SERVICIOS A LA COMUNIDAD 2025
Grupo 43, la unidad que combate el fuego desde el aire
Esta unidad del Ejército del Aire y del Espacio destaca por su dedicación y entrega en la extinción de incendios forestales y otras misiones de protección civil

En España, donde cada verano convierte el fuego en una emergencia recurrente, el Grupo 43 se ha consolidado como una de las unidades más reconocibles del Ejército del Aire y del Espacio. Su prestigio no se construye en la ceremonia ni en el simbolismo, sino en la utilidad. Aparece cuando la situación se vuelve crítica y actúa allí donde cada minuto puede marcar la diferencia entre la contención y el desastre.
Con base en Torrejón de Ardoz, su misión principal es la extinción de incendios forestales. Esa tarea lo ha convertido en una pieza esencial de la respuesta española frente al fuego, no solo por su capacidad operativa, sino por la naturaleza misma de su función: proteger montes, espacios naturales, poblaciones e infraestructuras desde el aire. En un país especialmente expuesto a grandes incendios, la existencia de una unidad especializada de estas características ha dejado de ser un refuerzo excepcional para convertirse en un recurso estructural.
La historia del grupo comienza en 1971, con la llegada a España de los primeros Canadair CL-215. Aquel primer despliegue fue el punto de partida de una capacidad aérea específica para combatir incendios forestales, que acabaría consolidándose en 1980 con la creación del actual Grupo 43. Desde entonces, la unidad ha evolucionado sin alterar su razón de ser. Ha cambiado el contexto, han cambiado los medios y también ha cambiado la magnitud de los incendios, pero la misión sigue intacta: intervenir con rapidez y precisión cuando el fuego amenaza con arrasar el territorio.
Hoy el grupo está integrado por 145 militares y opera una flota de 14 aeronaves, formada por diez CL-215T y cuatro CL-415. Se trata de aviones preparados para una función muy concreta: recoger agua y descargarla con precisión sobre el incendio. Cada descarga puede alcanzar hasta 6.000 litros, una capacidad que convierte a estas aeronaves en uno de los medios más eficaces de la lucha aérea contra el fuego. Pero su importancia no reside solo en la cifra. Lo decisivo es la forma en que esa capacidad se traduce en maniobras repetidas, coordinadas y ejecutadas bajo condiciones de enorme exigencia.
La unidad mantiene además un servicio de alarma durante todo el año, con tripulaciones listas para despegar en cuanto se activa una intervención. Ese estado de disponibilidad permanente define buena parte de su identidad. Aunque la imagen pública del grupo se asocie sobre todo a los meses de verano, su funcionamiento exige preparación continuada, mantenimiento riguroso y entrenamiento constante. El incendio se percibe socialmente cuando ya se ha declarado; la unidad, en cambio, vive organizada para responder antes incluso de que el fuego ocupe titulares.
Ese carácter preventivo y permanente ayuda a entender por qué el Grupo 43 se ha convertido en una referencia dentro de la arquitectura española de emergencias. No es solo una unidad del ámbito militar: es también una herramienta de protección directa sobre el territorio. Su papel conecta con la defensa del medio natural, pero también con la seguridad de las personas y la preservación de zonas habitadas. En ese cruce entre disciplina militar y servicio público se encuentra una de las claves de su reconocimiento social.
Los méritos del grupo se sostienen, ante todo, en una trayectoria de constancia. En 2025 superó las 200.000 horas de vuelo, de las cuales más de 88.000 corresponden a misiones reales. La magnitud de esas cifras resume décadas de trabajo operativo, campañas sucesivas y una experiencia difícil de igualar. Más que un dato estadístico, ese balance retrata una cultura profesional basada en la continuidad, la resistencia y la especialización.
Otro de sus méritos es haber trascendido el marco nacional. Desde 2003, el grupo ha participado en misiones de extinción en países como Portugal, Francia, Italia, Grecia, Croacia, Bulgaria, Túnez, Israel o Turquía. Esa presencia exterior no solo refleja la dimensión internacional de los incendios forestales como problema compartido, sino también el prestigio alcanzado por la unidad española. Ese reconocimiento se reforzó a partir de 2019, cuando el Grupo 43 comenzó a aportar aeronaves al mecanismo europeo RescEU. Su integración en este mecanismo confirma que sus capacidades son consideradas estratégicas en un ámbito donde la rapidez, la experiencia y la fiabilidad operativa resultan decisivas.
A esa proyección exterior se suman los reconocimientos institucionales obtenidos por su trabajo. El Ministerio del Interior concedió al Grupo 43 la Medalla al Mérito de Protección Civil tras la campaña de incendios de 2022, una de las más exigentes de su historia reciente. Aquella campaña dejó cifras que resumen el grado de presión soportado por la unidad: 2.502 horas de vuelo en misión real, 7.572 descargas y 38 millones de litros de agua lanzados. Detrás de esos números hay mucho más que intensidad operativa. Hay coordinación, preparación, esfuerzo sostenido y una respuesta mantenida frente a una temporada especialmente dura.
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