Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

GASTRONOMÍA

Reabre RUGE, el proyecto que desafía al agua madrileña para cocinar arroz como en el Mediterráneo

El chef Rubén Iborra, tras superar adversidades, transforma RUGE en un refugio gastronómico que fusiona cocina, entorno natural y una cuidada selección de proveedores para ofrecer una experiencia única

RUGE by Rubén Iborra inicia nueva temporada junto al embalse de La Jarosa, afianzando su propuesta como Mountain Club gastronómico.

RUGE by Rubén Iborra inicia nueva temporada junto al embalse de La Jarosa, afianzando su propuesta como Mountain Club gastronómico. / Cedida

Andrea San Martín

Andrea San Martín

Madrid

Antes de ser un restaurante de destino junto al embalse de La Jarosa, RUGE fue una forma de volver a empezar. Rubén Iborra y Jennifer Ini levantaron este proyecto cuando la vida del chef acababa de atravesar sus años más duros: el golpe del covid, la ruina, un cáncer y una depresión. Lo que vino después no fue solo un negocio nuevo, sino una reconstrucción compartida.

De esa historia personal nació un espacio que hoy mezcla cocina, paisaje y refugio emocional. Rodeado de pinos y con el agua de fondo, RUGE se ha consolidado como uno de los rincones más singulares de la sierra madrileña, con una propuesta cada vez más definida en torno a los arroces, las brasas y las maduraciones.

RUGE by Rubén Iborra inicia nueva temporada junto al embalse de La Jarosa, afianzando su propuesta como Mountain Club gastronómico.

RUGE by Rubén Iborra inicia nueva temporada junto al embalse de La Jarosa, afianzando su propuesta como Mountain Club gastronómico. / Cedida

Tras su primer año y su presencia en la Guía Michelin 2025 y 2026, el proyecto arranca nueva temporada reafirmando su identidad: la de un Mountain Club gastronómico donde el entorno también cuenta lo que pasa en la mesa. El proyecto regresa reforzando una propuesta cada vez más definida, con los arroces, las brasas y las maduraciones como ejes de una cocina precisa, sabrosa y sin imposturas. La reapertura se convierte, además, en una de las mejores excusas para escaparse a la sierra madrileña y reencontrarse con una mesa donde el paisaje forma parte de la experiencia.

Rubén Iborra, al frente de RUGE, el proyecto gastronómico que vuelve a abrir temporada en La Jarosa.

Rubén Iborra, al frente de RUGE, el proyecto gastronómico que vuelve a abrir temporada en La Jarosa. / Cedida

Rubén Iborra nunca ha transitado caminos previsibles. Cocinero y tecnólogo alimentario, su trayectoria ha estado marcada por una mirada personal y muy técnica, visible ya en proyectos anteriores como Chirashi, donde dejó claro que lo suyo no era repetir fórmulas, sino construir conceptos propios. Con RUGE, Iborra y Jennifer Ini han dado forma a un espacio donde desplegar esa visión con mayor libertad, en un entorno que pedía "menos artificio y más verdad", explica Iborra.

Una cocina que se afina sin perder el pulso

Si el primer año sirvió para testar el espacio, medir los tiempos y entender qué quería ser exactamente RUGE, esta nueva etapa llega con una propuesta más madura. La cocina de Rubén Iborra da un paso adelante en definición y estructura, sin perder el hilo conductor que la sostiene desde el principio. "Respeto absoluto por el producto", técnica al servicio del sabor y una querencia mediterránea que se cuela en la carta de manera natural.

Rubén Iborra afianza en RUGE una propuesta gastronómica marcada por los arroces, las brasas y el producto, en plena Sierra de Guadarrama.

Rubén Iborra afianza en RUGE una propuesta gastronómica marcada por los arroces, las brasas y el producto, en plena Sierra de Guadarrama. / Cedida

Los arroces de La Vega continúan siendo uno de los pilares fundamentales de la casa, junto al trabajo de brasas y maduraciones que aporta profundidad y estructura a la propuesta. Carnes y pescados pasan por un tratamiento técnico preciso, en el que el producto marca el compás y la intervención busca afinar, no disfrazar.

Entre los platos que se mantienen en carta destacan las croquetas y el arroz de señoret, mientras que entre las novedades aparecen las berenjenas con burratina y pesto rojo, el arroz meloso de pato con foie y setas o el arroz balear con gamba y caviar. En el apartado de entrantes brillan también las cocochas y la cortada de bacalao de El Barquero, y en el final dulce sobresale el tatín de manzana, uno de esos postres que rematan la comida con la misma sobriedad elegante con la que ha transcurrido todo lo demás.

