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ENTREVISTA

Georgina, ante su concierto en la Galileo Galilei: "En un mundo de megaproducciones, elijo desnudarme al 100% con mi guitarra"

Con una trayectoria de más de dos décadas, se muestra en un momento de libertad artística y "disfrute", invitando a sus seguidores a una actuación marcada por la complicidad y la conexión emocional

Georgina

Georgina / georginamusica.es

Georgina León Barrios (Valera, Venezuela, 1981) aterrizó en España en 2005 con una mochila cargada de éxitos en Latinoamérica. Tras liderar el dúo Tisuby & Georgina en los 90, la artista venezolana hizo de Madrid su centro de operaciones para forjar una carrera en solitario que ya suma álbumes fundamentales en el pop como Ensayo y error o Bienvenido a mi habitación.

Tras 15 años viviendo en la capital y estar ahora establecida en Málaga por un cambio de aires necesario, la compositora vive un momento de transición vital que culmina este viernes 17 de abril. Lo hará con una cita marcada en rojo en su calendario personal: su esperado debut sobre las tablas de la sala Galileo Galilei, uno de los últimos templos de la música en directo que le quedaban por conquistar en Madrid.

A pesar de su trayectoria, Georgina afronta este concierto con la mística y los nervios propios de las primeras veces. En entrevista con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, la artista confiesa que llevaba años esperando este momento. El recinto, que ocupa el espacio de un antiguo cine en el barrio de Chamberí, programa música en directo desde 1985 y es una de las paradas con más solera del circuito madrileño.

Georgina

Georgina / georginamusica.es

"Es el último disco que tengo y para mí es muy importante. Primero porque la sala es, vamos... ya se conoce, es una sala muy emblemática y además ha cambiado muchísimo". Para este estreno tan significativo, la artista ha decidido romper con las imposiciones actuales de la industria, que parecen obligar al artificio constante. "Voy sola con mi guitarra diaria, cosa que es difícil porque actualmente cuando presentas un disco siempre como que quieres venir con la banda y montar un show espectacular", explica sobre su propuesta minimalista para esta velada.

"Vivimos ahora en un mundo que está lleno de tanta supermegaproducción... o estás a la par o te quedas pequeño. Entonces he decidido desnudarme 100% y decir: 'Mira, ¿sabes qué? No, yo con mi guitarra cuento mis historias'", afirma sobre su apuesta por el formato acústico, aunque matiza que contará con el apoyo puntual de bases rítmicas para dotar de mayor dinamismo al espectáculo.

La vulnerabilidad como bandera y una colaboración póstuma con su padre

Esa desnudez artística no es casual. Su nuevo álbum, Un día de esos (2026), es un proyecto conceptual nacido durante un parón creativo motivado por su reciente maternidad. Este proceso la ha arrastrado hacia una escritura mucho más introspectiva, donde cada canción funciona como un pequeño diario de sentimientos cambiantes.

Esa aceptación de la vulnerabilidad es el eje de su nuevo mensaje. En la canción Guapa guapísima canta: "¿Quién podría imaginar que por la noche la tristeza te ha venido a visitar? Le diste la bienvenida y no parabas de llorar". Es una letra que conecta directamente con la filosofía de su nuevo trabajo, donde reivindica que "no está mal llorar alguna vez" y que para ser feliz es necesario permitirse sentir ese toque de tristeza.

"Realmente fue poco a poco, fue natural. Yo fui haciendo temas y el título me salió al final. El disco tiene una intro que se llama Un día de esos porque refleja esos despertares que uno a veces tiene en los que te levantas y dices: 'Hoy va a ser un día de esos'. Va a ser o muy bueno o muy malo, pero diferente va a ser", relata sobre el origen del título.

Georgina incluye en su disco una colaboración póstuma con su padre, logrando el dúo que nunca pudieron componer en vida. Tras una intro conceptual y un interludio emocional, la obra culmina rescatando una grabación de hace 20 años de su progenitor. Al unir su voz a la de él e integrar a otros miembros de su familia, Georgina crea una constelación familiar que sirve como el regalo que no pudo hacerle antes de su fallecimiento.

"Al público le gusta el despecho a tope, he tenido que inventarme historias para volver a ese registro"

Georgina

— cantante

De cara a lo que viene, Georgina admite que ha tenido que buscar la inspiración fuera de casa. "Mi vida sentimental actual es, con todo el respeto porque lo quiero mucho, muy aburrida", bromea. "Es feliz y ya está, no tengo ni altos ni bajos. Hay sentimientos que se encuentran desde la madurez y la convivencia, pero esos son temas que no venden".

Consciente de que al público "lo que le gusta es el despecho a tope", la artista adelanta que en sus nuevas composiciones regresan las historias de desamor que marcaron sus inicios, aunque esta vez no sean autobiográficas. "He tenido que inventarme mis historias un poco y meterme en el conflicto de mis amigas. Es la única forma de poder volver a ese registro", confiesa entre risas.

Malasaña, su "antigua oficina"

La maternidad se convirtió, casi sin planearlo, en el motor de una nueva sensibilidad artística. "Las hormonas hacen mucho. Canciones que se compusieron hace años han ido evolucionando conmigo; han cambiado de repente el estribillo o alguna frase de las estrofas, han cambiado de género incluso; eran a lo mejor más baladas y luego se convirtieron en más roqueras".

Es una etapa marcada por la escasez física de tiempo, pero compensada por una abundancia de verdad emocional: "Tenía muy poco tiempo para componer porque la maternidad está 100% ahí, pero el resultado es un disco centrado mucho en la intimidad, en el respeto a los procesos propios y en mi interior".

Su regreso a Madrid para este concierto ha despertado en ella una nostalgia luminosa y revitalizante. Paseando durante la mañana de este miércoles por las calles de San Bernardo y Noviciado, Georgina recordaba con cariño su vida en Malasaña, su barrio de siempre, donde solía pasar horas infinitas en un bar de la Plaza San Ildefonso.

"Me quedaba tres, cuatro, cinco horas sentada en la misma mesa leyendo, tomando un vino y de repente iban llegando amigos. Era como que yo tenía citas con todos; lo llamaba mi oficina. Caminar por estas calles ahora ha sido como un chute de emoción, algo de verdad superbonito, supongo que también por el Sol y por llegar con mi nuevo disco. Siento que soy de aquí, siento que pertenezco a este mundo", confiesa emocionada.

"Hay fans a las que llevo viendo 20 años, me llevan calcetines para mi pareja, para mi niño y para mí"

Esa conexión visceral con el lugar se extiende también a su público, una comunidad de una fidelidad inquebrantable que la sigue desde hace dos décadas. "Hay peña que lleva viniendo a mi concierto desde hace 15 o 20 años, sin exagerar, y van todos los años como la cita oficial. Tengo historias de chicas que me llevan calcetines para mi pareja, para mi niño y para mí. Son igualitos. Casi como una tradición".

Hoy, Georgina se define a sí misma como una artista "disfrutona" que ha aprendido a soltar lastre y a ignorar las presiones externas: "Estoy en el momento del 'me la pela todo', pero de verdad. Disfruto cada cosa al 100%, no me complico la vida y si algo no se da, no me importa. Todo me la suda literalmente, ¿sabes?".

Con esa libertad ganada a pulso, la venezolana se prepara para su gran puesta de largo en la Sala Galileo Galilei mientras sueña con colaborar en alguna ocasión con Paula Mattheus. Su mensaje final es una invitación directa a la complicidad: "Que se animen a venir este viernes. La mejor promo que puede haber de un artista son los mismos seguidores que estén ahí a tope. Son mis propios community managers", bromea.