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TEATRO

'Lexikon', de El Conde de Torrefiel: una hemorragia de palabras para poder seguir vivos

Tanya Beyeler y Pablo Gisbert estrenan en el Centro Dramático Nacional una obra que acoge 'Siete cuentos para el futuro' en torno a la palabra como veneno y salvación

Pablo Gisbert y Tanya Beyeler, fotografiados en el Teatro María Guerrero.

Pablo Gisbert y Tanya Beyeler, fotografiados en el Teatro María Guerrero. / ALBA VIGARAY

Madrid

En el centro del escenario vacío aparece un rostro blanco sin cuerpo, una marioneta enorme que el escritor Enrique Vila-Matas se ha sacado del bolsillo de su frac en medio de su discurso de ingreso en la RAE. Abre los ojos, observa al público y dice: “Soy un embaucador, un especulador, un mentiroso que crea mundos a través de la palabra, un timador que manipula a los demás con ingenio, astucia y algo de humor”. Se detiene, como si midiera el efecto de su verborrea en el patio de butacas, y prosigue: “Un día os levantaréis y desconfiaréis del lenguaje. Desconfiaréis de las palabras, os daréis cuenta de que son la cosa más ruin jamás inventada y de que os tienen atrapados. Encandilados. Secuestrados. Esclavizados. Anestesiados”. Y esa voz monótona, sin cadencia ni emoción, dirá después que las palabras son las perras del poder y los académicos y empresarios y demás fauna cultural presente en ese auditorio de la RAE se dividirán entre el entusiasmo y el escándalo.

Antes y después de eso suceden otras muchas cosas. Un grupo de personas pinta por la noche, en el sótano de una casa, la réplica de un cuadro de Basquiat. Una editora de Random House conduce hacía su casa después de ver una obra de teatro, cenar con sus amigas y concluir que a determinada edad una mujer lo único que quiere es pasar el resto de su vida con otra mujer. Dos turistas españolas ven una performance en la Documenta de Kassel y alguien dice que el poder tiene apellido alemán y viaja de los apellidos de los tecnoligarcas de hoy a los campos de exterminio nazi y las fosas con los cuerpos de los vencidos y represaliados de la guerra civil española.

Pablo Gisbert y Tanya Beyeler, fotografiados en el Teatro María Guerrero.

'Lexikon' ofrecerá al público dos funciones accesibles: el 14 y 15 de mayo. / ALBA VIGARAY

El teatro se convierte, de pronto, en un cine que proyecta una peli de ciencia ficción. Y un coro griego de cabezas robotizadas, unas cabezas sin cuerpo como aquellas que imaginó Beckett en Play, cuentan chistes malos o resumen Crimen y castigo en menos de un minuto. Mi nombre es Bartlebot, leeremos en pantalla, y nos preguntaremos si en el futuro aquel Bartleby de Melville no podrá decir a tiempo que preferiría no hacerlo.

Son los relatos que viven dentro de un universo llamado Lexikon. Siete cuentos para el futuro, la nueva obra de Tanya Beyeler y Pablo Gisbert, El Conde de Torrefiel, que se estrena este viernes en el Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional (CDN). En escena, cinco performers: Carmen Collado, Amalia Fernández, Ion Iraizoz, Mauro Molina y la propia Beyeler. Con escenografía de Isaac Torres y El Conde de Torrefiel, iluminación de Andrea Forlenza, vestuario de Javier Muñoz, máscaras y atrezo de Mireia Donat, espacio sonoro de Rebecca Praga (seudónimo sonoro de Pablo Gisbert), sonido y vídeo de Uriel Ireland, robótica de José Brotons y videoescena de María Antón Cabot, Teo Guillem y Carlos Pardo.

Lexikon es una producción del CDN (en cartel hasta el 24 de mayo), el Teatro Odeón y el Festival de Otoño de París, y el Teatre Lliure de Barcelona, que acogerá el montaje a principios de 2027. El estreno en Madrid coincide con la publicación en mayo de su libro La falta de imaginación es el principio de la violencia. Escritos para El Conde de Torrefiel en la editorial La Uña Rota, que reúne los textos de la compañía desde Guerrilla hasta este último.

'Lexikon' estará en el Teatro María Guerrero hasta el 24 de mayo.

'Lexikon' estará en el Teatro María Guerrero hasta el 24 de mayo. / CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL

Que Lexikon esté el CDN supone un hito en los más de 15 años de trayectoria de El Conde, cuyos espectáculos se han visto en el Festival de Avignon, el Kunsten de Bruselas o el Festival de Viena, pero la compañía nunca había hecho temporada en un teatro y tampoco había sido programada por el responsable artístico del principal teatro público de España. En 2015 formaron parte de El lugar sin límites, producido por el CDN, pero por decisión de los comisarios del ciclo.

