EXPOSICIÓN
Inés Jimm pinta cuerpos dormidos para cuestionar quiénes somos despiertos: "En el sueño no puedes fingir nada"
La Tönnheim Gallery de Madrid acoge hasta el 24 de mayo 'The Observer – I’ll Be Your Mirror', una muestra donde la artista sevillana explora la identidad y la resistencia a través del óleo

Inés Jimm, en su exposición 'I’ll be your mirror – The Observer' / @migthel
La Tönnheim Gallery acoge la exposición The Observer – I’ll Be Your Mirror, una muestra que podrá visitarse en C/Valencia 17, Lavapies, hasta el próximo 24 de mayo. La artista Inés Jimm (Sevilla, 1996) presenta aquí el resultado de tres años de formación intensiva en pintura al óleo, una metamorfosis técnica y vital que comenzó a gestarse tras su primera exposición en la cafetería de especialidad Cofi.
Esta muestra supone la culminación de un proceso que se ha desarrollado de manera orgánica a lo largo de este tiempo. Jimm llegó al taller de su mentor, el pintor Borja Buces Renard, con el objetivo de aprender la técnica, pero sin una temática predefinida. "Fue como algo que casi que se dio solo. Yo no había decidido qué era lo que quería pintar en ese momento, sino que entro a un taller donde me van a enseñar y me dan la opción de elegir mis propias fotografías", explica la artista en una conversación con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA.
A través de estas mentorías, donde Borja le enseñaba "por dónde podía ir o qué podía seguir interpretando", Jimm se dio cuenta de que tanto en su galería del teléfono como en las fotos que elegía, había un motivo que se repetía constantemente: el de las personas dormidas.
Crisis de identidad: "Yo era mi propio producto"
El giro de Inés Jimm no fue una elección estética caprichosa, sino una respuesta a una crisis de identidad que estalló a los 25 años. "La gente a mi alrededor parecía tener muy claro quién era, pero yo estaba en un momento en el que quería saber quién soy", confiesa. Aquel pasado como influencer de lifestyle, una etapa de hipervisibilidad que hoy se traduce en una comunidad de 285.000 seguidores en redes sociales, marcó profundamente su percepción del "yo".
Jimm recuerda aquel tiempo como una época donde ella misma se había convertido en una mercancía. "Al ser tú tu propio producto, no solo la cara visible, sino la personalidad, esta se convierte en un producto de compraventa. Si no caes bien al público no te ven, y si no te ven, no ganas dinero".

La artista Inés Jimm, junto a algunas de sus obras / @migthel
Esta dinámica la llevó a sentir que su centro vital era modulable en función de la aceptación externa, dándose cuenta de que "llevaba eligiendo vivir en base a lo que otros pensasen" mucho tiempo y que había perdido el contacto con lo que verdaderamente le pedía el cuerpo.
Este descubrimiento artístico coincidió con una batalla personal contra el insomnio. Para Jimm, el sueño se convirtió en el único reducto de libertad frente a los mandatos sociales y de género. "Creo que a nosotras nos pasa mucho esto: se nos educa en ser bellas, atractivas físicamente, no hablar muy alto, no demostrar a viva voz que eres inteligente para no molestar. Tenemos que estar en un centro que no moleste a nadie", reflexiona.
"Se nos educa en ser bellas, atractivas físicamente, no hablar muy alto, no demostrar a viva voz que eres inteligente para no molestar. Tenemos que estar en un centro que no moleste a nadie".
Frente a esa construcción performativa de la feminidad, el sueño aparece como un "estado de verdad" absoluto. "En el momento en el que estás dormido no puedes fingir ser nada más. No estás interpretando ningún rol social ni personal", argumenta. En un presente donde el cuerpo femenino es constantemente mediado por la mirada ajena, sus cuadros ofrecen una forma de resistencia: cuerpos que simplemente son, fuera de todo espectáculo.
"No desaparece la persona, pero sí desaparece la conciencia. Sigues siendo tú, pero sin toda esa construcción mental de identidad". Para Jimm, el sueño es ese sitio donde no hay capas de prejuicios, creencias o educación que quitar; es una reconexión con la esencia humana al máximo exponente.

Parte de la exposición en Tönnheim Gallery / @inesjimm
Estética cinematográfica y la sombra de Lynch
En esta búsqueda de lo que ocurre cuando la conciencia se apaga, el cine juega un papel decisivo y fundacional. "A mí me encanta el cine. Es lo que más me activa visualmente", confiesa la artista.
Sus cuadros no solo beben de la luz de Sorolla o la carnalidad de Lucian Freud, sino de una atmósfera que recuerda inevitablemente al surrealismo inquietante de David Lynch, una de sus mayores inspiraciones.
La proyección de Jimm no se limita a la escena nacional. Al zambullirse en el mercado del arte, la artista ha analizado cómo cambian las dinámicas según el país, entendiendo que este "funciona de la misma manera que con cualquier otro producto". A través de su experiencia en México, ha detectado diferencias sustanciales en la demanda:
"Allí me da la sensación de que el figurativo o el retrato es un poquito más complicado de vender, mientras que en España es más sencillo. Sin embargo, en México vendo más obras de mayor tamaño, mientras que en España se venden más obras de pequeño o medio formato".

Obra de Inés Jimm inspirada en una escena de David Lynch / @migthel
Mientras su obra permanece en Madrid hasta el 24 de mayo, su agenda cruza el Atlántico: desde el 15 de mayo, Inés Jimm expone en Nashville, Estados Unidos, en la Cass Gallery. Sobre este nuevo territorio, se muestra cauta: "Todavía no conozco ese mercado, pero en general es un mercado un poco complicado". Para ella, la carrera de artista es una "carrera de perseverancia" en la que lo importante es quién logra mantenerse y resistir.
A pesar de las diferencias técnicas entre mercados, Jimm confía en la "muy buena acogida" de su trabajo debido a su carácter universal. "Todos los artistas somos egoístas y ególatras, pintamos porque tenemos una necesidad personal de pensar algo, pero en última instancia ninguno de nosotros es tan especial. Las vivencias son universales", afirma.
"Una obra no está acabada hasta que es recibida"
Esa conexión se manifiesta en cómo el público reacciona ante sus durmientes. Aunque cada espectador responda de forma diferente —algunos empatizan, otros se sienten incómodos—, el mensaje de fondo sobre la identidad permanece. "¿Tú eres consciente de que estás fingiendo ser algo o no eres consciente y por eso lo rechazas?", cuestiona. Para la artista, la pintura no es un proceso cerrado en el taller: "Me gusta decir que la obra no está acabada hasta que es recibida, hasta que la gente no la ve".
Su paleta cromática también ha transitado cambios. En la primera fase del proyecto, Jimm utilizaba colores pasteles por una necesidad de curación. "Estaba explorando por primera vez algo que sabía que era lo que yo quería y necesitaba que fuese algo que me hiciese sentir bien. No quería vincularlo a algo que me hiciese infeliz ni caer en la idea del artista atormentado".

Con el tiempo, los tonos oscuros han ganado espacio en los trabajos de la artista / @inesjimm
Pero en esta segunda fase, tras haber hecho paces con sus sombras, todo se ha vuelto más oscuro. "Una vez estoy más en paz con esas sombras, de repente todo se vuelve un poco más oscuro, más reflexivo, porque aparece otra lectura de queja o de conciencia sobre lo que implica ese proceso". La cama ya no es un lugar físico placentero, sino un concepto indeterminado y, a veces, incómodo.
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