RINCÓN CENTENARIO
El resurgir de Los Gabrieles, el 'café cantante' con 119 años de historia y 15.000 azulejos en sus paredes: "Es un regalo para los madrileños"
El local, que ha permanecido cerrado durante más de dos décadas, fue punto de encuentro para rostros célebres como Valle Inclán, Antonio Chacón, Ava Gardner o Ernest Hemingway

Javier Vendrell Camacho
Los gabrieles eran garbanzos. "Se les llamaba así en la jerga madrileña. Aquí se servía cocido, callos, pote gallego y otros tantos platos con esta legumbre", explica Coke Riera, director general de Los Gabrieles, que reabre sus puertas en el Barrio de Las Letras tras más de dos décadas por un problema estructural del edificio. Todo comienza en 1907, cuando el periodista Rafael José Jimeno adquiere un local. Lo hace en el número 7 de la calle Visitación. "Nace como un local take away. Montó unas cocinas de gas con grandes perolos y empezó a hacer comidas populares a precios económicos. La gente del barrio se acercaba con un cazo y se llevaba una ración. Ahora todo el mundo está obsesionado con Glovo, pero esto hace 100 años ya se hacía. Hay anuncios de la época donde se decía que habían venido a solucionar la vida de los madrileños", relata Coque, que ultima los preparativos para la inauguración de este lunes, 20 de abril. Debido al éxito de la iniciativa, Jimeno abrió un segundo local en la calle Don Pedro que cerraría poco después para afincarse de forma definitiva en la calle Echegaray.

Coke Riera, director general de Los Gabrieles. / ALBA VIGARAY

Exterior de Los Gabrieles en 1915. / Cedida
"Lo hizo como un restaurante madrileño andaluz, pues el propietario era jerezano. Este barrio concentraba todo el ambiente del sur de la época. De hecho, todos estos azulejos ilustran vinos y bodegas de Jerez de la Frontera", añade. Con los años, Los Gabrieles se convirtió en el punto de encuentro de personalidades intelectuales, escritores, toreros y flamencos: "Venían Lorca, Valle Inclán, Alfonso XIII, Manolete, La Niña de los Peines, Antonio Chacón, Ernest Hemingway, Ava Gardner, Primo de Rivera… En los 80 lo frecuentaba Pedro Almodóvar, Pepe Habichuela, Los Carmona… Y Javier Bardem, que fue camarero y portero aquí".
Como Riera cuenta, el local ha vivido Madrid en todas sus épocas: en los años 40 se convirtió en algo parecido a un lupanar, atravesó la guerra y experimentó sus consecuencias. "Hay varias calvas en su historia. No tenemos información de algunos períodos", admite, aunque ni esas lagunas han borrado el peso simbólico de Los Gabrieles. Con el paso de los años, el local terminó por convertirse en mucho más que un restaurante o una taberna: fue un termómetro de la vida madrileña, un espacio que acompañó sus noches más intensas, sus cambios sociales y también sus claroscuros. La taberna echó el cierre en 2004 por un problema estructural del edificio, que acabaría desalojado.

Los Gabrieles fue también lugar de reunión de artistas, toreros, intelectuales y celebridades. / Cedida
Durante la reforma, dice, empezaron a aparecer algunos azulejos en los sacos de escombros y fueron los vecinos quienes se dieron cuenta de que se estaba perdiendo una obra de arte. "Pusieron la voz de alarma en Patrimonio Nacional, que paralizó la obra durante tres años. En 2007, una empresa de restauración los numera, arranca, restaura y vuelve a pegar en su sitio. Algunos se perdieron, pero lograron mantener casi todo intacto. Teniendo en cuenta que hay unos 350 metros cuadrados de murales, se calcula que haya más de 15.000 azulejos", sostiene a este medio.
Vendrán turistas, lo sabemos, pero queremos atraer al artista. Que sea la casa de los músicos. Eso hará que venga el público madrileño
Entre tanto, el proyecto se quedó dormido durante dos décadas ante la falta de interesados por resucitarlo. "Hasta que llega la actual propiedad, un empresario anónimo y enamorado de la ciudad que ha visto la posibilidad de devolverle parte de su ADN. Hemos hecho encaje de bolillos para que un sitio protegido por Patrimonio pueda ser un negocio de hostelería. No hemos hecho la obra hasta reunir todos los permisos necesarios, por eso ha durado seis años. Es un regalo a Madrid, a sus visitantes. Un museo", relata.

