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ACOSO EN EL AULA

Cuando ir al colegio se convierte en una pesadilla: "Antes se limitaban a insultar, ahora suplantan la identidad con inteligencia artificial"

Este sábado, 2 de mayo, se conmemora el Día Mundial contra el Acoso Escolar con el fin de prevenir, detectar y erradicar la violencia en entornos educativos

Este sábado, 2 de mayo, se conmemora el Día Mundial contra el Acoso Escolar.

Este sábado, 2 de mayo, se conmemora el Día Mundial contra el Acoso Escolar. / ALBA VIGARAY

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

“Me vi sola, no había protocolos y el colegio lo negaba, a pesar de que mi hijo estaba en un hospital”, relata María José Fernández, presidenta de la Asociación Madrileña Contra el Acoso Escolar (AMACAE). De aquello han pasado 12 años y Alejandro (nombre ficticio), ya supera la veintena. Sin embargo, Fernández ve esa misma indefensión en las familias a las que atiende hoy en día: “Sienten que les cierran las puertas, que pasan por alto los partes de lesiones o que los castigados terminan siendo ellos y los acosadores salen impunes. Mi hijo tuvo un cuadro de estrés postraumático del que nadie se hizo cargo”. Junto a otras dos madres del distrito de Vicálvaro, María José fundó la asociación en 2014 con el fin de prevenir nuevos casos de bullying: “La iniciativa, realmente, fue de Alejandro. Queríamos evitar que otros niños llegasen a ese límite de indefensión y machaque. Hemos trabajado durante 12 años con colegios, universidades y entidades para concienciar a la sociedad. Asistimos a las víctimas y sus familias y les asesoramos, ya que muchas veces ni siquiera saben qué dice el protocolo”. Este sábado 2 de mayo se conmemora el Día Mundial contra el Acoso Escolar. 

Si bien la asociación ha logrado avanzar en algunos aspectos, denuncian falta de formación a la hora de investigar durante los protocolos de acoso en el aula. “En muchos casos, el personal no es capaz de encontrar una solución para que nadie salga perjudicado. No son psicólogos ni policías. Faltan medios. Algunos colegios siguen negando casos de acoso escolar, asegurando que son conflictos normales entre niños o adolescentes. Seguimos viendo revictimización y dificultades para abrir estos protocolos, especialmente en centros concertados, que ponen más impedimentos”, sostiene. La tecnología ha generado un impacto en las relaciones sociales de los más pequeños, pudiendo convertirse en un “arma de destrucción masiva” en algunos casos: “Antes se limitaban a insultar, pero ahora suplantan la identidad o desnudan a otros compañeros con inteligencia artificial. Cada vez es peor”. En lo que va de curso, la asociación madrileña ha atendido más de 60 casos de bullying en las aulas. 

Archivo - Varios alumnos a la llegada al primer día de colegio en la Comunidad de Madrid, a 8 de septiembre de 2025, en Madrid (España).

Varios alumnos en un colegio en la Comunidad de Madrid. / Carlos Luján - Europa Press - Archivo

Con el paso de los años, María José se ha dado cuenta de que ya no hay que cumplir con ciertas características para sufrir insultos o discriminación en clase. “No hay un patrón entre las víctimas. Puede ser cualquiera. Algunos son más vulnerables. Niños con trastorno del espectro autista o altas capacidades, el que destaca en el deporte o el que es más popular. La mayoría son brillantes y no entienden por qué les ha tocado a ellos”, apunta. Estos estudiantes no son las únicas víctimas del acoso escolar. También afecta a algunos profesores, víctimas de insultos, agresiones y amenazas. “Algunos padres alimentan la violencia, enseñándoles que si les pegan, lo hagan de vuelta. El bullying empieza en casa. Los niños no nacen siendo racistas u homófobos. Muchas veces lo escuchan en casa. Otros no saben que sus hijos tienen redes sociales y se encuentran de bruces con el problema. La mayoría de víctimas siguen cambiándose de colegio, pero con los acosadores no pasa nada. Los protocolos fallan. La nueva Ley Orgánica 8/2021 (LOPIVI) dice que no podemos cuestionar a los acosados, pero se sigue haciendo”, lamenta. 

