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HISTORIA

Juicio a Hernán Cortés, el personaje histórico que ha incendiado el viaje de Ayuso a México: "Ni héroe civilizador ni genocida. Fue muchas cosas"

La figura del conquistador extremeño sigue presente en la sociedad mexicana, un país "con un parto doloroso" cuya idiosincrasia hay que conocer, según el historiador Esteban Mira

Retrato de Hernán Cortés.

Retrato de Hernán Cortés. / EPE

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Víctor Rodríguez

Víctor Rodríguez

Madrid

Ha transcurrido más de una semana desde que Isabel Díaz Ayuso canceló el final anticipado de su atribulado viaje por México entre acusaciones de boicot a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, que a su regreso ha extendido también a Pedro Sánchez, pero los rescoldos siguen vivos. Durante su estancia en el país norteamericano, la dirigente madrileña acudió a un acto bajo el título Celebración por la Evangelización y el Mestizaje en México. Malinche y Cortés.

Se iba a celebrar inicialmente en la Catedral Metropolitana de Ciudad de México, pero la Arquidiócesis lo suspendió aludiendo a una falta de permisos para la grabación y terminó llevándose a cabo en el Frontón de Cuauhtémoc, una de las demarcaciones de Ciudad de México. El mismo espacio donde se representa estos días Malinche, el musical de Nacho Cano sobre Hernán Cortés y quien fue su intérprete, madre de su hijo Martín y figura con ascendente a la que los historiadores asignan un papel clave como consejera en la Conquista de México.

En el encuentro, en el que también participó Cano, la presidenta madrileña hizo vaga referencia al conquistador y más claramente a Isabel la Católica o a los valores del mestizaje. "Vengo de ese Madrid en el que hay muchas malinches: en el Metro, en las calles, en los colegios", dijo.

Pero su asistencia y declaraciones previas encontraron reacción en un país en el que la figura de Hernán Cortés (Medellín, Badajoz, 1485 - Castilleja de la Cuesta, Sevilla, 1547) y el legado de la Conquista resultan controvertidos.

"Abusos los que ya se cometían contra la propia población autóctona por parte de las poblaciones aztecas y mayas, que entendían los sacrificios como parte de los rituales", había dicho la presidenta madrileña en una entrevista hace dos meses, cuando en una conversación con el embajador de México en España, Felipe VI admitía "abusos" en la Conquista y episodios del pasado que, observados con los valores actuales, "no pueden hacernos sentir orgullosos". "Llegamos los de la cruz y pusimos un nuevo orden. Y, sobre todo, una forma de entender que la vida es sagrada y que había que civilizar y trasladarle al Nuevo Mundo una forma diferente de vivir", añadía Ayuso, ya entonces replicada por Sheinbaum, quien le reprochó tener "visión de imperio".

La asistencia al acto en Cuauhtémoc elevó el tono de las críticas. La presidenta mexicana la acusó de “ignorancia” de la historia de España y vinculó la cuestión con los encuentros con la derecha mexicana que Ayuso mantuvo en el viaje, de los gobernadores del Partido Acción Nacional (PAN) a la alcaldesa de Cuauhtémoc. "A quienes reviven la conquista como salvación, les decimos: están destinados a la derrota. A quienes creen que el pueblo es tonto: están destinados a la derrota. Quienes buscan reivindicar a Hernán Cortés y sus atrocidades: están destinados a la derrota. A quienes piensan que la presidenta se arrodilla: están destinados a la derrota", fueron sus palabras.

Aún este jueves continuaba el asunto. "México no existió hasta que llegaron los españoles, porque era otra civilización", decía en la Asamblea regional la presidenta madrileña, quien además invitaba a la oposición a preguntar a Sheinbaum por lo que hay en la calle Guatemala, 24 de Ciudad de México, en referencia al hallazgo allí hace una década de hasta 650 cráneos completos y 11.000 fragmentos de otros que venían a testimoniar las prácticas de sacrificios humanos en el mundo mexica.