La taberna echó el cierre en 2004 por un problema estructural del edificio, que acabaría desalojado. / ALBA VIGARAY
La Capilla Sixtina del azulejo
Todos los azulejos fueron realizados por Enrique Guijo y Alfonso Romero, dos ceramistas de la época. "Guijo era una eminencia. Hizo casi todas las cerámicas de los negocios típicos de Madrid. Romero era su discípulo. Uno de sus trabajos más emblemáticos dentro de este local es un boceto de Carlos González Ragel, pintor y fotógrafo español. En él se pueden ver varios esqueletos. De derecha a izquierda aparecen el propio Ragel pintando, el guitarrista Perico el del lunar y Pastora Imperio. En el extremo se puede ver la lápida de Ragel, quien sale de ella porque le ofrecen un fino Clarita, un vino que te revivía. Esta era la forma de publicitarse entonces", apunta.
En las paredes de Los Gabrieles también hay una representación de la obra El triunfo de Baco, de Velázquez o un Quijote luchando contra barricas jerezanas en vez de molinos. Algunos murales también pertenecen a Fernando Rivas, el publicista de la época que transformó la profesión en un arte: "Los anuncios del metro se hacían en cerámica y algunos terminaron aquí. Hay otros locales o farmacias con piezas hechas por estos artistas, pero la mayoría se han perdido, por eso esta taberna es considerada la Capilla Sixtina del azulejo. Es una de las mayores representaciones en España".

Uno de los murales realizados por Enrique Guijo y Alfonso Romero, dos ceramistas de la época. / ALBA VIGARAY
Entre tanta cafetería de especialidad y restaurante de smash burgers es difícil encontrar una taberna como las de antes. Al menos en el centro de Madrid. Es ahí, precisamente, donde reside la importancia de retomar un proyecto como este. "Durante la remodelación, la gente mayor del barrio se ha acercado emocionada por la reapertura. Aquí conocieron al que fue el amor de su vida o recuerdan las juergas que se montaban. Mantener su esencia es casi obligatorio. Tuvimos la oportunidad de registrar el nombre, aunque hacer marca no es tener un logotipo, sino ser reconocido por la historia". Coke, murciano de nacimiento, cuenta que Los Gabrieles nació como un café cantante. "No existía el concepto de tablao aún. Venían los señoritos de dinero y los músicos les cantaban por la voluntad", asegura. El bar no se entiende sin el flamenco. Todos los artistas de la época pasaban por aquí y, si alguno no lo hacía, se decía "que no era nadie". Será en la planta superior donde se ofrecerá música en vivo, tanto jazz como flamenco, para no encasillarse, bromea: "Vendrán turistas, lo sabemos, pero queremos atraer al artista. Que sea la casa de los músicos. Eso hará que venga el público madrileño".
760 metros cuadrados
Riera no sabe todo esto por casualidad. Durante los seis años de preparación ha trabajado codo con codo con Justin Byrne, un historiador británico que ha recopilado toda la información y documentación gráfica de las hemerotecas regionales para reconstruir el proyecto fiel a lo que fue. "Convertimos sus escritos en un libro llamado Si estas paredes hablaran en el que hablamos de estos 119 años de historia. Queríamos que fuese alguien extranjero y sin sesgo político para evitar una tendencia a la hora de redactarlo. La gente mayor ya lo sabe, pero las nuevas generaciones no, ya que ha estado cerrado 21 años", insiste.

El tablao de Los Gabrieles, situado en la planta superior. / ALBA VIGARAY
Al mando de los fogones estará el chef Ander Galdeano, que afronta "súper agradecido" el reto de dar forma a la nueva cocina de Los Gabrieles con una propuesta castiza y tradicional, muy centrada en el producto, con guiños andaluces y algunos platos donde el vino de Jerez actúa como hilo conductor. La parte líquida queda en manos de la sumiller Rebeca Bellido, también jefa de sala, que ha diseñado una bodega amplia y coherente con el espíritu del proyecto, con protagonismo para los generosos, una firme apuesta por los vinos de Madrid y una cuidada selección de grandes etiquetas. "Son gente joven, con muchas ganas y buena experiencia. Ambos dominan los productos y hubo match desde el primer momento", resume Riera.
La apertura será progresiva. "Sabemos que tenemos muchas miradas encima y no queremos equivocarnos. Cada planta, además, tiene un concepto distinto. La taberna, en la planta calle, será la primera en atender clientes. No admitirá reservas. Queremos que sea una barra abierta, viva, donde la gente venga y pida raciones. En el restaurante, ubicado en la planta inferior, la oferta gastronómica variará según la temporada. Por último, el tablao situado en el tercer piso, ofrecerá una carta más reducida para consumir durante las actuaciones musicales", explica.

Una de las salas del restaurante de Los Gabrieles, ubicado en la planta inferior. / ALBA VIGARAY
Los Gabrieles cuenta con una superficie de 760 metros cuadrados, 48 personas en el equipo y siete salas con temática y nombre propio: Los navegantes, Los cazadores, El ruedo, El altar, El cosmos, La tartana y La enfermería. "Fue una suerte que se conservara todo. Hay un compromiso en la conservación. Tenemos que cuidarlo, es parte del encargo. Y habrá garbanzos, por supuesto", concluye.