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GASTRONOMÍA

Vinos de Madrid reivindica su identidad entre garnachas de altura, blancos frescos y una nueva generación de bodegueros en Salón Gourmets

La Denominación de Origen de Vinos de Madrid celebra su madurez en un momento de cambio para el sector: menos consumo, más exigencia del público y una apuesta creciente por lo autóctono, la viticultura ecológica y los estilos más ligeros y precisos

Vinos de la D.O. de Madrid en Salón Gourmets 2026.

Vinos de la D.O. de Madrid en Salón Gourmets 2026. / Cedida

Andrea San Martín

Andrea San Martín

Madrid

En España, hablar de vino suele llevar a pensar en regiones con una larga tradición y un reconocimiento muy asentado. En ese contexto, Madrid sigue teniendo un reto claro: lograr que el consumidor asocie la comunidad no solo con la capital, sino también con el viñedo y con una producción vinícola de calidad. Ese fue precisamente uno de los mensajes que la Denominación de Origen Vinos de Madrid refuerza en Salón Gourmets, donde vuelve a presentarse como una zona diversa, con identidad propia y con una apuesta cada vez más clara por sus variedades y su territorio.

Así lo explica Elena Arribas Fernández, secretaria general del Consejo Regulador de la D.O. Vinos de Madrid, a El Periódico de España que sitúa a la denominación en un momento de consolidación, pero también de renovación. La D.O. celebró el año pasado sus 35 años, y en esta nueva etapa buena parte del impulso llega de una generación de bodegueros jóvenes que ha decidido trabajar el viñedo madrileño con una mirada nueva y sin complejos.

Vinos de Madrid en Salón Gourmets 2026.

Vinos de Madrid en Salón Gourmets 2026. / Cedida

En Salón Gourmets, la denominación ha acudido con una representación amplia de bodegas y con una idea de fondo muy clara: Madrid no debe intentar parecerse a otras zonas, sino reforzar aquello que la diferencia. Esa personalidad se apoya, sobre todo, en cuatro variedades principales: malvar, albillo, tempranillo y garnacha. Junto a ellas también hay otras uvas autorizadas, como merlot, syrah o cabernet, pero el discurso del sector pasa en la actualidad por poner en valor lo propio.

Un territorio con perfiles muy distintos

La diversidad de los vinos madrileños se entiende mejor al mirar el mapa de la denominación. San Martín de Valdeiglesias destaca especialmente por sus garnachas y albillos; Navalcarnero también trabaja en esa línea; y Arganda se identifica más con los tempranillos y las malvares, que dan lugar a blancos suaves y fáciles de beber.

Arribas defiende que esa variedad territorial es una de las grandes fortalezas de Madrid. La clave, insiste, está en no copiar modelos ajenos. "Cada zona debe trabajar con lo que su clima, su altitud y sus suelos permiten expresar mejor", sostiene.

Los vinos de Madrid ganan posiciones en el mercado, se benefician de un fuerte crecimiento en ventas y abordan nuevos retos como la ampliación del territorio amparado por la Denominación de Origen hacia el norte de la Comunidad o el relanzamiento del enoturismo.

Los vinos de Madrid ganan posiciones en el mercado, se benefician de un fuerte crecimiento en ventas y abordan nuevos retos como la ampliación del territorio amparado por la Denominación de Origen hacia el norte de la Comunidad o el relanzamiento del enoturismo. / EFE

Ese planteamiento se ve con claridad en la garnacha madrileña. Frente a otros perfiles más potentes o estructurados, la de Madrid tiende a ofrecer vinos más fluidos, más suaves y más fáciles de beber, marcados por unas condiciones de cultivo distintas. Es una garnacha que, por entorno y estilo, se acerca más a la zona de Gredos, aunque con rasgos propios.

Junto a los tintos, los blancos están ganando protagonismo dentro de la denominación. Tanto el albillo como la malvar están dando vinos que llaman la atención por su frescura, su equilibrio y su facilidad de consumo. No se trata de competir con otras regiones blancas de España, sino de construir un perfil propio, ligado al territorio madrileño y a sus variedades.

Para Arribas, ese es uno de los caminos más interesantes para la D.O.: dejar de compararse continuamente con otros territorios y centrarse en lo que Madrid puede hacer bien con personalidad propia.

Alma, uno de los vinos de la D.O. de Madrid en Salón Gourmets 2026.

