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ARTE

El milagro de la única galería de arte que resiste en Fuencarral: la gentrificación no puede con el oasis cultural de Fanny Gonmar

La Fundación Fanny Gonmar recupera para la cultura y los vecinos de Madrid el espacio donde esta pintora desarrolló la mayor parte de su obra

Fanny Gonmar, en su estudio.

Fanny Gonmar, en su estudio. / CEDIDA

Madrid

En 1978, Fanny Gonmar regresó a España después de haber pasado media vida en México. Tras recalar una breve temporada en Burgos, de donde era natural, Fanny y su madre decidieron instalarse en Madrid. Eligieron la calle Fuencarral, una vía perpendicular a Gran Vía que, a principios de los años 80, una de las épocas de mayor consumo de heroína en la ciudad, no era precisamente un barrio disputado por las inmobiliarias. Aunque toda su vida se había dedicado a la enseñanza, oficio escasamente remunerado tanto en España como en México, el sueldo y los ahorros de Fanny dieron suficientemente de sí como para comprar un piso y un local. Este último, situado en la esquina de Fuencarral y San Onofre, fue donde esta maestra jubilada montó una galería de arte y una academia de pintura a las que dedicó el resto de su vida.

Hasta poco antes de su fallecimiento en 2018, todo aquel que pasaba por la calle Fuencarral podía ver en los escaparates de la galería las abigarradas pinturas originales de Gonmar, acompañadas de una curiosa obra gráfica: tarjetas postales y carteles con ilustraciones infantiles y frases motivacionales que la artista dibujaba y vendía a precios populares, para intentar ganar algún dinero. Unas piezas entrañables, tiernas y estéticamente fuera de época que, ahora se exponen, junto a octavillas, fotografías, poemas, objetos personales y una retrospectiva de sus cuadros, en No se vende, exposición recién inaugurada en el local de la calle Fuencarral, que ahora ya no es una modesta academia de pintura de barrio sino la Fundación Fanny Gonmar.

Algunas de las obras que cuelgan en el local de la calle Fuencarral.

Algunas de las obras que cuelgan en el local de la calle Fuencarral. / CEDIDA

"Fanny no tenía familiares directos y le preocupaba lo que podría pasar con sus cuadros y sus objetos personales cuando muriera. Eran cosas a las que tenía mucho apego, así que expresó su voluntad de que se constituyese una fundación cuyo objetivo fuera organizar actividades culturales y conservar este local, por el que le habían hecho ofertas de compra muy elevadas pero que ella se negaba a vender", explica Alberto López, comisario de la exposición y uno de los responsables del día a día de la fundación.

Fanny Gonmar regresó a España en 1980, tras haber pasado media vida en México.

Fanny Gonmar regresó a España en 1978, tras haber pasado media vida en México. / CEDIDA

"Conocí a Fanny en 2009 o 2010. Ella venía aquí y pintaba incesantemente durante horas. En ocasiones se olvidaba de sus quehaceres y, otras veces, ni siquiera comía. Un día que pasé por la puerta, entré y me quedé fascinado tanto por su obra como por ver a una mujer de ochenta y pico años que, no solo disfrutaba pintando, sino que desarrollaba tal vínculo con sus cuadros que, aunque les ponía precio y le hacían ofertas de compra, luego no quería venderlos. Una de las primeras cosas que hizo cuando la conocí fue pedirme que le diera la mano para leerme la fortuna. Empezó a hablarme de mi vida, de mi pasado y de mi futuro. Ahora, todavía viene gente a la galería y pregunta '¿No está ya la mujer que que lee las cartas?', porque, bueno, también tenía ese pluriempleo para sacar algo de dinero", recuerda López que, poco a poco, estableció una relación de amistad con la artista. "Además de que me gustaba su obra, era una señora mayor vulnerable, de la que mucha gente quiso aprovecharse. La timaron, la estafaron en varias ocasiones, la presionaron para que vendiera el local, uno de los pocos en la calle que no es una tienda de ropa… Así que me preocupé de echarle una mano con las cosas que necesitaba y asegurarme de que estaba bien atendida".