Detrás de esta cocina hay también una cuidada red de proveedores que apuntalan el discurso gastronómico del restaurante. Joselito firma la parte de carnes y embutidos —esta temporada, además, contará con un kiosco dedicado a bocadillos, café y helados—; Serpeska, Garcimar y El Barquero suministran pescados y mariscos; Frutas Eloy aporta frutas y verduras frescas, y Discarlux las carnes seleccionadas. La colaboración con la bodega Juan Gil ha permitido incluso desarrollar una línea de vinos de la casa RUGE, elaborados en exclusiva para el restaurante.

RUGE by Rubén Iborra inaugura su segunda temporada en el Embalse de la Jarosa.

RUGE by Rubén Iborra inaugura su segunda temporada en el Embalse de la Jarosa. / Cedida

El arroz como obsesión, técnica y seña de identidad

Hablar de RUGE es hablar también del arroz. Y en el caso de Rubén Iborra no se trata de un guiño oportunista ni de una concesión al gusto popular, sino de una auténtica fijación gastronómica. Murciano, alicantino de adopción sentimental y declarado "friki del arroz", el chef lleva tiempo trabajando para conseguir algo que, en Madrid, no resulta tan evidente como podría parecer: que el grano se comporte como en el Mediterráneo.

La dificultad está en los detalles. El agua de Madrid, magnífica para beber, no funciona igual de bien para cocinar arroz debido a su escasa mineralización, explica el chef. Iborra, que combina su perfil de cocinero con el de tecnólogo alimentario, ha dedicado parte de su trabajo a corregir ese factor y acercar el resultado final a lo que él considera un arroz hecho como debe estar. Fondos, ajustes minerales, control del entorno y mucha técnica entran en juego en esa búsqueda.

Su intención, de hecho, va más allá de la carta de RUGE. Entre los proyectos que se están desarrollando figura una futura escuela de maestros arroceros, nacida con la idea de reivindicar el arroz bien hecho y alejarlo de ciertos lugares comunes. La ambición de fondo es clara: si uno puede encontrar una pizza napolitana impecable en Los Ángeles, ¿por qué cuesta tanto hallar fuera de Levante un arroz verdaderamente a la altura? Iborra quiere contribuir a cerrar esa distancia desde la formación, la técnica y el respeto al origen.

RUGE by Rubén Iborra inaugura su segunda temporada en el Embalse de la Jarosa.

RUGE by Rubén Iborra inaugura su segunda temporada en el Embalse de la Jarosa. / Cedida

Menús, eventos y una experiencia pensada para disfrutarse sin prisa

La propuesta gastronómica de RUGE se completa esta temporada con varios menús pensados para desplegar su cocina con mayor recorrido. Entre semana y determinados sábados por la noche, el restaurante ofrece un menú de temporada servido en cuatro pases al centro para compartir, con una consumición incluida, por 59,90 euros por persona. A esta opción se suman dos menús degustación más ambiciosos, de seis y ocho pases, por 89,90 y 149,50 euros respectivamente, ambos pensados para compartir, con un mínimo de dos comensales, sin bebida incluida y con reserva previa de al menos 48 horas.

Además, RUGE cuenta con un menú degustación cóctel, disponible únicamente para eventos, por 79,90 euros, en formato de platos pasados. En todos los casos, el recorrido resume algunos de los grandes pilares de la casa, desde el producto marino y las brasas hasta las maduraciones, el arroz y el postre, con platos como la ostra con gamba roja, erizo y caviar, el arroz meloso de pato con foie, la chuleta de vaca rubia gallega o el milhojas del maestro Torreblanca.

Y es que RUGE se ha consolidado también como enclave para celebraciones, encuentros corporativos y bodas, integrando gastronomía y paisaje. El espacio, con su conexión directa con el entorno natural, ha encontrado en ese tipo de citas otra forma de desplegar su personalidad. Aquí el decorado no se construye: ya está dado por la montaña, la vegetación, la luz cambiante de la sierra y ese aire de escapada que atraviesa toda la experiencia.

El concepto Mountain Club funciona precisamente porque no se limita a ser una etiqueta. Hay una voluntad clara de crear un lugar donde la mesa dialogue con el paisaje y donde el ritmo del servicio, el diseño del espacio y la propia estructura del proyecto inviten a una forma de disfrute pausada, casi rara en los tiempos que corren.

De La Jarosa al centro de Madrid

La expansión del universo RUGE no se detiene aquí. Entre los próximos movimientos del proyecto está la apertura de RUGE la Barra en Madrid, muy cerca del Hotel Ritz Mandarin. La idea será trasladar al centro de la capital parte de ese ADN gastronómico desde un formato distinto: una barra con terraza, espíritu tabernario y una mirada muy personal sobre la tradición murciana y alicantina que tanto ha marcado la memoria culinaria de Iborra.