Palabras para seguir vivos

En agosto de 2025, en una conversación con este diario en torno al proceso de creación de Lexikon, El Conde definía varios interrogantes como punto de partida de la pieza: “Cuáles han sido los centros de transfusión de ideas para la supervivencia humana, cuáles han sido los focos de pensamiento, los manantiales de ideas, cómo fluyen las ideas, cómo se mueve el pensamiento, dónde nace, quién lo transmite, quién lo recibe, cómo se extrae…”. Ya entonces tenían clara una imagen fundamental que se mantiene en escena, la metáfora de “la palabra como sangre y la boca como corte y hemorragia del cerebro, la boca como herida donde surgen las palabras que infectan y afectan a los demás”. De ahí que el teatro sea, explican hoy Gisbert y Beyeler, “el mejor lugar para hablar de lo que significa ser humano, para hablar de palabras, porque desde sus orígenes el teatro ha sido un centro de transfusión de ideas y expresarse es una forma de desangrarse. Esta sangre habla en escena, clama y atraviesa al público, se mueve hacia él a través de un canal de transfusión, de comunicación”.

Lexikon, que significa “colección de palabras”, es una colección de relatos y de conversaciones con el mundo que vivimos, pero también es una obra hecha de obras y un montaje en el que late todo el léxico escénico, poético y político de El Conde de Torrefiel, fiel a una narrativa en la que conviven lo performativo, el arte sonoro, las artes plásticas y visuales, el movimiento y coreografía de los cuerpos, y el texto. Por cierto, Lexikon es la pieza, después de La chica de la agencia de viajes nos dijo que había piscina en el apartamento (2013), con más texto en la historia de la compañía.

Tanya Beyeler y Pablo Gisbert están detrás de 'Lexikon'.

Tanya Beyeler y Pablo Gisbert están detrás de 'Lexikon'. / CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL

En una conversación con este diario el pasado martes, después de asistir a un ensayo general de la obra, Beyeler y Gisbert explican que llevan semanas pensando que Lexikon podría ser la segunda parte de una trilogía que comenzó con su pieza anterior, La luz de un lago: “Si aquella era una película, esta es un libro”, dice Tanya. ¿Qué será la siguiente? “Un concierto”, contesta Pablo. También es posible que su público más fiel advierta en escena el eco de obras como La plaza, Una imagen interior o La chica de la agencia de viajes…, como si El Conde quisiera mostrarles a los nuevos espectadores cómo es ese universo que llevan más de 15 años construyendo: “Hemos llegado a un punto en el que nos apetece mucho profundizar en todas esas cosas que hemos ido trabajando a lo largo del tiempo. Todas las piezas tuvieron su proceso, pero siempre se quedan cosas en el tintero y lo que nos apetece ahora es profundizar en eso que hemos ido probando y sabemos que tiene un potencial”, dice Tanya Beyeler.

Los siete relatos de Lexikon serán autónomos e independientes y cada uno de ellos tendrá una puesta en escena, un ritmo y un lenguaje distinto —igual que aquellos cinco actos de Vudú (3318) Blixen, de Angélica Liddell—, pero todos estarán vinculados por un mismo hilo invisible: “La idea de que las palabras construyen mundo y esos mundos se heredan y a través de las palabras se recuerda y también se construye, pero no solo el pasado, también el futuro”, explica Tanya Beyeler.

Habrá otra idea, poderosa, que también invadirá la escena y el patio de butacas: la de narrar y narrarnos para seguir vivos. La misma que atraviesa Las mil y una noches, el Decamerón de Bocaccio o Los cuentos de Canterbury de Geoffrey Chaucer, tres obras que llevó al cine Pasolini en su Trilogía de la vida, un creador que junto a Beckett forma parte del imaginario de Lexikon. “En la obra está esa idea de contar y contar para no morir, y ese hablar y no poder dejar de hablar es muy beckettiano y muy pasoliniano. En el Decamerón hay cuentos narrados por gente que se aparta porque en el mundo hay peste, hay muerte y hay tragedia y ellos deciden subirse a un monte a contar historias mientras el mundo se acaba. Son historias que tienen que ver con lo divino, lo sexual, lo cómico, con todas las categorías humanas mezcladas. Eso sucede también en Lexikon, donde los performers son narradores, como en Las mil y una noches, y narrar les permite seguir vivos. Si paras, te matan”, explica Pablo Gisbert.

El argumento de 'Lexikon' parte de una pregunta: ¿qué nos define como humanos?

