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GASTRONOMÍA

El chuletón que roza los 700 euros y solo se servirá hasta agotar existencias: la joya rústica que Discarlux lleva a Taberna Pedraza

La casa de Santiago Pedraza acoge la presentación de una carne excepcional, un buey Minhota con 112 días de maduración que pone en valor la paciencia y la escasez

Buey de raza Minhota, criado entre Portugal y Galicia y madurado durante 112 días antes de llegar a la parrilla de Taberna Pedraza.

Buey de raza Minhota, criado entre Portugal y Galicia y madurado durante 112 días antes de llegar a la parrilla de Taberna Pedraza. / EPE

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Andrea San Martín

Andrea San Martín

En Taberna Pedraza (C/ Recoletos, 4 / 913 42 82 40) no se está sirviendo estos días un chuletón más. Lo que ha llegado a su parrilla es una de esas piezas que obligan a bajar el ritmo, escuchar la historia y entender qué hay detrás del precio, del tamaño y de la expectación. En un momento en que la carne se discute, se simplifica y muchas veces también se banaliza, Santiago Pedraza ha decidido poner sobre la mesa justo lo contrario: un buey de raza Minhota con 112 días de maduración, criado entre Galicia y Portugal y llevado a Madrid por Discarlux como una rareza gastronómica de las que ya escasean. Hasta agotar existencias, la casa sirve así una carne que no se parece a casi nada de lo que circula hoy por el mercado y que obliga a hablar, sin rodeos, de tiempo, origen, raza, oficio y precio.

El hilo de esta historia lo sostiene José Portas, uno de los pilares de Discarlux, la gran distribuidora de vacuno mayor que lleva dos décadas conectando pequeños productores con algunos de los mejores restaurantes. Y lo hace con una idea muy clara: "No existe este tipo de animales, este tipo de cría tan rudimentaria no existe en el mundo. Por lo tanto, estamos comiendo algo exclusivo", explica a El Periódico de España.

La carne de buey Minhota que estos días se come en Taberna Pedraza, una pieza exclusiva marcada por la crianza lenta y el origen.

La carne de buey Minhota que estos días se come en Taberna Pedraza, una pieza exclusiva marcada por la crianza lenta y el origen. / EPE

La afirmación puede sonar rotunda, pero el contexto ayuda a entenderla. No se trata solo de una carne cara o de una pieza vistosa. Se trata de un animal de una raza muy concreta, con "una crianza lentísima", un origen muy localizado y un sistema de engorde que, según Portas, cada vez está más amenazado por la falta de relevo generacional, el encarecimiento de costes y la dificultad de sostener explotaciones tradicionales.

La pieza que protagoniza estas jornadas pertenece a la raza Minhota, una raza ligada a las dos orillas del Miño, tanto en Portugal como en Galicia. El animal nació en Portugal el 12 de mayo de 2021, fue sacrificado en España el 12 de enero de 2026 y ha llegado a mesa tras 112 días de maduración. Tenía cuatro años y siete meses y un peso en canal de unos 890 kilos. Portas explica que la clave está precisamente en ese "modelo transfronterizo". En Portugal, dice, existe una tradición más asentada de criar bueyes castrados para engorde, mientras que en Galicia gran parte del vacuno se orienta a otros canales, como la ternera. Por eso, en muchos casos, lo que hacen es comprar esos animales jóvenes en Portugal y criarlos después en Galicia, donde el terreno, el clima y la alimentación terminan de definir el resultado.

Y ahí entra en juego la comarca de Ordes, en A Coruña, que Discarlux sitúa como uno de los grandes enclaves para este tipo de producción. La cercanía al mar, el microclima húmedo y templado, la calidad del maíz autóctono y un sistema de manejo muy pegado a la tradición forman parte de una ecuación que, según el sector, resulta difícil de replicar.

"Ese hombre vivía solo para sus animales"

Pero si algo eleva esta historia por encima del puro dato técnico, es el relato del productor que hay detrás. Portas lo cuenta casi como una escena detenida en el tiempo. Dice que compró estos animales hace unos meses, en una casa "ancestral", en un lugar recóndito de Galicia, y que llegar hasta allí ya fue una declaración de intenciones: lluvia, mal acceso, instalaciones envejecidas y una impresión inmediata de estar entrando en un mundo que sobrevive a contracorriente. "Era un señor que vivía solo, hacía 18 años que se había quedado viudo. Vivía solo para sus animales. No hacía otra cosa", resume. Y sigue: "Se levanta por la mañana, vive para ellos, trabaja el maíz para ellos, el campo es para ellos… le he visto con una mula yendo a por hierba fresca todos los días".

Ese retrato le sirve a Portas para plantear algo que va mucho más allá de la pieza que ahora se corta en Pedraza: la carne como consecuencia de una forma de vida que se está apagando. No habla solo de un producto excelente, sino de un ecosistema humano y rural que sostiene ese producto.

