TECNOLOGÍA AGROALIMENTARIA
Robots 'made in Madrid' que recolectan fruta con inteligencia artificial: "Detectan la humedad, la maduración y los niveles de azúcar"
Rubén Miranda es la mente pensante detrás de Mifood Robots, una de las 15 ‘startups’ más innovadoras de España en tecnología agroalimentaria según AgroBank

Mifood Robots, una de las 15 ‘startups’ más innovadoras de España en tecnología agroalimentaria. / CEDIDA

La inteligencia artificial ha llegado para quedarse. Incluso a sectores como el agroalimentario, donde el trabajo manual ha sido la única realidad durante siglos. Rubén Miranda, graduado en Ingeniería Informática y Robótica por la Universidad Carlos III de Madrid, es uno de los responsables de que hoy en las plantaciones haya robots en vez de recolectores. “Mi familia se dedica a la agricultura, con fincas y huertos en Madrid y Castilla-La Mancha. Siempre tuve claro que quería ayudar al sector, desarrollando soluciones a los problemas con la mano de obra y el alto coste salarial”, cuenta. Fundó Mifood Robots en 2022 al darse cuenta de que, quienes trabajan como programadores informáticos, estaban siendo reemplazados por programas y algoritmos: “Hay compañías despidiendo al 40% de sus empleados, así que decidí buscar un plan B para estar a la vanguardia”. Miranda creó robots autónomos que recolectan fruta y verdura con inteligencia artificial y su startup ha sido elegida por AgroBank como una de las 15 más innovadoras de España en tecnología agroalimentaria.
“Hemos creado un algoritmo a base de IA que usa un procesador, una tarjeta gráfica, con el objetivo de armonizar todas las imágenes y detectar qué frutos tienen el color correspondiente al que quiere el agricultor, en base a la forma, el tamaño y el color. También hay una versión avanzada del robot, con cámara hiperespectral, capaz de percibir el nivel de humedad, azúcar y maduración de la fresa”, relata el joven. Por el momento hay cuatro robots en funcionamiento en diferentes puntos del país: Lérida, con la recolecta de manzanas y peras; y Huelva y País Vasco para la fresa. Cada proceso es diferente, aunque todos comienzan con un análisis de las necesidades del agricultor. “Necesitamos saber las dimensiones de la cosecha, el terreno o la inclinación, entre otras cosas. Hacemos un presupuesto en menos de 24 horas y llevamos a cabo un plan de virtualización y generación de mapas para que la máquina tenga acceso a toda la información de la granja y recolecte de forma eficiente.
Para ello, Rubén cuenta con un equipo de ingenieros especializados en inteligencia artificial y robótica para desarrollar el algoritmo perfecto: “Ahora podemos detectar múltiples elementos con total exactitud. También lo hacemos con uvas y estamos a punto de sacar el del tomate, oliva, almendra o naranja. Frutos que no haga falta cortar uno a uno, sino agitar el árbol y coger todo del sueño. Los precios de estos autómatas van desde los 5.000 hasta los 200.000 euros, dependiendo de las necesidades a cubrir: “Hay que tener en cuenta el número de brazos o el tipo de ruedas si el terreno es rocoso”. El objetivo, que no ha cambiado desde el inicio, es optimizar la cadena agroalimentaria nacional en su totalidad para que así puedan beneficiarse tanto productores como distribuidores. “El sector no está en su mejor forma en España. No es punto de referencia a nivel mundial como puede ser Holanda, pero tampoco es un país subdesarrollado. El potencial está ahí y es donde queremos incidir. Es uno de los mejores territorios para producir fruta y verdura. Tenemos que explotar nuestras posibilidades”, añade.
Cultivos automatizados
A sus 32 años, Rubén ha llegado a la conclusión de que el sector sigue siendo de naturaleza tradicional: “Nuestros agricultores vienen de un pasado manual y no suelen estar a la vanguardia tecnológica. De esta forma, el potencial crece. El reto es más grande, pero la oportunidad es mayor y tenemos las herramientas correctas para llevarlo a cabo. Nos sentimos en un barco con el viento a favor”. Apenas unos pocos robots se encuentran ya recolectando en los campos españoles. Todos ellos se encuentran sometidos a pruebas para mejorar su eficiencia desde hace cinco años. “Cada día damos un nuevo paso con componentes más económicos y funcionales. Quienes cosechan nos dicen si funciona bien o si podría hacerlo mejor. Cada granja es diferente y hay que adaptar el robot, por eso tardamos un poco más en llegar a todos ellos”, suma. La falta de trabajadores y los contratos temporales son dos de los problemas que Miranda busca atajar con este proyecto: “Menos del 30% de los empleados repiten de un año para otro. Los agricultores tienen que buscar gente nueva en procesos de contratación y entrenamiento muy largos. Lo mejor es automatizarlo”.

Por el momento hay cuatro robots en funcionamiento en diferentes puntos del país. / CEDIDA
Asegura que, con estos robots, la eficacia es mayor, pues trabajan las 24 horas del día, incluso de noche, cuando detectan la fruta con luz. “La inteligencia artificial está transformando empleos, aquellos automatizables que no sean una carga para los trabajadores y puedan dedicarse a una tarea realmente necesaria para la sociedad”, añade. La recolección de la fresa, por ejemplo, se concentra en uno o dos meses al año, por lo que alquilarlo no sale rentable: “Por eso ofrecemos un servicio completo de regado, aplicación de químicos y recolección durante todo el año. Así el robot no deja de trabajar en los 12 meses. Los primeros días hay un operario que se asegura de que el robot trabaje de forma correcta”. Rubén tiene varios agricultores en lista de espera, aunque dispone solamente de cuatro robots: “Nos ha costado bastante, pero queremos atender más casos”. Su objetivo a largo plazo es llegar a diseñar cultivos automatizados, desde invernaderos a explotaciones o granjas verticales.