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SAN ISIDRO

De la corte de Isabel II a la Pradera: así se baila hoy un chotis en Madrid

Manuel y Nieves aprendieron a bailar chotis de forma autodidacta durante la pandemia: "Queremos que siga viéndose en la calle"

Todos los entresijos del chotis: el secreto mejor guardado está en la chulapa

Raquel Serrano

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Madrid

Antes de convertirse en banda sonora de San Isidro, en organillo, mantón y parpusa, el chotis fue una moda de Palacio. Llegó a Madrid hacia 1850, en tiempos de Isabel II, como una polca alemana, con nombre extranjero -schottisch, que significa escocés- y destino improbable: acabar girando en las verbenas, pegado al cuerpo, como uno de los bailes más castizos de la capital.

Lo explica Manuel, de la Asociación Los Chisperos de Arganzuela, en plena Pradera de San Isidro. "Imagínate cómo se bailaría en Palacio", cuenta a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA. Seguramente no se parecía demasiado al chotis que hoy reconocen los madrileños: ni por los vestidos de época, ni por la distancia entre los cuerpos, ni por la manera de moverse. Pero, como tantas otras costumbres, terminó bajando a la calle. "Al final, el pueblo reproducía todo lo que ocurría en Palacio", añade.

Ahí empezó la transformación. La gente adaptó aquel baile cortesano a su manera, con sus ropas y sus códigos. "El pueblo lo hizo suyo", resume Manuel. También se fue haciendo cada vez más cercano, más pegado al cuerpo. De ahí, recuerda, viene la expresión castiza de "ser más agarrado que un chotis". En una época en la que acercarse a una mujer no era tan sencillo, aquel baile ofrecía una excusa perfecta para arrimarse.

Nieves y Manuel, de Los Chisperos de Arganzuela en las fiestas de San Isidro, en Madrid.

Nieves y Manuel, de Los Chisperos de Arganzuela en las fiestas de San Isidro, en Madrid. / Alba Vigaray

Aunque se hable de distintas formas, Manuel aclara que "chotis, como tal, hay uno". Puede ser más rápido o más lento, cantado, de organillo o interpretado por una orquesta, pero la estructura esencial se mantiene. La música marca los cortes y las vueltas. Primero hacia un lado, después hacia el otro. "Siempre empezamos los chicos girando a la izquierda", explica. La estrofa señala cuándo cambiar el sentido, normalmente después de dos o tres vueltas.

El chotis clásico se baila agarrado, con la pareja muy junta, girando a izquierda y derecha. Luego llegan las llamadas "chulerías", esos adornos con los que el chulapo intenta lucirse. "Como en todos los bailes, se intenta hacer más bonito y más atractivo", cuenta Manuel. Pero detrás de ese lucimiento masculino está la chulapa, como su mujer Nieves, que sostiene y conduce buena parte del baile. "Ella es la que nos aguanta para que nosotros nos luzcamos. El papel de la mujer ahí es muy abnegado", reconoce.

Una clase de chotis paso a paso

Para bailarlo, dice Manuel, lo primero es aprender a girar. En el vídeo, él y Nieves muestran los pasos básicos del chotis: el hombre abraza a la mujer, se coloca rígido, especialmente de piernas, y mantiene los pies bien pegados al suelo, "como si quisiera pisar algo". A partir de ahí, la chulapa empieza a mover la pareja y el chulapo se deja llevar. Primero giran hacia un lado y después hacia el otro, siguiendo los cortes que marca la música. Las chulerías vienen después, cuando ya se domina la base. "Todo gracias a ella, que nos lleva", concluye Manuel.

Nieves y Manuel, de Los Chisperos de Arganzuela en las fiestas de San Isidro, en Madrid.

Nieves y Manuel, de Los Chisperos de Arganzuela en las fiestas de San Isidro, en Madrid. / Alba Vigaray

Hoy el chotis sigue siendo mucho más que un baile: una forma de memoria viva que conecta el Madrid de Palacio con el de las verbenas más tradicionales. En su giro constante entre costumbre y calle, conserva intacta su esencia castiza, esa mezcla de cercanía y orgullo popular que ha sobrevivido al paso del tiempo.