ARTE
Los gigantes heridos de Thomas Houseago llegan por primera vez a España: siete colosos despiertan en un jardín escondido de Madrid
El exterior de Banca March se convierte en un escenario artístico donde las obras de Thomas Houseago, uno de los nombres más reconocidos de la escultura, dialogan entre lo ancestral y lo contemporáneo

La exposición de Thomas Houseago podrá visitarse en Banca March hasta el 30 de octubre. / PABLO GÓMEZ OGANDO

El jardín de la sede madrileña de Banca March vuelve a abrirse al público con una presencia difícil de ignorar: la de Thomas Houseago, uno de los nombres más reconocidos de la escultura contemporánea. La muestra supone la primera presentación en España del artista británico y reúne siete piezas monumentales realizadas entre 2008 y 2025. La exposición, gratuita y con inscripción previa, podrá visitarse hasta el 30 de octubre y forma parte del programa conmemorativo del centenario de la entidad. Comisariada por Anne Pontégnie, la propuesta instala la obra de Houseago en un entorno poco habitual para la contemplación escultórica: un jardín urbano, cerrado al ritmo de la calle pero abierto ahora como escenario artístico. Allí, entre vegetación y arquitectura, sus figuras parecen ocupar un territorio intermedio entre lo ancestral y lo contemporáneo.
Houseago, nacido en Leeds en 1972 y afincado en Los Ángeles desde 2004, ha construido durante más de tres décadas un lenguaje reconocible alrededor de la figura humana. Su trabajo no busca la belleza cerrada ni la perfección heredada de los cánones clásicos. Al contrario: sus cuerpos se muestran abiertos, quebrados, incompletos, atravesados por las marcas del proceso. Sus gigantes se sostienen en su propia tensión, como si la monumentalidad no sirviera para imponer poder, sino para revelar vulnerabilidad. Esa contradicción es una de las claves de la exposición. Las esculturas de Houseago pueden alcanzar una escala imponente, como ocurre con Large Walking Figure I (Leeds), una pieza de casi cinco metros de altura. Sin embargo, la fuerza física de sus obras convive con una sensación de fragilidad. Sus cuerpos parecen avanzar, resistir o emerger, pero nunca se presentan como entidades cerradas. En ellos hay peso, sí, pero también herida; hay presencia, pero también vacío.

Houseago ha construido durante tres décadas un lenguaje reconocible alrededor de la figura humana. / PABLO GÓMEZ OGANDO
El artista trabaja con materiales de larga tradición escultórica, como el yeso, la madera o el bronce, a los que suma elementos industriales como varillas de hierro y cáñamo. Esa combinación le permite tender un puente entre tiempos distintos. En sus piezas resuenan ecos de la escultura griega, pero también de la modernidad y de la cultura visual contemporánea. El resultado no es una cita arqueológica ni un gesto nostálgico, sino una forma de actualizar preguntas antiguas: qué es un cuerpo, cómo se representa, qué parte de nosotros queda expuesta cuando la materia se agrieta. La exposición subraya también la importancia del gesto. Houseago modela de manera directa y deja visibles las uniones, las huellas y las tensiones de la fabricación. La obra no oculta su origen: lo exhibe. Esa sinceridad material convierte cada escultura en una especie de escena detenida, en la que el espectador no sólo observa una figura, sino también la memoria de su construcción.

Houseago se mueve con naturalidad entre genealogías muy distintas. / PABLO GÓMEZ OGANDO
En este sentido, la presencia de Janus - Mirror - Figure, fechada en 2025, amplía la lectura del recorrido. La pieza condensa una de las líneas más características del artista: la mezcla de referencias primitivas y lenguaje actual. Houseago se mueve con naturalidad entre genealogías muy distintas. En su imaginario caben Rodin, Brancusi, Giacometti y Picasso, pero también figuras procedentes de la cultura pop, como Ziggy Stardust o Darth Vader. La escultura, en sus manos, se convierte en un campo híbrido donde lo clásico y lo popular no se excluyen, sino que se contaminan.
Celebrar el patrimonio
Esa hibridación conecta con una sensibilidad plenamente contemporánea: la de un sujeto fragmentado, cambiante, compuesto de capas. Sus figuras no aspiran a ser símbolos puros. Más bien parecen recordarnos que toda identidad es una construcción inestable, un ensamblaje de memoria, materia, mito y biografía. Por eso sus esculturas resultan tan físicas y, al mismo tiempo, tan psicológicas. La muestra llega además en un contexto institucional significativo. Banca March la incorpora a los actos de su centenario bajo el lema Un futuro con historia, una fórmula que encaja con el propio espíritu del proyecto: mirar hacia delante sin cancelar el peso de la tradición. El jardín se convierte así en un lugar de cruce entre celebración, patrimonio y experimentación artística.

La exposición reúne siete obras monumentales representativas de la trayectoria del artista. / PABLO GÓMEZ OGANDO
Formado en Central Saint Martins, en Londres, y posteriormente en De Ateliers, en Ámsterdam, Houseago ha mostrado su obra en instituciones como TANK Shanghai, el Centre Pompidou-Metz, el Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris, la Royal Academy de Londres, la Galleria Borghese de Roma... Su llegada a España permite ahora acercarse de forma directa a una trayectoria que ha hecho del cuerpo humano un territorio de investigación radical. En el jardín de Banca March, sus esculturas no se limitan a ocupar el espacio: lo alteran. Entre árboles y senderos, las figuras parecen interrogar al visitante desde una temporalidad distinta. Son monumentos, pero no celebran certezas. Más bien invitan a mirar la condición humana desde su parte más expuesta: la que permanece de pie aun sabiendo que está hecha de fisuras.
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