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HISTORIA

La novela que convierte el Café Gijón en una máquina del tiempo al Madrid más moderno y postureta: "Nunca sabemos de antemano quién va a ser un genio"

'Posturismo' recrea la efervescente vida cultural madrileña a través de tres jóvenes aspirantes a artistas que crean su propio movimiento de vanguardia

'Posturismo' es una novela gráfica que retrata la vida cultural de Madrid de hace un siglo.

'Posturismo' es una novela gráfica que retrata la vida cultural de Madrid de hace un siglo. / CEDIDA

Madrid

Esta semana, el Café Gijón volvió a ser escenario de una de esas históricas citas que han convertido al local en uno de los referentes de la escena cultural madrileña de los dos últimos siglos. El realizador Nacho Vigalondo y el humorista Ignatius Farray se juntaron para presentar por todo lo alto Posturismo, una novela gráfica ambientada en 1927, escrita y dibujada por Alejandro Pérez, Ángel Pazos y Tomeu Pinya, en la que tiene un especial protagonismo el propio Café Gijón.

"En esa época había tertulias en casi todos los cafés. Era lo más parecido a lo que ahora sería ver la tele. Era como hacer zapping. La gente iba a las 4 a la tertulia de uno y a las 6 a la de otro, según sus gustos", comenta Alejandro Pérez, y Ángel Pazos continúa la explicación: "De todas las posibles tertulias de Madrid, para el libro escogimos la del Gijón, porque es la que más resuena o mejor puede ser entendida por los lectores en la actualidad. En todo caso, lo que contamos en el cómic es una fantasía porque Valle Inclán y Unamuno nunca se juntaron en la misma mesa del Café Gijón".

Una de las viñetas de 'Posturismo'.

Una de las viñetas de 'Posturismo'. / CEDIDA

Conseguir ser aceptado en una de esas tertulias que se celebraban diariamente en el Madrid de los años 20 del siglo pasado y poder compartir mesa con personajes como Ramón Gómez de la Serna, Rafael Cansinos AssensAntonio MachadoAzorínFederico García Lorca o Luis Buñuel era la ambición de muchos de los escritores y artistas que buscaban hacer carrera en el mundo cultural de la época. Entre ellos podrían haber estado los tres amigos protagonistas de Posturismo: el cineasta Serafín Salgado, y el pintor Jimeno Jiménez y el poeta Mauricio Marhuenda, unos jóvenes brillantes, entusiastas y algo trepas que, para epatar a sus contemporáneos, deciden seguir la tendencia del momento y crear su propio movimiento de vanguardia: el Urismo. Un ismo para el que redactan un decálogo en forma de manifiesto que, para ser más rupturista todavía, solo tiene nueve puntos.

Un instante de la presentación de 'Posturismos' en el Café Gijón de Madrid.

Un instante de la presentación de 'Posturismos' en el Café Gijón de Madrid. / CEDIDA

"Los tres protagonistas son distintas proyecciones de varias facetas de nuestra personalidad. Hay uno que es la habilidad técnica pura, otro que es una vocación artística y otro que es postureo", explica Alejandro Pérez que, cuando escribió el guion en colaboración con Ángel Pazos, tenía en mente como modelo de esos tres amigos a Lorca, Buñuel y Dalí aunque, aclara Pazos, en realidad Serafín, Jimeno y Mauricio "unos wannabes que quieren ser como ellos, pero no lo van a conseguir nunca".

Paseos por un Madrid legendario

A través de las aventuras de estos tres aspirantes a artistas, Posturismo retrata la efervescente vida cultural del Madrid de 1927, un momento en el que, mientras el país sufría la dictadura de Primo de Rivera, la capital competía por ser como Paris. Un Madrid en el que, como si se tratase de un nuevo Siglo de Oro, coincidieron personajes tan relevantes para la cultura, la ciencia o la política española como Alberti, María Zambrano, Segundo de Chomón, Azorín, Maruja Mallo, González Ruano, Miguel Mihura, Enrique Jardiel Poncela, León Felipe o un exaltado y violento Ramiro Ledesma Ramos que ya apuntaba —nunca mejor dicho— maneras. En definitiva, una historia que, sin negar su carácter de ficción, se sustenta sobre una magnífica labor de documentación tanto en lo que se refiere a la parte narrativa como gráfica.

