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AERONÁUTICA

Los 'spotters' de Barajas, aficionados a la fotografía que pasan horas esperando la llegada de un avión: "Todos queremos ser el primero"

José Ramón, Diego y Luis son algunos de los aficionados más frecuentes en el mirador del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, habilitado desde 2021 para tomar imágenes aeronáuticas

¿Quiénes son los ‘spotters’ de Barajas?

LUCÍA FEIJOO VIERA / FOTO: ALBA VIGARAY

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

La llegada de un avión oficial del Gobierno de Botswana ha reunido a cerca de 20 aficionados en el mirador para spotters del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas. “Nos hemos enterado gracias a una aplicación móvil. Es único, creemos que sólo hay uno. Además, es un país sin apenas relación con España, por lo que es muy raro que venga de visita. Cuanto más extraño es el avión, más interesante es. Hoy en día es muy difícil que pasen desapercibidos. Existen muchos foros o incluso gente que trabaja en el aeropuerto nos pasa la información”, explica José Ramón Valero, spotter y socio 105 de la asociación AIRE, justo antes de pausar la entrevista para fotografiar uno de los aviones que despegan en ese momento.

El madrileño, natural de Mejorada del Campo, cuenta que, en ocasiones, son las propias aerolíneas las que les avisan cuando pintan una aeronave con una nueva librea para que puedan capturarlo con el objetivo. “Este es un hobby como cualquier otro. Uno en el que siempre faltan piezas. La satisfacción es enorme cada vez que consigues registrar alguno que no tienes o que es exótico”, añade.

Varios 'spotters' esperan la llegada de un avión proveniente de Botswana.

Varios 'spotters' esperan la llegada de un avión proveniente de Botswana. / ALBA VIGARAY

Su padre es el culpable de que hoy se recorra España cámara en mano. “Vivíamos en Coslada y los aviones pasaban muy cerca de casa. Nos empezó a hablar de modelos y compañías a mi hermano y a mí. Realmente nunca supe cómo los conocía, pero a los dos nos gustó. Comenzamos a venir en bicicleta y a anotar algunas matrículas, que también es una forma de spotting. Éramos unos críos. Lo que hacía era dibujar los logotipos de las derivas. Fueron los veteranos quienes nos animaron a hacer las primeras fotografías”, recuerda. José Ramón empezó a mirar a través del objetivo en 1988, 12 años antes de que se crease la asociación, que hoy congrega a más de 900 socios, aunque sólo la mitad están en activo. El perfil es muy variado, dice. Los hay de todas las edades y profesiones: “Lo que nos une es la afición. Nos solemos ayudar, aunque a veces hay competencia por ver quién es el primero en subir la imagen. Todos queremos serlo. No es sólo pulsar un botón. Es esperar aquí, la tertulia…”.

Horas de espera

El sol es la clave. Tal y como está ubicado el mirador, donde se concentra gran parte del tráfico, Valero asegura que las fotos quedan mejor si se hacen por la tarde. “Hemos llegado a pasar un día entero aquí esperando y que luego nunca venga. Nos ha llovido, nevado…”, suma. Luis, a su lado, asiente: “Cuando creemos que va para largo, nos traemos un bocadillo y una botella de agua. Por si acaso”. A sus 77 años, reconoce que lleva toda la vida obsesionado con la aviación. Trabajó en la compañía Avianca durante décadas, donde ya hacía algunas fotografías. Con el tiempo, esta afición fue tomando más protagonismo hasta convertirse en la forma favorita de hacer turismo para Luis Martín. “Recorremos aeropuertos de todo el mundo. Es otra forma de spotting. Recientemente he estado en el de Bogotá, Colombia, con una infraestructura interesante y mucho tráfico de carga”, señala. En estos 30 años detrás del objetivo ha visto despegar cientos de miles de aviones y ha perdido la cuenta del número de fotografías tomadas. 

Luis Martín fue uno de los primeros 'spotters' en la asociación AIRE.