Vulnerabilidad común

El índice de acoso es hoy significativamente más alto que hace 10 o 20 años. “Los datos revelan que uno de cada siete niños en edad escolar es víctima de acoso. Es una barbaridad. Antes el bullying podía ser estresante, pero estaba circunscrito al entorno académico o los alrededores. Ahora trasciende. El problema persigue a la víctima más allá del aula”, cuenta Javier Quintero, psiquiatra infantil y director de Psikids. El especialista asegura que esto es una consecuencia a estar más sensibilizados con el tema y a saber identificar los casos mejor que hace décadas. “Hay que diferenciar una crisis en un momento concreto del acoso como tal, una dinámica sostenida en el tiempo donde se invalida a una persona. Puede ser por amenazas, insultos o marginación. Desde fuera tenemos la responsabilidad de identificar cualquier cambio en su rendimiento o estado de ánimo”. Ya sea en primaria o secundaria, la sensación de inseguridad y vulnerabilidad es común en todas las víctimas, que aparece cuando el colegio deja de ser un espacio seguro para ellos.

Este lunes, 8 de septiembre, 1,3 millones de niños regresan a las aulas de la Comunidad de Madrid.

Este sábado, 2 de mayo, se conmemora el Día Mundial contra el Acoso Escolar. / Alba Vigaray

Se convierte en un infierno y se activa una cascada de estrés cada vez que van a clase. Incluso los domingos por temor a que llegue el lunes. Supone un gran impacto emocional que condiciona la personalidad y genera secuelas a medio y largo plazo en ellos”. Quintero pone el foco en el resto de compañeros, a quienes denomina testigos pasivos y califica de especialmente importantes: “Canallas siempre ha habido. Pero, alrededor, hay un montón de observadores que deberían mediar. No se involucran porque, de hacerlo, podrían entrar en la dinámica y ser acosados ellos también. Las políticas de los centros educativos tienen que ir enfocadas a ellos. Son quienes pueden generar el cambio”. El problema va más allá de las familias, los alumnos o los profesores. Para erradicar el bullying en las aulas es necesario parar, pensar y transformar el sistema educativo actual, dice, que no está funcionando: “Hay centros muy preparados y con modelos muy bien estudiados. Lo de Sandra fue una tragedia, pero no ha cambiado nada. El sistema sigue siendo el mismo”. 

Planes de acción

Ana Hernández, profesora que convive cada día con cientos de alumnos en el IES Julio Verne de Leganés, reconoce que, en términos generales, cada día son más conscientes de que hay comportamientos tras los cuales puede haber acoso. “Muchas veces el alumnado interviene directamente en cuanto ve alguna de estas conductas. Otras veces acuden a nosotros y nos lo cuentan, ya que, aunque no sepan ponerle nombre a lo que han visto, saben que no está bien porque alguien está sufriendo”, relata. Coincidiendo con María José y Javier, la docente cree que son una pieza fundamental en el engranaje del acoso escolar: “Hay que hacerles ver que lo que para ellos es una broma sin maldad, puede estar haciendo daño a algún compañero. Les enseñamos a no tolerar ciertas cosas y a olvidarse de la figura del chivato como algo despectivo. Quien destapa estas situaciones merece todo el respeto del mundo”. Ana advierte la peligrosidad de los grupos de WhatsApp que, en ocasiones, nada tiene que ver con el ambiente durante la clase. 

La tecnología ha generado un impacto en las relaciones sociales de los más pequeños.

La tecnología ha generado un impacto en las relaciones sociales de los más pequeños. / ALBA VIGARAY

La madrileña, que cree en la efectividad de planes de acción y lucha como SociEscuela para entender las dinámicas que hay dentro de cada grupo, resalta el papel de las familias, con quienes el centro camina de la mano: “Nuestra relación siempre es muy estrecha. Es muy complicado gestionar los protocolos a nivel emocional. Son situaciones que siempre producen mucho dolor”. Jaime Soteras, director de la Oficina de Bienestar del Alumno en el Colegio Retamar de Pozuelo de Alarcón, habla de una lacra social que “por fin se está abordando con eficacia y que hay que agradecer”. “Con los años se ha vuelto un problema multiforme. Los adultos hemos sido demasiado permisivos en el acceso de las nuevas generaciones a la tecnología, en buena parte por ignorancia. Recientemente la sociedad está tomando conciencia del peligro de su mal uso”, concluye.