OCIO
El palacio madrileño que el archiduque de Austria confiscó en la Guerra de Sucesión y que se puede visitar gratis
La Quinta y Palacio de Torre Arias conserva en Canillejas siglos de historia nobiliaria, huertas, jardines, viajes de agua y un palacio que acabó tomando aspecto de fortaleza

La historia de este sitio no arranca como un jardín decorativo ni como una finca pensada solo para el paseo: nace en el siglo XVI, en la entonces villa histórica de Canillejas
Victoria Saulyak
Cuando llega el buen tiempo, Madrid lo nota. De repente, miles de turistas y locales ocupan las calles para disfrutar del sol en una terraza, paseando por el centro o redescubriendo la ciudad. Eso sí, no hay duda que a veces cuesta desconectar del frenético ritmo de la capital. Por eso, muchos ciudadanos buscan parques desconocidos o rincones con encanto, esos que parecen un oasis de calma y ayudan a recuperar energía tras una semana agotadora.
Uno de los mejores rincones de Madrid es Torre Arias. Ahora, la historia de este sitio no arranca como un jardín decorativo ni como una finca pensada solo para el paseo. Nace en el siglo XVI, en la entonces villa histórica de Canillejas, como una casa de campo vinculada a la nobleza y al trabajo de la tierra. Desde el principio reunió dos caras en un mismo recinto: la del recreo y la de la explotación agrícola y ganadera.

El Palacio de Torre Arias declarado Bien de Interés Cultural. / Alba Vigaray
Ese carácter mixto explica buena parte de su singularidad. La primera casa de campo, levantada en torno a 1580, ya contaba con una casa-palacio, huerta y palomar. En el siglo XVII la propiedad creció con nuevas dependencias, jardines, caballerizas y cocheras. Fue entonces cuando la quinta empezó a consolidarse como un espacio complejo, más cercano a una pequeña unidad autosuficiente que a una simple residencia de descanso.
La guerra que cambió la finca
Uno de los episodios más llamativos de su historia llegó durante la Guerra de Sucesión, cuando la quinta fue confiscada por las tropas del Archiduque de Austria para fijar allí su residencia. No es un detalle menor: convierte a este lugar en escenario directo de un conflicto que decidió el futuro de la monarquía hispánica. Terminada la contienda, los condes retomaron la propiedad y acometieron nuevas obras en el palacio y en el jardín, con plantaciones, arreglos en el palomar y actuaciones relacionadas con la red de agua.
La finca siguió transformándose con cada etapa. En el siglo XVIII pasó por manos como las de la viuda del VII duque de Osuna, que impulsó la rehabilitación del palacio y mejoras en la explotación agrícola y en el riego. Ya en el siglo XIX, la compra por Manuel de Acuña y Dewitte, marqués de Bedmar, dio paso a una restauración de gran alcance que amplió la propiedad y reforzó su imagen monumental.
Un paisaje hecho de palacio, huerta y agua
Lo que hoy define a Torre Arias no es solo su edificio principal. El conjunto reúne huertas, viñedos, invernaderos, caballerizas, bodega, casas auxiliares y jardines que fueron cambiando con los siglos sin perder su estructura esencial. El palacio adoptó en el XIX una apariencia de fortaleza feudal, hasta el punto de que en algunos documentos aparece como “Castillo Bedmar”. A su alrededor sobrevivieron espacios de producción y ornato que explican cómo funcionaba una gran quinta de recreo madrileña.

La Quinta de Torre Arias cuenta con un huerto urbano. / Alba Vigaray
También el agua forma parte del relato. La finca se asentó en una zona de arroyos de la cuenca del Jarama y conserva su sistema histórico de riego, procedente del viaje de Abroñigal bajo, construido en 1619. De él dependían norias, pozos, estanques, fuentes y albercas. Esa red no era un adorno: era la infraestructura que hacía posible la vida agrícola y el mantenimiento del jardín.
Por eso Torre Arias se entiende mejor como un paisaje histórico completo que como un solo edificio. En un mismo espacio conviven el antiguo palacio, la memoria del conflicto dinástico, la huerta noble, los jardines productivos y la ingeniería del agua que sostuvo todo el conjunto durante siglos.
¿Cómo puedo llegar?
Puedes llegar a la localización de diversas formas, una de ellas es en Metro, bajándote en la parada de Torre Arias (Línea 5). Si prefieres el autobús, los mejores para dejarte cerca del recinto son: 77, 104, 105, 114, 140, 153, 165, SE721, N4, N5.
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