De la abstracción al surrealismo

A pesar de esos cuidados, llegó un momento en que, debido a su avanzada edad, Fanny decidió ingresar en una residencia de ancianos, en la que moriría. Entre los últimos cuadros que pintó antes de abandonar el estudio de Fuencarral, estaba un óleo de estilo expresionista dedicado a la vejez, que ahora sirve como cierre a No se vende, muestra que se abre con uno de sus primeros trabajos: un bodegón de flores con trazo y espíritu academicista.

Fanny se movió entre el surrealismo y la abstracción.

Fanny se movió entre el surrealismo y la abstracción. / CEDIDA

"Fanny era autodidacta y, como les sucede a otros artistas autodidactas, de pronto llegaba a soluciones inesperadas. En su caso, comenzó haciendo pintura figurativa pero, poco a poco, tendió hacia la abstracción y el surrealismo. Tenía una paleta de colores muy particular, que no era en absoluto amable, porque utilizaba colores desaturados, tonos tierra… Además, seguía un proceso de pintura casi automático. Esto hacía que, por un lado, tendiera a la abstracción y, por otro al surrealismo, porque en esas manchas reconocía formas que posteriormente completaba de manera figurativa". Además de esa gama de colores y esos diferentes estilos, Fanny tenía una serie de temas que aparecen de forma recurrente en sus cuadros. Por ejemplo, las flores, cuyo origen se remonta a sus años de infancia. "Desde que tenía más o menos 10 años, Fanny desarrolló una fijación por las flores. Un interés que se mantuvo a pesar de los cambios de estilo y que posteriormente dio lugar a la serie Desagravio a las mariposas. Un conjunto de cuadros fechados en 1994 en los que se disculpaba ante las mariposas porque, cuando era pequeña, las golpeó con un palo cuando las vio acercarse a la flores y quiso evitar que libasen de ellas".

El futuro de la galería

Entre ese primer cuadro de flores y el dedicado a la vejez, Fanny Gonmar pintó alrededor de 20.000 piezas de formatos diferentes y en todo tipo de soportes. "Si le das la vuelta a este cuadro, verás que pone semillas de girasol. 20 kg porque en realidad el lienzo en el que está pintado era un saco. En otras ocasiones cogía los cartones pluma de publicidad que tiraban las tiendas de la calle y pintaba en la parte de atrás", explica Alberto López, que advierte de que, a esa vasta producción pictórica, hay que sumarle la obra literaria, no tan abundante, pero tampoco escasa. "Fanny se consideraba tan pintora como poeta. Publicó un libro de poesía y, al morir, en su casa se han encontrado muchos poemas y mecanoescritos. Por eso, uno de los proyectos que quería que llevase a cabo la Fundación es la publicación de un catálogo que incluya en una página los poemas y en otra los cuadros".

La fundación de Fanny resiste en el centro de Madrid como un oasis cultural.

La fundación de Fanny resiste en el centro de Madrid como un oasis cultural. / CEDIDA

Mientras se cataloga el inabarcable acervo de Fanny Gonmar para poder afrontar un proyecto tan ambicioso como el catálogo de su obra, la fundación que lleva su nombre continúa con su actividad. Entre los planes a corto y medio plazo está organizar en la galería exposiciones de otros artistas, renovar la muestra permanente de las obras de Fanny o realizar préstamos y cesiones de piezas a galerías e instituciones, para dar así a conocer la obra de la pintora más allá de Madrid. En definitiva, iniciativas destinadas a reivindicar la labor de la artista y conservar el local de Fuencarral como un oasis cultural, ajeno a la voracidad especulativa de la zona, lo que no es tarea sencilla. En las tres semanas que lleva abierta la galería, ya han llegado al buzón de correo electrónico varios mensajes de inmobiliarias que muestran su interés por adquirir el local. Unas ofertas que son respondidas con tanta cordialidad como firmeza: "No se vende".