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COLONIA FELINA

Mercedes, el ángel de la guarda de los 200 gatos del Retiro: "Hemos logrado reducir su población un 50% y algunos rozan los 20 años"

La Asociación de Amigos de los Gatos del Retiro (AGAR) lleva desde 2007 trabajando en el control y mantenimiento de la colonia felina más numerosa de Madrid

Un día con AGAR, la asociación que se ocupa de mantener la colonia felina del Parque del Retiro

XAVIER AMADO

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

Un gato le cambió la vida. Tenía 15 años y un diagnóstico complicado. “Me dijeron que estaba terminal, pero el cirujano insistió en operarme y me salvó. Llevo muchas intervenciones encima y mi vida siempre ha estado ligada a los hospitales. Aquel animal, el primero que tenía, me hizo mucha compañía en todo ese proceso”, relata Mercedes Hervás, presidenta de la Asociación de Amigos de los Gatos del Retiro (AGAR). Tras una recaída en la que perdió el ojo derecho, a la madrileña le otorgaron una minusvalía del 75% y, desde entonces, se entrega en cuerpo y alma a esta colonia felina: “Descubrí lo maravillosos e inteligentes que son y pude desmentir todos los mitos que se dicen de ellos. No son vengativos o rencorosos. Los gatos no me juzgan ni me miran raro”. Con el paso de los años, Mercedes comenzó a colaborar como voluntaria con varias protectoras de animales locales hasta que se topó con AGAR en 2015.

“Llevaban ocho años haciéndose cargo de estos animales de una forma legal, evitando multas. La asociación la fundó un grupo de personas en 2007, preocupadas por su situación. Entonces, el Ayuntamiento de Madrid tenía censados más de 400 gatos y, desde entonces, hemos logrado reducir su población un 50%, sostiene. Tras la firma de un protocolo de colaboración con la Dirección General de Patrimonio Verde -actual área de Medioambiente- y la Dirección General de Salud Pública -ahora Madrid Salud-, AGAR implementó un proyecto piloto para el control ético de colonias felinas: “Se aplicó el método CER: captura, esterilización y retorno. Lo hacíamos a través de un centro de protección animal. Se microchiparon todos los gatos y se elaboró un censo detallado. Desde entonces se les desparasita regularmente”. Si bien las esterilizaciones corren a cargo de la Administración, la comida la costea la asociación gracias a los donativos que reciben.

2026/05/05.Foto Xavier Amado. Parque del Retiro, colonia de gatos  Mercedes Agar y Estrella cuidadoras de gatos

Estrella, una de las voluntarias, alimenta a algunos gatos de la colonia felina del Retiro. / Xavier Amado

La asociación celebra este año la concesión de una subvención estatal destinada a Entidades de Protección Animal que, según asegura, les facilita mucho las cosas. Como Mercedes hay otros 30 voluntarios que, prácticamente a diario, recorren los caminos del Parque del Retiro: “Se gestiona por rutas y cada persona tiene una asignada. Ponemos una ración diaria de alimento y se controla que todo esté bien. Nuestra función es que estos animales vayan envejeciendo sin reproducirse. El 98% de ellos están esterilizados. Nos faltan algunos machos que son más esquivos, pero esto ya es un gran logro. Antes retirábamos camadas constantemente. Son muy prolíficos. Todo comenzó con unos pocos y, en cuestión de meses, se multiplicó por 10 la población”. Los gatos que habitan el parque carecen de depredadores y su esperanza de vida, que en otro contexto callejero no superaría los cuatro años, alcanza los 10 años en la mayoría de casos.

Amores que matan

“Se ha creado un ecosistema y algunos tienen 18, 19 o 20 años. Es una población envejecida”, añade. Lo que comenzó siendo la colonia más grande de Madrid es hoy algo parecido a un asilo para estos animales y la figura de voluntarios como Hervás ha tenido mucho que ver: “Fuimos pioneros en la figura del gestor individual de colonia autorizado. Se comprobó que era efectivo. Las capturas han tenido buenos resultados, en parte, gracias a la colaboración de la Subdirección General de Parques y Jardines. Nos han abierto las puertas del parque para proceder a ciertas horas o pasar con un vehículo para transportar el mayor número de jaulas posible. Nos encontramos en zona A, es decir, con más del 75% de la población esterilizada”. La mayoría de gatos que hoy habitan las inmediaciones de esta zona verde han nacido en ella. Sólo un reducido porcentaje procede del abandono: “El 99% de ellos muere. Dejar a un gato en la calle es una condena a muerte. Están muy limitados y raramente son aceptados por la colonia”. 