Alma, uno de los vinos de la D.O. de Madrid en Salón Gourmets 2026. / Cedida

Relevo generacional y recuperación del viñedo

Otro de los asuntos clave en este momento de la denominación es el relevo generacional. La secretaria general del Consejo Regulador subraya que sin la apuesta de nuevos elaboradores muchas variedades tradicionales habrían corrido el riesgo de perderse, sobre todo en zonas donde el modelo cooperativo ha sufrido más la falta de continuidad.

La recuperación de viñedos viejos, el interés por variedades históricas y una forma distinta de elaborar han cambiado el panorama en los últimos años. En ese proceso aparecen nombres como Bernabeleva, Las Moradas de San Martín, 4 Monos, Marañones, Cinco Leguas o Andrés Morate, que forman parte de una nueva imagen del vino madrileño más ligada al origen y a la calidad.

Vinos de Madrid en Salón Gourmets 2026.

Vinos de Madrid en Salón Gourmets 2026. / Cedida

También gana espacio la viticultura ecológica. Arribas cita a Andrés Morate como una de las referencias más claras en este ámbito, junto a otras bodegas que han ido incorporando prácticas sostenibles. No es una cuestión secundaria: el futuro del vino, también en Madrid, pasa por cómo se cultiva y por la capacidad de conectar con un consumidor que cada vez se fija más en el origen y en la forma de producción.

El gran reto: vender vino de Madrid en Madrid

Pese a la evolución del sector, hay una dificultad que se mantiene: vender vino de Madrid en la propia Madrid. Arribas lo resume de forma directa: es más fácil defender estos vinos fuera que dentro de la comunidad.

La razón, en parte, tiene que ver con el peso de la capital. Madrid concentra productos, marcas y referencias de toda España, y eso hace más difícil que el consumidor mire a su propio entorno. Todavía hay mucha gente que no asocia la región con el viñedo, aunque las cepas están ahí, repartidas por zonas como San Martín, Navalcarnero, Arganda o también algunos enclaves del norte, como El Molar.

Ese desconocimiento sigue pesando, aunque desde el sector aseguran que la reacción cambia cuando el consumidor prueba el producto. La sorpresa suele ser positiva, y por eso la estrategia pasa por acercar el vino madrileño de una forma menos rígida y menos solemne.

La D.O. también asume que el mercado está cambiando. El consumidor de hoy bebe menos, elige más y busca vinos más fáciles de entender y disfrutar. En ese nuevo escenario, Arribas cree que el sector tiene que adaptarse y evitar discursos excesivamente técnicos o intimidantes, sobre todo cuando se quiere atraer a gente joven o a consumidores menos expertos.

Eso obliga a revisar estilos. Hoy hay espacio para vinos más ligeros, más frescos y más directos, blancos amables, tintos frutales o referencias que funcionen bien en una comida informal, en el tapeo o en momentos cotidianos. La idea es que el vino vuelva a incorporarse de forma natural al consumo, sin convertirlo en algo reservado a especialistas.

Túnel del vino de la Comunidad de Madrid en Salón Gourmets 2026.

Túnel del vino de la Comunidad de Madrid en Salón Gourmets 2026. / Cedida

Una franja de precios competitiva

Madrid cuenta además con una oferta bastante amplia. Hay vinos sencillos en gran distribución con precios bajos y también etiquetas de gama alta con precios más elevados. Pero, entre ambos extremos, Arribas destaca una franja especialmente interesante: vinos de entre 10 y 20 euros que representan bien el momento actual de la denominación.

Son botellas accesibles, con buena relación calidad-precio y con personalidad suficiente para defenderse bien en la mesa. Esa gama media puede ser, precisamente, una de las mejores herramientas para seguir ganando consumidores.

Vinos de Madrid en Salón Gourmets 2026.

Vinos de Madrid en Salón Gourmets 2026. / Cedida

La exportación, que se mueve entre el 18% y el 20%, tiene importancia para la D.O., pero el mercado fundamental sigue siendo el madrileño. Por eso, el gran objetivo sigue siendo que Madrid ejerza también de escaparate y de apoyo para sus propios vinos.

Al final, el mensaje que Vinos de Madrid quiere lanzar en Salón Gourmets es sencillo: la denominación ha dejado atrás muchos complejos y está cada vez más centrada en definir y defender su propio perfil. Garnachas más fluidas, blancos frescos, variedades autóctonas, proyectos ecológicos, viñedos recuperados y una nueva generación de elaboradores forman parte de un relato que ya no busca justificarse, sino abrirse paso con argumentos propios. Madrid no pide un trato de favor. Lo que pide es que sus vinos se conozcan y se prueben.