Luis Martín fue uno de los primeros 'spotters' en la asociación AIRE. / ALBA VIGARAY

Sus favoritas las publica en una página web propia y las almacena en un disco duro: “Es mi colección privada, por si algún familiar decide heredarla. Mi mujer ya me ha dado por imposible”. Lleva 20 años en AIRE, donde figura como socio 305, y siente predilección por la marca Boeing. Cada vez que pisa el mirador lo hace con un objetivo, avistado en una de las tantas aplicaciones que atesora en su teléfono. “Hay días que me llevo una sorpresa y otros que me voy a casa sin la imagen que quería. En caso de que el avión que buscamos aterrice cuando este espacio ya está cerrado, nos desplazamos hasta el Carrefour de San Fernando de Henares”, desvela.

Todo está estudiado y se tiene en cuenta hasta el más mínimo detalle. Por eso, la configuración del aeropuerto y la dirección del aire son importantes: “Suele ser norte, aunque a veces cambia. Dependiendo de las condiciones vamos a un punto o a otro. En estas excursiones nos hemos encontrado de todo. Hasta a personas haciendo cosas indebidas en la vía pública”.

"Quiero ser piloto"

Esa tarde en el mirador también se encuentra Diego. Todos hablan de él cuando recuerdan sus inicios. Por algo será. “Llevo 45 años en esto. No tenía ni idea de que venía hoy el avión del Gobierno de Botswana. Ha sido casualidad”, señala. El madrileño, que participa en la organización de viajes para spotters, ha visitado recientemente instalaciones aéreas en Inglaterra, Alemania, Holanda o Estados Unidos. “A Barajas viene mucha más gente que en los 80 o los 90. Incluso del extranjero. A los ingleses les encanta anotar matrículas, que es la verdadera afición. Todo nació en la Segunda Guerra Mundial, cuando apuntaban los aviones que llegaban a invadirlos”. Si bien el veterano hoy en día únicamente publica sus imágenes en internet, hubo un tiempo en el que las vendía: “Cuando éramos menos, era más normal comercializarlas. Me llegaron a pagar 200 o 300 euros por un solo disparo. Ahora hay tal saturación que nadie lo hace”. Es de los pocos que no pertenece a la asociación. Sin embargo, los años de amistad con algunos de ellos se perciben a simple vista. A veces son 20 y otros días solo tres: “He llegado a estar solo”.

José Carlos y Pablo acuden al aeropuerto todos los meses.

José Carlos y Pablo acuden al aeropuerto todos los meses. / ALBA VIGARAY

Pablo, con 14 años recién cumplidos, tiene claro su futuro. “Quiero ser piloto de avión. Ojalá un Airbus A380 de Emirates o Qatar Airways”, confiesa. Fue su padre, José Ramón, quien le inculcó esta afición. “Le transmito desde pequeño la importancia de la ciencia y la tecnología. Quiero que entienda el por qué de las cosas, la física, la aerodinámica… Le animo a que escoja la rama militar de la aviación, que es mucho más emocionante y dura. Mi intención no es otra que que se dé cuenta de lo que quiere para su desarrollo profesional”, sostiene. Son los únicos sin cámara, pues vienen únicamente a observar: “Me centro más en entender cómo funcionan”. Aunque antes venían más a menudo, ahora su cita tiene lugar una vez al mes.

“Soy más mayor, tengo que estudiar y apenas tengo tiempo”, apunta Pablo. Es su primera vez en el mirador habilitado para spotters, ya que siempre que pueden, divisan las naves desde otros puntos estratégicos: “En estos años he aprendido cómo funciona un avión, he entendido por qué vuelan y ya sé diferenciar modelos como Boeing, Airbus o Embraer. Conozco casi todas las aerolíneas”. “El sacrificio es la única manera de llegar a pilotar un avión como estos, que cuesta millones y lleva 300 pasajeros a bordo”, concluye su padre.