Los tres protagonistas en pleno proceso creativo.

Los tres protagonistas en pleno proceso creativo. / CEDIDA

"Alejandro pasó de no saber nada de esa época a ser uno de los grandes expertos de España sobre Madrid en 1927", comenta Ángel Pazos sobre la erudición de Pérez, fruto de, entre otras cosas, leer los más de mil ejemplares de El Heraldo de Madrid publicado entre 1924 y 1927: "Si me hablas de 1928 y no tengo ni idea —aclara Alejandro—. Pero de 1927 te sé decir dónde pusieron el primer semáforo en Madrid, el precio de un piso en Recoletos con agua corriente o que ya había timbres eléctricos, porque encontré un anuncio de la época con artículos para hacer inocentadas y había un timbre eléctrico de broma. Luego también vi que Machado y Azorín estrenaban una obra de teatro el mismo día y que en la de Machado había una escena relacionada con la pintura, así que decidí integrarlo en el guion para hacer una especie de Forrest Gump y que nuestro pintor de ficción inspirase la obra de una leyenda de la literatura".

A pesar de que la novela gráfica discurre entre el la realidad y lo posible, la preocupación por el rigor histórico llevó a Alejandro Pérez a averiguar cómo eran los edificios, los locales, la vestimenta de la época o las modas que seguían algunos de los personajes. "En las memorias de Alberti leí que le gustaba ir con un jersey de cuello debajo de la chaqueta, así que le dije a Tomeu, el ilustrador, que gracias a eso podíamos distinguir gráficamente a Alberti de todos los demás veinteañeros engominados de la época", recuerda Pérez que, como apunta Pazos, "llegó a visitar el Museo del Traje para buscar cuántos botones tenía exactamente el abrigo de los serenos", aunque, apunta Pinya, "luego yo dibujaba los botones que me apetecían".

Moderno, modernidad y modernez

Además de una historia costumbrista rebosante de humor y brillantes diálogos, Posturismo es una novela gráfica en la que se reflexiona sobre el arte, la industria cultural, el hecho mismo de ser artista, la dificultad de encontrar una voz propia en el mundo del arte y, como indica su título, sobre el posturismo. Una actitud de la que hacían gala los personajes de hace un siglo y que, como apunta Nieves Concostrina en el prólogo, también era compartida por aquellos que, más recientemente, se hicieron populares durante la Movida madrileña.

'Posturismo' es una novela gráfica en la que se reflexiona sobre el arte, la industria cultural y el hecho de ser artista.

'Posturismo' es una novela gráfica en la que se reflexiona sobre el arte, la industria cultural y el hecho de ser artista. / CEDIDA

"Nos interesaba mucho hablar de la efervescencia de las vanguardias en un momento en el que cada día surgía un nuevo movimiento artístico que se ponía de moda y sustituía al anterior", apunta Ángel Pazos, que destaca la figura de Gómez de la Serna como epítome de un posturismo que generó una obra cultural relevante: "En el libro también hay una reflexión sobre cómo gente que podría resultar postureo en su momento, ahora es recordada como grandes artistas, y viceversa. De hecho, nunca sabemos de antemano quién va a ser el genio, a quién va a olvidar la historia y tanto en un caso como en el otro, eso no siempre sucede de la forma más justa".

"Si uno busca en la hemeroteca una entrevista de, por ejemplo, Lorca de los años 20 —interviene Alejandro Pérez—, se encuentra con que el periodista le está poniendo como un gran genio maravilloso, pero es muy posible que al lado haya otra entrevista de algún Pepe Pérez al que no conoce ni Dios y con el que el periodista también utiliza esos mismos superlativos". "De hecho —apunta Ángel Pazos—, la viñeta que para mí resume todo el tebeo es aquella en la que aparece Emilio Ferrari. Una persona que, a principios del siglo pasado, era el escritor de moda, el tío que lo petó, que arrasó y, hoy en día, no le recuerda absolutamente nadie. Tiene una pequeña calle en Madrid por Ciudad Lineal y eso es lo máximo por lo que a la gente le puede sonar ahora Emilio Ferrari, si es que no le confunden con el de los coches, claro".