El precio de una rareza

Toda esa singularidad, claro, tiene una traducción inmediata en el plato. El precio ronda los 170 euros por kilo, de modo que un chuletón de algo más de cuatro kilos puede situarse fácilmente entre los 600 y los 700 euros. "Hay que ser muy valiente para llevar estos productos al plato y contar una historia en cada comanda", dice Portas en referencia a Santiago Pedraza, a quien considera uno de los grandes nombres de la hostelería madrileña. Para él, ofrecer una pieza así no es solo una decisión comercial, sino una apuesta por defender un tipo de producto que asusta por precio, sí, pero también por todo lo que exige antes de llegar al comedor.

Santiago Pedraza, al frente de los fogones, cocina la pieza de buey Minhota con la que Taberna Pedraza reivindica la carne de origen y la parrilla como oficio.

Santiago Pedraza, al frente de los fogones, cocina la pieza de buey Minhota con la que Taberna Pedraza reivindica la carne de origen y la parrilla como oficio. / Cedida

Además, esta presentación llega en un momento especialmente simbólico para Discarlux, que este año celebra su 20 aniversario convertida en una de las grandes referencias del vacuno mayor en España. Fundada por José Portas y Carlos Ronda, la compañía prepara la apertura de una nueva nave en Vallecas, de 2.500 metros cuadrados, donde podrán madurar al mismo tiempo más de 15.000 lomos de vacuno, superando así la capacidad de su actual instalación, que ya ronda los 9.000. Dos décadas después de su nacimiento, la firma sigue reforzando un modelo que conecta a pequeños ganaderos con algunos de los mejores restaurantes del mundo y que ha hecho de la carne de origen, la maduración y la selección extrema su gran seña de identidad.

José Portas y Carlos Ronda, fundadores de Discarlux, durante la celebración del 20 aniversario de la compañía, convertida en una de las grandes referencias del vacuno mayor en España.

José Portas y Carlos Ronda, fundadores de Discarlux, durante la celebración del 20 aniversario de la compañía, convertida en una de las grandes referencias del vacuno mayor en España. / Cedida

Carne, escasez y un sector con más demanda que producción

También, en este contexto, para Portas el problema ya no está tanto en el consumo como en la producción. La demanda existe, incluso ha crecido, también impulsada por redes sociales y por una mayor exposición mediática del producto. Lo que se complica es encontrar animales de este nivel y sistemas de cría capaces de sostenerlos. "El consumo está bien; lo que está mal es la producción", resume. Y añade: "Hay una escasez evidente de producto de vacuno, tanto en España como en Europa".

Las razones, según explica a este medio, son varias y se acumulan: el coste del cereal, la maquinaria, el petróleo, el trabajo en el campo, la falta de mano de obra y, sobre todo, el tiempo. Porque un animal longevo no se produce rápido ni barato. Requiere años, paciencia y una lógica económica cada vez más difícil de cuadrar. "Cada vez somos menos criando, cada vez hay más problemas para encontrar gente para trabajar y para que la gente se vaya a lo rural", advierte. En esa brecha entre una demanda creciente y una producción menguante es donde sitúa buena parte del problema.

En ese escenario, las jornadas de Buey Rústico de Taberna Pedraza funcionan casi como una declaración de principios. No buscan solo servir una carne excepcional, sino recolocar el debate en el origen. Recordar que detrás de un chuletón de este calibre hay una raza concreta, una casa concreta, un ganadero concreto y una manera de criar que no tiene nada de industrial.

José Portas, uno de los pilares de Discarlux.

José Portas, uno de los pilares de Discarlux. / Cedida

Portas insiste en que Madrid vive un momento extraordinario a nivel gastronómico, pero al mismo tiempo lanza una advertencia: que no todo quede en manos de grandes grupos, formatos replicables y modelos planos. "Necesitamos chefs, no necesitamos grupos", confiesa, en defensa de una restauración independiente capaz de asumir riesgos y de dar valor a productos como este.

Por eso ve en Pedraza el escenario idóneo para esta presentación. No solo por su trayectoria con la carne, sino por el tipo de relato que puede sostener en sala. Porque aquí, más que vender un chuletón, se sirve una historia de campo, de paciencia y de resistencia.

Y ahí está, probablemente, una de las claves más honestas de esta propuesta: no hay promesa de permanencia, solo la conciencia de estar ante algo limitado. La carne estará en Taberna Pedraza hasta agotar existencias. Después, lo más probable es que no llegue otra igual. O, al menos, no con las mismas condiciones, ni con la misma procedencia, ni con la misma historia detrás.

En tiempos de abundancia aparente, ese detalle pesa. Porque convierte la experiencia en algo más concreto y también más frágil. No se trata solo de comer carne; se trata de entender por qué una pieza así vale lo que vale y por qué, quizá dentro de unos años, sea todavía más difícil encontrarla.