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TOROS

Álvaro Serrano, puerta grande a la ambición torera en San Isidro

El joven novillero criado en la Escuela Taurina de Navas del Rey conquista la puerta grande de Las Ventas tras una tarde de gran dimensión y buenos novillos de Montealto

El novillero Álvaro Serrano sale por la puerta grande de Las Ventas

El novillero Álvaro Serrano sale por la puerta grande de Las Ventas / PLAZA 1

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Jaime Roch

Jaime Roch

La primera gran conclusión de este San Isidro de Las Ventas es que arroja una nueva esperanza al toreo: Álvaro Serrano, formado principalmente en la Escuela Taurina de Navas del Rey, en la Comunidad de Madrid, aunque vinculado también en algunos festejos a la Escuela Taurina de Valdemorillo durante su etapa inicial.

Lo primero que cabría decir es que este jovencísimo novillero madrileño fue el que más demostró estar dispuesto a jugarse la vida para ser figura del toreo y dio escape a toda su ambición torera de principio a fin de la tarde, con la impronta de buen torero porque cuajó muletazos fantásticos y porque cuando tuvo la puerta grande de Las Ventas en su mano, no se le escapó. Así que es un nuevo joven con buena compostura y capacidad para asumir riesgos. Y ahí marcó verdaderamente la diferencia con el resto de compañeros de cartel.

Y lo hizo frente a dos novillos bien distintos en su condición y hechura que redondearon una buena novillada de Montealto. Un primero más bravo, con carácter y entrega; y un segundo noblón y de excelente clase en la muleta.

Y con ellos demostró que es lógico que Madrid a partir de hoy -es el triunfador del circuito de novilladas del 2025- detente esperanzas muy fundadas en él. Y si algo quedó claro fue la solvencia y las inmensas posibilidades de Álvaro Serrano, con un concepto muy puro del toreo, pues lo lleva a cabo con un desgarro que sobrecoge porque, este madrileño, generoso, le da todas las ventajas para el toro.

Extraordinario natural de Serrano, lleno de pureza, en Madrid

Extraordinario natural de Serrano, lleno de pureza, en Madrid / Plaza 1

A su primero le expuso con valor sereno cada vez que el animal le repetía incansablemente y lo tenía otra vez en las zapatillas para reducirle la embestida. Todo ello hecho, además, con la gran dificultad del temporal de viento.

En su segundo, que se desplazó con claridad en el último tercio y manteniendo sus virtudes hasta el final de faena, brilló con su buenas formas. Una trinchera a principio de la faena fue un monumento, ya apuntaba lo que venía.

El engaño arrastrado, la muñeca suelta y el cuerpo relajada, con los pases rematados detrás de la cadera, con esa pureza que late en lo hondo de las almas.

Con soberbio temple y mando, obligó con la muleta por abajo, ligó con perfecta sincronía todos los redondos y naturales de cada serie.

Precisamente, al natural toreó literalmente con la yemas, libre de velocidad, inmóvil, y qué importante es eso. En ese sexto, una estocada y un descabello tras dos avisas puso la oreja que le abría la puerta grande en sus manos. El umbral de Las Ventas es un bautismal refugio que ya ha cruzado Álvaro Serrano con su única verdad. Qué importante es que sea tan suya. Qué impacto.

El resto de la novillada tuvo un tono mucho menor y no fue por las posibilidades que ofreció, en algo menos de claridad que a Serrano, pero por las que saludó el mayoral de Montealto al final del festejo.

Martín Morilla no se encontró en su interesante primero (el segundo de la tarde) y el portugués Tomás Bastos tuvo, especialmente, un gran primero, con tremenda viveza, pero que el viento también dificultó esa labor.

Pero Álvaro Serrano fue el que verdaderamente se olvidó del tiempo y se centró en torear. A puro corazón. Y lo logró clamorosamente con esa puerta grande tan merecida.