El argumento de 'Lexikon' parte de una pregunta: ¿qué nos define como humanos? / CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL

En lo alto de ese monte imaginario que será el escenario en el que Margarita Xirgu interpretó a Santa Juana de Castilla y que Rodrigo García cubrió, muchos años después, con cientos de panes de hamburguesas, una mujer anunciará la desaparición del teatro cuando las palabras dejen de tener sentido, cuando la ficción haya sido aniquilada. Sin embargo, hoy y ahora, Gisbert refuta la profecía de su personaje: “El teatro ha sido siempre la casa de la ficción; el Parlamento, la casa del poder y la Iglesia, la casa de dios. Pero ahora, cuando la ficción se ha desbordado y está en todas partes, esa casa del cuento, la narración y la mentira que repensaba y reinventaba la realidad resulta ser todo lo contrario. El teatro es ahora la casa de la realidad. De hecho, la paradoja es que ahora es más real el teatro que la vida”.

“Quizás en el futuro conversar ya no significará dar vueltas juntos”, dirá esa misma actriz, y en el fondo Lexikon será un poco eso, dar vueltas juntos en torno a las palabras, aunque no lleguemos a ningún sitio. “Hay un palíndromo latino que dice: In girum imus nocte et consumimur igni, damos vueltas en la noche y somos consumidos por el fuego. Y conversar es eso, hablar y continuar hablando. ¿Dónde llegamos? Nadie lo sabe”, dice Pablo.

Saturación, dualidad y amor

Lexikon es una obra sobre palabras como bálsamo y palabras como infección, sobre palabras que nos construyen y palabras que nos destruyen. Pero no solo. Bajo ese discurso que bien podría articular cualquier obra de Juan Mayorga (también personaje de esta obra) late algo más complejo. Gisbert y Beyeler juegan todo el tiempo a la dualidad, la contradicción y la saturación. Lexikon construye un universo y un paisaje mental y visual saturado de imágenes y palabras, no siempre dichas o proyectadas, que terminarán en verborrea absurda, delirante y agotadora. Habrá una película muda con planos y colores tan chillones y saturadísimos que se te vendrá encima si te sientas en las primeras filas de butacas. O un cubo blanco museístico, de un vacío brillante y cegador, saturado al mismo tiempo de historias y textos que crearán multitud de imágenes en la cabeza del espectador.

“Queríamos jugar con la saturación porque es una representación de cómo estamos ahora y porque ahí también reside la paradoja de la palabra, que te puede ayudar y al mismo tiempo te puede hundir. La palabra puede ser veneno y puede ser salvación y en esa saturación, ¿cuáles rescatas? ¿cuáles se quedan? —explica Tanya Beyeler—. Lexikon es una hemorragia, por la boca se puede morir, por esta verborrea, por ese exceso en intentar explicarse y no llegar a conseguirlo nunca. Es la tragedia y la dualidad que intentamos transmitir en la pieza, y por eso la hemos saturado, porque da igual cuánto hables, nunca se va a llegar a la comunicación real”. En la obra, Vila-Matas dirá en su discurso de ingreso en la RAE: “Entenderse sin palabras, qué maravilloso sería poder llegar a eso”.

'Lexikon' estará en el Teatro María Guerrero de martes a domingo a las 20 horas.

'Lexikon' estará en el Teatro María Guerrero de martes a domingo a las 20 horas. / CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL

“Uno de los objetivos era saturar la pieza, y es muy difícil hacerlo con palabras, no se hace”, señala Gisbert. “Se satura con ruidos, con estrobos, con imágenes violentas…, pero la saturación no tiene ningún sentido si no hay 500 personas observándola. En un contexto muy pequeño, con 20 o 30 personas, este tipo de piezas son un poquito ridículas. La nada del relato sobre Kassel, el todo de Paradise o la película reverberan de una manera diferente cuando hay 500 personas, y unos relatos están saturados por la luz y otros por la ausencia de luz, unos por palabras y otros por la ausencia de palabras”.

En esa saturación que bascula entre la esperanza y la oscuridad habrá una pregunta que se instalará en Lexikon de forma sutil y silenciosa, extraída del libro de Camila Cañeque La última frase (La Uña Rota): “¿Será posible que de esta bacanal de la muerte, de esta abominable fiebre sin medida que incendia el cielo lluvioso del crepúsculo, surja alguna vez el amor?”. Sí, se responde la autora y Beyeler y Gisbert apostillan: “¿Es posible, aun sabiendo dónde estamos, el amor? Sí. Joder, sí. Esta es la razón por la que hacemos la pieza”.