“Toda nuestra historia se integra en Hernán Cortés. Odiarlo no nos ha servido y no ha resuelto nada. Amarlo no es necesario. Aceptarlo e integrarlo en nuestro pasado, como el ser humano que es, con aciertos y fracasos, luces y sombras, es fundamental. No es ángel o demonio. Es simplemente Hernán Cortés, el hombre sin el cual no seríamos lo que somos”, apunta el escritor mexicano Juan Miguel Zunzunegui, en alguna ocasión citado por Ayuso y presente también en el acto del Frontón de Cuauhtémoc, en su libro Hernán Cortés. Encuentro y conquista, recién publicado en España por La Esfera de los Libros.

“El parto de México fue un parto doloroso y eso es algo que sigue presente en la sociedad mexicana”, explica el historiador extremeño Esteban Mira Caballos, que lleva 30 años investigando la figura del conquistador y publicó en 2021 Hernán Cortés. Una biografía para el siglo XXI (ed. Crítica). "Hay que conocer un poco la idiosincrasia del mexicano, llegar diciendo que los españoles los civilizamos provoca rechazo". La visita de Ayuso, opina, ha venido a “tirar los puentes” que se estaban tratando de tender desde la Historia. “Un trabajo de años para tratar con objetividad la figura de Hernán Cortés, un esfuerzo muy grande por parte de los historiadores, de las instituciones, se lo han cargado en dos días”.

A su juicio, “con sus luces y sus sombras”, México no se entiende, no obstante, sin la figura de Cortés. “El México mestizo que todos queremos es una creación posterior a partir de la llegada de Hernán Cortés fruto de la fusión de lo hispánico, lo prehispánico y lo africano. Yo siempre digo que es padre o padrastro de México. Buen padre o mal padre, pero padre”.

Insiste, además, en situarlo en el contexto de su tiempo. "Se comportó como todo el mundo esperaba que debía comportarse un conquistador, que no iban repartiendo abrazos. Evidentemente, hubo drama, el mundo prehispánico desapareció en un santiamén entre el olor a pólvora de las humeantes bombardas".

En medio de la polémica de estas semanas, Sheinbaum asomaba un edicto de Carlos I en que citaba entre las acciones de Cortés la masacre de 400 indígenas cautivos en Cachula, el herraje como esclavos de hombres, mujeres y niños o la matanza de Cholula, en la que fueron ejecutados varios miles de indígenas.

El propio sitio de la capital del imperio mexica, Tenochtitlan, durante 80 días en 1521 y en el que algunas fuentes estiman que murieron 240.000 personas por las armas, el hambre o las enfermedades, es otro de los episodios cruentos.

Pero señala Mira Caballos que Cortés llega allí con apenas 580 hombres suyos y en alianza con tlaxcaltecas, totonacas, cempoaleses, chalcas o xochimilcas contra el imperio dominante, que era la confederación mexica, los aztecas. “Le ofreció la capitulación a Cuauhtémoc [el último emperador] un montón de veces y él la rechazó siempre”.

El de Medellín fue un personaje con muchos perfiles. “No se puede resumir ni en héroe civilizador ni en genocida, fue muchas cosas: pensador, escritor de éxito, descubridor, comerciante, emprendedor: llevó la explotación de seda, todavía existen los cultivos de morera que llevó, hizo astilleros, promovió expediciones al Golfo de México, fundó el Hospital de Jesús, que aún funciona… Al final fue conquistador dos años o dos años y medio de su vida”. Estuvo en México casi 20 años, entre 1519 y 1530 y entre 1531 y 1539. Murió en España, pero sus restos fueron trasladados a México.

"Desde luego, no fue un humanista o un pacifista", prosigue su biógrafo, "hubo hecatombes, hubo desastres. Pero tampoco fue un genocida, por varios motivos. Primero, porque los indígenas pasaban a ser vasallos de la corona de Castilla; segundo, porque eran cristianizables, y tercero, porque eran unidades económicas. Ningún conquistador quiere un territorio para trabajarlo él".

Entiende el historiador que para comprender, que no justificar, a Cortés hay que tratar de verlo en el contexto de su época y lamenta que en torno al juicio de su figura haya intereses políticos del presente. "Pasa cuando la política se mete en la Historia, cuando se manipula la Historia con un objetivo político, ideológico o nacionalista".