RECONOCIMIENTO
Sara, la científica madrileña que investiga el funcionamiento del cerebro en la toma de decisiones: "Las neuronas son igual de complejas que las estrellas"
Es una de las cinco jóvenes distinguidas en los Premios L’Oréal-UNESCO For Women in Science, que fomentan la igualdad de género en la investigación científica, donde las mujeres apenas representan el 30% del personal

CEDIDA

Siempre lo tuvo claro. La ciencia era lo suyo. De pequeña soñaba con ser bióloga marina, matemática o física, como su padre. “Quería entender la vida, el mundo. Al final me hice bióloga y me enamoré del cerebro. Las redes neuronales son igual de complejas que las estrellas. En mi cabeza siempre fue un símil recurrente”, relata Sara Mederos, investigadora de La Caixa Junior Leader y jefa de grupo en el Hospital del Mar Research Institute de Barcelona. Es una de las cinco jóvenes distinguidas en los Premios L’Oréal-UNESCO For Women in Science por sus investigadores innovadoras en campos clave como la edición genómica, la regeneración cardiovascular, la seguridad alimentaria, la regulación del metabolismo mitocondrial y los circuitos neuronales que regulan las decisiones entre seguridad y exploración en contextos cambiantes, siendo esta última la línea de trabajo de la madrileña. Mederos cursó Biología y Bioquímica en la Universidad Autónoma de Madrid, donde también realizó un máster en Neurociencia. Realizó su tésis doctoral entre el Instituto Cajal y la Universidad Complutense de Madrid, abarcando áreas de Biología Molecular, Bioquímica y Biomedicina.
“La comunicación entre células cerebrales es un circuito eléctrico complejo. Durante una práctica de máster, en la que registraban su comportamiento en vivo, pude verlo con mis propios ojos. Me fascinó y vi clarísimo que quería seguir investigando estos códigos que, entre otras cosas, hacen que tomemos decisiones”, relata. Cada día tomamos cientos de decisiones, planificando cosas a corto, medio y largo plazo. Algunas tan insignificantes que ni nos damos cuenta: “Tratamos de entender cómo el cerebro procesa toda la información del entorno para tomar estas decisiones de una forma u otra. Es fundamental. Por otro lado, sabemos que cuando hay problemas de salud mental como ansiedad o estrés postraumático, se sobre activan estos circuitos involucrados en la toma de decisiones. Esta desregularización es la que provoca respuestas excesivas, relacionadas con el estrés, la ansiedad o la depresión, entre otros. Comprender todo esto podría llevarnos a dar con tratamientos más eficaces y personalizados que puedan suponer una ayuda en esta pandemia de problemas de salud mental”.

Sara es una de las cinco jóvenes distinguidas en los Premios L’Oréal-UNESCO For Women in Service. / CEDIDA
Falta de financiación
Sara habla de terapias no invasivas como, por ejemplo, con ultrasonidos focalizados que permiten manipular de forma precisa la actividad en áreas concretas sin tener que hacer cirugías. “Podrían generar cambios plásticos en zonas de tal manera que, si sabemos que alguien con alguna patología tiene uno de estos núcleos desregulado, podamos manipular la actividad de sus células y volver a regular el sistema”, añade. En Estados Unidos se están realizando algunos proyectos pilotos con esta práctica y, según cuenta, es algo que le gustaría poner en marcha en España en dos o tres años. Sin embargo, asegura que hasta tener resultados validados y extensibles podrían pasar entre 10 y 20 años: “La investigación va despacio. Si tuviéramos más financiación, la ciencia podría responder a una velocidad más adecuada. Con políticas de prevención, inversión y un mejor acceso a recursos, los plazos podrían acortarse, como ocurre en otros países de Europa, donde ya se ven los primeros resultados”. Por el momento, los equipos nacionales se enfocan en identificar dianas en patologías y situaciones concretas en las que tener un conocimiento “relativamente alto” de los agentes involucrados.
Las incógnitas por responder superan a las cuestiones que ya han sido resueltas y, según adelanta, se encuentran a años luz de hacerlo: “Igual que en el campo del cáncer se han realizado avances espectaculares en los últimos 20 años, en neurociencia aún sabemos muy poquito del cerebro. Usando adecuadamente herramientas como la inteligencia artificial, podríamos descifrar muchos de estos patrones cerebrales a la hora de la comunicación, a menudo invisibles para nuestro organismo”. Sara investiga el funcionamiento de la mente en la toma de decisiones nuevas, como entrar a un restaurante por primera vez, llegar a una ciudad nueva o, simplemente, tener una reunión importante: “Tiende a estar alerta. Sin embargo, cuando repites esta situación muchas veces, el cerebro aprende que quizás no tiene que centrarse en buscar amenazas sino en vivir el momento”. También pone el foco en situaciones extremas, como accidentes de tráfico, tras los cuales debemos reaprender a sentirnos seguros para que el sistema neuronal vuelva a estabilizarse y el miedo no se prolongue en el tiempo: “En caso de haber una desregulación por estrés postraumático, los circuitos pueden estar alterados y la persona queda atrapada en una respuesta defensiva, incapaz de avanzar”.

Sara Mederos trabaja en el Hospital del Mar Research Institute de Barcelona. / CEDIDA
Entorno masculinizado
El camino hasta aquí ha sido duro y bonito a partes iguales, dice. El exceso de horas de trabajo y nivel de dedicación requeridos hace que la conciliación con la vida personal no sea nada fácil: “Me emociona lo que hago y es gratificante, pero también cansa quedarse hasta las mil de la noche intentando que un experimento funcione”. No solo eso. La joven ha tardado años en encontrar su voz como científica en un contexto donde las mujeres apenas representan el 30% del personal: “Añade un nivel más de dificultad. Las cosas están cambiando y hay cada vez más referentes, imprescindibles para las más pequeñas. En el inicio de la carrera investigadora somos más, pero en etapas más consolidadas el número se va reduciendo. Para que a nosotras se nos escuche o se nos crea al mismo nivel que a nuestros homólogos hombres, tenemos que decir las cosas tres veces o elevar más la voz. La infantilización sigue existiendo, es una barrera que tenemos que romper en el imaginario colectivo”. La madrileña dice sentir cierta responsabilidad al convertirse en referente para las nuevas generaciones: “Les diría que es duro, pero si sienten curiosidad por el universo que les rodea, sin duda están en el camino correcto”.
Tras años de trabajo, Sara aún sigue sorprendida con la plasticidad de los circuitos cerebrales que conforman el pilar central de su investigación: “Es fascinante ver cómo se moldean de tantas formas según el contexto”. El conocimiento es poder, dice, y cree que debería estar al servicio del público general para que todo el mundo pueda entender cómo funciona su cuerpo: “Conocerlo nos permite poner soluciones y decidir qué queremos hacer con esa información. Eso es lo más relevante”. Con la mirada puesta en el futuro, su objetivo es claro: terminar de despejar las incógnitas, comprender la naturaleza de esos circuitos neuronales y, en definitiva, entender cómo el cerebro toma cada decisión. “Ojalá se conviertan en aplicaciones relevantes en el día a día de la gente y puedan tener un impacto en la salud mental o el alzheimer. En España hay mucho talento, pero falta financiación en todos casos”, zanja.