CURIOSIDADES
Óscar González, Metro de Madrid: "Detrás de las paredes de Tirso de Molina se encuentran los nichos de cientos de monjes"
Los restos óseos de los monjes fueron sellados en la estructura de la estación durante su construcción en los años 20

Estación de Tirso de Molina / Mediterraneo / EFE
El Metro de Madrid no solo es un medio de transporte; es un museo subterráneo donde convergen la modernidad y la historia más sombría de la capital. Uno de los puntos más enigmáticos de la red es, sin duda, la estación de Tirso de Molina. Inaugurada en 1921, esta parada esconde un secreto que hiela la sangre de los viajeros más curiosos: un cementerio olvidado tras sus azulejos.
Como bien señala el Óscar González, responsable de Servicios de Operación de Metro de Madrid, la historia de este lugar comienza mucho antes de que el primer tren circulara por el subsuelo. En el año 1564, sobre lo que hoy es la plaza, se erigía el imponente Convento de la Merced. Tras su demolición en el siglo XIX, el solar se convirtió en espacio público, pero los restos de quienes habitaron el monasterio permanecieron bajo tierra.
El hallazgo de los restos óseos
Durante los trabajos de construcción de la estación en los años 20, los obreros se toparon con una realidad macabra: restos óseos de los monjes de la Merced. La gestión de este hallazgo fue, cuanto menos, polémica. Según los testimonios históricos, muchos de los huesos fueron destruidos al picar el terreno y terminaron mezclados con arena, siendo finalmente arrojados al río Manzanares.
Sin embargo, no todos corrieron la misma suerte. Aquellos restos que se mantuvieron íntegros fueron sellados en la propia estructura de la estación. "Detrás de las paredes de Tirso de Molina se encuentran los nichos de cientos de monjes", confirma González. Estos religiosos, que juraron no abandonar nunca su hogar, terminaron convirtiéndose en parte eterna de la infraestructura ferroviaria.
Leyendas urbanas y lamentos nocturnos
Este hecho histórico ha alimentado una de las leyendas urbanas de Madrid más famosas. Se dice que, cuando el silencio reina en la estación durante la noche, se pueden escuchar los lamentos de los monjes. El constante trasiego de los trenes y las vibraciones habrían perturbado el descanso eterno de estos antiguos habitantes.
Para los amantes de lo paranormal y la historia madrileña, Tirso de Molina no es solo una parada de la Línea 1, sino un recordatorio de que Madrid se levanta sobre estratos de fe, tiempo y secretos que se niegan a desaparecer. La próxima vez que esperes el tren en este andén, recuerda que no estás solo: los antiguos monjes de la Merced siguen allí, custodiando las vías desde el otro lado del muro.
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