueblo natal, en Córdoba, con apenas 10.000 habitantes, llegó a haber en torno a una docena de carpinterías en activo. Frente a ese arraigo del oficio, en Madrid predomina el mueble prefabricado, que supone una solución rápida, estandarizada y alejada del trabajo artesanal.

A esa cuestión se suma otra que también afecta a otros sectores artesanos, la falta de reconocimiento. "No está bien valorado", sostiene. Considera que los oficios siguen arrastrando una percepción social injusta: "Parece que el que estudia es el listo y el que trabaja con las manos no. Y eso no es así".

Por todo ello, además de fabricar alta carpintería, Beatriz y Juan han empezado a enseñar. Colaboran con el instituto José Luis López Aranguren, en Fuenlabrada, para formar a alumnos en prácticas. "La intención es poder contratar a futuro", dice. Los productos, desarrollados en el taller, han viajado ya a lugares como Pozuelo, Aravaca o Boadilla del Monte; además de otros destinos de la península como Zahara de los Atunes.

En el taller también se restauran piezas

En el taller también se restauran piezas / B. S.

La sostenibilidad no es un añadido, sino uno de los ejes de este proyecto. Lejos de competir con la fabricación en serie de las grandes superficies, su modelo se basa en la exclusividad y la eficiencia técnica: "A mayor calidad, siempre habrá un mayor precio", afirma Beatriz. Esta filosofía se traduce en una producción bajo demanda que elimina el almacenamiento de stock y optimiza los recursos al adquirir únicamente el material necesario para cada encargo, evitando así cualquier desperdicio.

Material de proximidad y sin 'stock'

Para minimizar la huella logística, apuestan por proveedores de proximidad de España y Portugal. Esta estrategia reduce el impacto del transporte, pero también permite navegar algo mejor un contexto internacional marcado por el encarecimiento de suministros clave.

Finalmente, la durabilidad actúa como el último criterio de sostenibilidad: desde los herrajes hasta los lacados, cada material se selecciona para maximizar la vida útil de la pieza, bajo la premisa de que el mueble perdure en el tiempo, reduciendo la necesidad de sustitución.

Marca, comunicación y negocio

Cuidando la comunicación, Beatriz cuenta que optó por priorizar el desarrollo de la página web frente a las redes sociales tras experimentar dificultades con el alcance en Instagram. Para su taller, la web es la herramienta digital principal. A diferencia de otras plataformas, ve en Instagram un espacio de encuentro técnico, casi como un "LinkedIn entre estudios de diseño, arquitectura y gente de oficio".

Sin embargo, huye de la inversión de tiempo sin retorno. "Si tienes miles de seguidores pero tienes tres clientes, estás dedicando un esfuerzo que no te da rentabilidad", expone. Aunque admite que destacar en este entorno puede resultar frustrante, valora el reconocimiento de quienes aprecian el oficio. Más allá de los números, se enfoca en métricas que demuestran un interés genuino por su mobiliario.

"No me importan los likes ni los seguidores, sino quién se lo guarda y lo comparte", afirma, pues son esas interacciones las que realmente le indican qué productos despiertan el interés del cliente y terminan convirtiéndose en proyectos reales.

De los medios a la carpintería: "Ahora tengo libertad, pero trabajo más horas"

El camino no ha sido fácil pese a la experiencia de ambos socios, que contaban con la confianza de ciertos clientes antes de crear la SL. "En España es muy difícil emprender", afirma. Señala la fiscalidad, los costes, las trabas administrativas y la incertidumbre como algunos de los principales obstáculos.

Beatriz, en su despacho

Beatriz, en su despacho / B. S.

Aun así, desde que se dedican por completo a la empresa, han ganado algo que valoran especialmente: autonomía. "Ahora tengo libertad para organizarme", dice. Eso sí, como la mayoría de negocios propios, tiene el coste de hacer que trabaje "más horas" y de que sea "difícil desconectar", al comparar con su etapa profesional anterior como asalariada en medios de comunicación.

"La chica de la oficina" en el sector

En el día a día del polígono del sur de Madrid, Beatriz se enfrenta a un sesgo de género persistente que intenta reducir su cargo directivo a una función meramente auxiliar. "La chica de la oficina soy yo muchas veces", lamenta, señalando que tanto clientes como proveedores suelen ignorar su autoridad como copropietaria y gestora financiera.

Para ella, este menosprecio no solo es un ataque personal, sino una falta de valoración hacia la estructura profesional que sostiene el taller. Es una muestra de la brecha que todavía persiste: en ocasiones siente que debe recordar su formación académica para que se respete su autoridad frente a quienes aún mantienen sesgos de otra época. "Si fuera hombre, sería directamente el jefe", sentencia.

Pese a la rabia que le genera sentirse infravalorada por ciertas actitudes anacrónicas, reivindica su posición como emprendedora que levantó una SL con 24 años: "Que yo esté aquí ya es un paso. Hay que hacerse valer".

A pesar de todo, sigue adelante. Tiene 25 años y una idea clara de futuro. No aspira a una gran empresa, sino a estabilidad. "Quiero poder delegar y centrarme en la comunicación", dice. También recomienda emprender con cabeza: hacerlo poco a poco, en algo que se conozca bien y sin asumir riesgos innecesarios desde el inicio. Le gustaría poder ayudar generando empleo de calidad y contribuir a que el oficio crezca sin perder su esencia artesanal.