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NOSTALGIA OCHENTERA

De los 80 al futuro: Factoría Retro, el paraíso arcade de Alcorcón, busca un nuevo emplazamiento para seguir ampliando su museo del videojuego

La asociación nacida en Alcorcón, que empezó restaurando máquinas abandonadas, reúne ya unas 250 piezas y prepara una expansión con más recreativas, más pinballs y un museo retro de mayor tamaño

Personas jugando con las máquinas recreativas de Factoría Retro.

Personas jugando con las máquinas recreativas de Factoría Retro. / Alba Vigaray

Héctor González

Héctor González

Madrid

Hubo un tiempo en que entrar en un salón recreativo era casi un ritual. Luces de neón, ruido de botones, pantallas parpadeando y un puñado de monedas que había que estirar al máximo. En los años 80 y 90, las máquinas arcade fueron mucho más que una forma de ocio: fueron un punto de encuentro, una pequeña liturgia juvenil y una industria que marcó a toda una generación. Décadas después, cuando aquellos templos del videojuego parecían condenados al olvido, en Alcorcón hay un proyecto empeñado en devolverles la vida.

Ese proyecto se llama Factoría Retro, una asociación sin ánimo de lucro que en apenas dos años ha pasado de la pasión coleccionista de cuatro socios a levantar un salón recreativo y museo arcade con decenas de máquinas operativas. Y ahora quiere ir más allá: busca un local más grande, con espacio para ampliar la zona de juego y dar forma a un museo mucho más ambicioso dedicado a la historia del videojuego.

Lo cuenta Jesús Fernández, uno de estos cuatro socios y CEO del proyecto. Lo que empezó como un simple afán de rescatar máquinas arcade condenadas al olvido acumula ya un fondo que ronda los 250 elementos, entre recreativas, pinballs, consolas y material histórico. De estas, la sede actual, situada en el número 3 de la calle Parque de Cabañeros (Alcorcón), cuenta con más de 70 máquinas disponibles para jugar y una docena de pinballs operativos.

Entrada al salón arcade de Factoría Retro.

Entrada al salón arcade de Factoría Retro. / Alba Vigaray

El resto se reparte entre el taller y la nave donde almacenan y restauran piezas. Allí siguen llegando periódicamente nuevas incorporaciones y se renueva la oferta con máquinas ya recuperadas para devolverlas al circuito. Porque esa es una de las claves del proyecto: casi todo lo que exhiben ha sido salvado del abandono. Fernández asegura que entre el 90% y el 99% de las máquinas que les llegan proceden de antiguos bares, salones o locales cerrados desde hace décadas. El mayor "tesoro", como lo llama Fernández, apareció hace año y medio en un pueblo de Jaén, donde encontraron un lote de 70 máquinas totalmente abandonadas. "Tenían incluso nidos de ratas, de gallinas, de palomas, un desastre, pero conseguimos restaurar el 90% de ellas", cuenta el CEO con orgullo no disimulado.

La recuperación de cada pieza exige paciencia y oficio. Primero llega la limpieza y la desinfección. Después, la restauración de la madera, los vinilos y el aspecto exterior. Al final toca la electrónica, una fase especialmente delicada porque las piezas son cada vez más difíciles de conseguir. Para hacerlo, los responsables de Factoría Retro entre el mercado de segunda mano, plataformas como Wallapop y los pocos fabricantes especializados que aún sobreviven en Europa. El trabajo, explica Fernández, se sostiene gracias a un reparto muy artesanal de tareas entre los socios: uno domina la carpintería, otro la electrónica, otro la restauración de pinballs y otro el diseño. Mucho aprendizaje autodidacta y mucho ensayo y error.

Joyas y tesoros arcade restaurados y operativos en el local.

Joyas y tesoros arcade restaurados y operativos en el local. / Alba Vigaray

Ese esfuerzo también tiene un coste económico considerable. "Para que te hagas una idea", apunta Fernández, "cada una de las máquinas modernas de pinball son 8.500 euros más IVA". Casi todo este dinero sale de los bolsillos de los socios, que en estos dos años han invertido ya alrededor de 150.000 euros en el proyecto. Esto se complementa con los pases que pagan quienes van al local a jugar- 10 euros por cuatro horas con todas las máquinas en modo free play-; además de eventos y torneos que celebran de vez en cuando. Eso sí, y pese a que "hemos solicitado distintas ayudas, pero no hemos recibido nada" de las instituciones, lamenta el CEO.

Consolas y juegos originales exhibidos en las vitrinas del museo.

Consolas y juegos originales exhibidos en las vitrinas del museo. / Alba Vigaray

Con todo, el principal problema de Factoría Retro ahora no es la falta de subvenciones, sino de espacio. El local actual se les ha quedado pequeño. En la sede actual apenas pueden mostrar una parte de todo lo que guardan: unas 15 vitrinas con piezas que van desde la primera Nintendo hasta la PlayStation 5, mientras en la nave conservan suficiente material como para llenar, asegura Fernández, un museo de unos 400 metros cuadrados. Por eso ya llevan un tiempo buscando un nuevo emplazamiento de entre 500 y 800 metros cuadrados que les permita crecer, exhibir mejor su colección y reforzar su propuesta cultural.

Ese salto, sin embargo, puede obligarles a salir de Alcorcón. Según explica Fernández, la asociación se ha topado con un obstáculo urbanístico. Pese a que el propio Fernández cuenta con una nave de 500 metros cuadrados en el polígono de Alcorcón, pero una ordenanza municipal de cuando aquella zona fue bautizada como Costa Polvoranca en los 90 por la descontrolada profusión de bares y discotecas prohíbe desde entonces montar cualquier actividad recreativa. "Hemos intentado explicar que lo que queremos hacer es un salón recreativo tipo videojuegos y un museo, con charlas, conferencias y talleres, pero no ha habido manera", lamenta el responsable de Factoría Retro, así que "la única opción que nos queda es mirar fuera de Alcorcón".