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DÍA DEL LIBRO

El búnker de Madrid donde sólo se habla latín: "Es una lengua muy útil, nos abre a nuevas vivencias y conocimientos"

El Circulus Latinus Matritensis se reúne semanalmente desde 1992 para practicar en vivo este idioma: lo hacen en la biblioteca Iván de Vargas en Madrid, donde han encontrado el espacio ideal para resucitarla y reivindicarla

El Circulus Latinus Matritensis se reúne en la biblioteca Iván de Vargas todos los viernes.

El Circulus Latinus Matritensis se reúne en la biblioteca Iván de Vargas todos los viernes. / ALBA VIGARAY

Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

Es difícil entender lo que dicen. Acaba de arrancar la última sesión que el Circulus Latinus Matritensis organiza cada viernes en la biblioteca Iván de Vargas y, claro, para quienes pasen por allí, el sobresalto debe ser curioso. Ver a un grupo de personas hablando latín por los cuatro costados en 2026 debe chocar. Y, sobre todo, ojo, haciéndolo con la pasión que tanto caracteriza a Pablo Villaoslada y los suyos. Es el presidente de la asociación que, desde 1992, con determinación, se ha propuesto resucitar esta mal llamada lengua muerta. Charlan, leen libros. Los comentan. Intercambian impresiones. Nunca se agotan las ideas cuando se trata de regocijarse en su idioma favorito. “Somos unos privilegiados. No hay ningún otro grupo en España que lo haga presencialmente”, subraya Pablo. Desde que José María Sánchez y Agustín Cano lo fundaron hace 34 otoños, jamás han faltado a su cita. A veces, en un VIPS. Otras, en la Residencia de Estudiantes. Pero siempre, sin excepción, con la sensación de estar aportando su granito de arena. “Grata”, dicen. Es Bienvenidos en latín.

“Nuestro objetivo era crear una plataforma para practicar el latín en vivo. Sentimos gran pasión por esta lengua. Y, aquí, en el Círculo, hemos encontrado un lugar donde experimentar con ella. Esta es nuestra particular forma de reivindicarla. Al final, si la dominas, tu conocimiento sobre la literatura castellana será mayor. Y, por tanto, acabas descubriendo otras realidades. Nos está dando la posibilidad de acceder a textos muy bonitos”, continúa Pablo. Su origen fue casual. Todo empezó tras un encuentro celebrado en Bélgica en el que participaron José María y Agustín. Al poco, organizaron la primera quedada.

José María Sánchez y Agustín Cano fundaron el Círculo en 1992.

José María Sánchez y Agustín Cano fundaron el Círculo en 1992. / ALBA VIGARAY

Hoy, tanto tiempo después, la mayoría de los asistentes son profesores, pero no necesariamente de latín. Algunos están en activo, otros jubilados. Hay pocos filólogos clásicos y casi ningún estudiante. La mezcla es curiosa. Asimismo, prevalecen los hombres sobre las mujeres. Aunque, bueno, a lo largo de los años, la proporción ha ido variando. “En el grupo de WhatsApp por donde nos comunicamos somos 120 miembros”, dice orgulloso Alfonso Álvarez de Mon, otro de los responsables. De ellos, en torno a 15 se reúnen habitualmente en la calle San Justo, a escasos 500 metros de la Plaza Mayor. E insiste: “Incluso vienen personas de otras ciudades y países cuando les pilla de paso. Lo que más les suele sorprender es que el latín no es un idioma teórico, puede practicarse. Y, obviamente, cuando lo hablas, tu experiencia aumenta”. Algunas locuciones seguro ya que las controla: honoris causa, carpe diem, in vitro, alter ego, ópera prima, a priori, motu proprio, grosso modo, cum laude, per cápita… Es normal: el 70% del vocabulario español proviene del latín.

Habitualmente, se reúnen en torno a 15 personas en cada sesión.

Habitualmente, se reúnen en torno a 15 personas en cada sesión. / ALBA VIGARAY

Uno de los temores que frena a los nuevos interesados es, precisamente, el nivel. ¿Hace falta dominar la lengua para entrar? Alfonso es claro: “Cuando la capacidad para comprender o expresarse es baja, puede surgir el desánimo. Es posible que alguien se sienta intimidado y, en consecuencia, no vuelva. Pero, oye, si tiene deseos de aprender, estoy seguro de que regresará la siguiente semana. En una tertulia siempre pueden aparecer disonancias educativas, emocionales e ideológicas. Sin embargo, en la nuestra, por suerte, no nos ha pasado. Estamos a gusto. Y la diferencia de conocimientos no es un problema”.

Tratados filosóficos y poesía

Las sesiones se dividen en dos partes: por un lado, una conversación de temas de actualidad y, por otro, una lectura abierta a la discusión. Aquí, desde el primer instante, incluso al saludarse, se habla latín. Es la única norma. “En la primera parte, solemos improvisar. Por lo general, comentamos las cosas que nos han pasado en los últimos días. Nos gusta leer, lo que despierta nuestra inquietud por muchos temas. Además, como venimos de distintas carreras, podemos aportar puntos de vista complementarios y enriquecedores. En la segunda parte, nos dedicamos a explicar con nuestras palabras el libro que estemos comentando. Se trata de un ejercicio idóneo para robustecer tus conocimientos del latín. Es un colofón bonito para acabar”, señala Ignacio Escobar, la tercera pata del proyecto. Se atreven con todo: desde tratados de medicina y filosofía hasta libros de viajes y poesía. El fondo bibliográfico es enorme. Sólo hay un requisito: que el elegido sea accesible para la mayoría: “No tenemos preferencias. A veces, nos dejamos llevar por el tema. Otras, nos apetece centrarnos en algún escritor. Jamás faltan opciones”.

La mayoría de miembros del Círculo son profesores, pero no necesariamente de latín.

La mayoría de miembros del Círculo son profesores, pero no necesariamente de latín. / ALBA VIGARAY

Tiempo tienen para abordar todas las que quieran. Pues, por el momento, dados los buenos resultados que están cosechando, no se plantean parar. “Espero que nunca ocurra”, asegura Ignacio. A él, personalmente, le interesa que el Círculo siga creciendo ad infinitum. Pues, con más personas, con más voces, las charlas se enriquecerán. Y, en consecuencia, el latín se fortalecerá. “Es una lengua muy útil. Una llave para abrir nuevas vivencias y saberes que siempre han estado ahí, pero que no éramos conscientes de ello”, concluye. En unos años, cuando lleven otros 34, podrá comprobarse si estaba en lo cierto.

P. ¿Qué pasa con las palabras de hoy que no existen en latín?

R. Estamos ante una de las lenguas más capacitadas para crear y adoptar términos. No es tan difícil como parece. Siempre hay opciones. Y, si no, como puede pasar con iPhone, por ejemplo, se utiliza tal cual y listo. Como en español.