2026/05/05.Foto Xavier Amado. Parque del Retiro, colonia de gatos  Mercedes Agar y Estrella cuidadoras de gatos

La colonia felina del retiro cuenta con más de 200 ejemplares. / Xavier Amado

No es el único problema al que Mercedes tiene que enfrentarse a diario. Tal y como relata, la actuación de personas ajenas a la asociación pone en jaque el trabajo de los voluntarios. “Piensan que les hacen un favor, pero no es así. Por un lado, quienes vienen a Retiro como usuarios, sin saber que hay gatos y les da de comer. Es un daño que podemos sobrellevar, pero no es lo adecuado. Algunos están en tratamiento y la única opción de medicarlos es a través de nuestra comida. Por otro lado, quienes traen todo tipo de trastos a la colonia. Desde areneros, cajas o casetas con sus nombres hasta patas de jamón, pescados enteros. Lo que ellos creen que es un refugio termina convirtiéndose en un foco de infección y trampas mortales”, relata. La presidenta asegura que los voluntarios pasan gran parte del tiempo retirando basura y cachivaches: “Son amores que matan. Es gente que se autodenomina gestor pero no se implican en la esterilización ni tienen compromiso diario. AGAR viene todos los días del año”. 

"Recibimos amenazas"

Los ataques de perros han terminado con la vida de algunos habitantes de la colonia, lamenta Hervás. “Se les ha explicado por qué no deben poner areneros en un parque histórico. El gato está más seguro en el hueco de un árbol que en estas cajas cuando un perro le persigue. No tiene escapatoria. Además, según la nueva ley de Bienestar Animal, no puede haber canes en los alrededores de las colonias. No pueden ser molestados”, dice. Su labor también pasa por educar a vecinos y viandantes, que no siempre reciben sus consejos de buena forma: “Recibimos amenazas de gente que nos dice que los va a envenenar y otros que culpan a los gatos de las muertes de algunas aves. Lo que no saben es que, al estar esterilizados y alimentados, sus niveles de depredación se desploman. Patos, ocas, gansos y pavos están seguros”. Si todo va bien, dice, en unos años el número de felinos habrá descendido considerablemente “por causas naturales”.

2026/05/05.Foto Xavier Amado. Parque del Retiro, colonia de gatos  Mercedes Agar y Estrella cuidadoras de gatos

AGAR lleva desde 2007 trabajando en el control y mantenimiento de la colonia felina del Retiro. / Xavier Amado

No están en adopción, pese a los intentos de algunas personas por capturar a algunos de estos gatos. Hace apenas unas semanas, una pareja británica sacó del parque a Princesa, una gata de 19 años, en un transportín tras visitarla varios días. Días después de su desaparición, Mercedes descubrió que estaba ingresada en una clínica veterinaria a la que la habían trasladado para revisar su salud antes de llevársela a casa, cuenta Mercedes: “Ella nació en el parque junto a su hermano. Es muy sociable y está acostumbrada a las visitas diarias. Cuando se enteraron de su edad ya no querían saber nada de ella”. “No somos partidarios de forzar socializaciones. Habría que llevar a cabo un protocolo para saber si es viable meterlos en una casa. Cuanto más desconfiado sea un gato callejero, mejor”, insiste. Desde la asociación reclaman una vigilancia policial más intensa “por el bien del parque y los animales”. 

“Todo esto les expone, les perjudica. Hay quien hace yoga con ellos. Estos gatos no necesitan caricias, sino estar sanos y vivir como lo que son”. Su objetivo, a medio y largo plazo, es mantener a la colonia aislada y completamente esterilizada. “Queremos evitar intromisiones externas o de otras poblaciones y que se descontrole el trabajo de estos años. Sería genial que siempre hubiera gatos aquí, pero la sociedad no está preparada para ello. Lo mejor que les puede pasar es que envejezcan y desaparezcan”, zanja.