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FILOSOFÍA

María Zambrano, filósofa de la 'Escuela de Madrid' ya lo predijo en 1967: "La tumba de Antígona es nuestra propia conciencia oscurecida"

En una entrevista, María Zambrano lamentó la pérdida de 'rostro' en el mundo, un pensamiento que resuena ante los más de 130 conflictos armados activos en la actualidad

María Zambrano falleció en 1991 a los 86 años, y sus palabras aún resuenan en un contexto mundial marcado por los conflictos internacionales

María Zambrano falleció en 1991 a los 86 años, y sus palabras aún resuenan en un contexto mundial marcado por los conflictos internacionales / Fundación María Zambrano

Irene Pérez Toribio

Irene Pérez Toribio

Madrid

María Zambrano, descrita en ocasiones como "una mujer luminosa" vivió una época guerrera y oscura, que no solo marcó su peripecia vital, sino también su pensamiento. Con José Ortega y Gasset como eterno maestro, esta filósofa formaría parte de la conocida como 'Escuela de Madrid' y, partiendo del pensamiento del madrileño, reflexionaría sobre "una humanidad que no encuentra un lugar propio".

En búsqueda de ese "lugar que habitar", María Zambrano se comparará con Antígona, la protagonista de una tragedia griega, en la que la resistencia moral, la piedad familiar y el desafío a las leyes injustas del Estado parecen encarnar la trágica lucha fratricida vivida entre los españoles durante la Guerra Civil y otras muchos conflictos aún vigentes.

Antígona, una vida robada por los acontecimientos políticos

En la tragedia escrita por Sófocles, dos hermanos, Eteocles y Polinices lucharon hasta la muerte por el trono de Tebas. Sin embargo, a su regreso, solo Eteocles es enterrado con honores por el Rey Creonte, mientras que Polinices, considerado un traidor, es insepulto, ante la desesperación de su hermana Antígona.

Apresamiento de Antígona

Apresamiento de Antígona / Sébastien Norblin (1825)

Desafiando las leyes humanas, Antígona decide desobedecer a Creonte y, siguiendo las leyes divinas, entierra simbólicamente a Polinices. Pese a ser la prometida de Hemón, hijo de Creonte, Antígona es condenada a ser enterrada viva por sus actos, lo que provoca una cadena de suicidios y el arrepentimiento final del tirano.

María Zambrano se sentía muy identificada con Antígona, pues ambas fueron víctimas de circunstancias políticas que marcaron sus vidas

María Zambrano se sentía muy identificada con Antígona, pues ambas fueron víctimas de circunstancias políticas que marcaron sus vidas / Fundación María Zambrano

Zambrano, que vivió la Guerra Civil española, se identifica estrechamente con Antígona, pues esta "nunca dispuso de su vida porque los acontecimientos políticos se la robaron". Participando de la militancia republicana y teniendo que exiliarse en 1939 ante la victoria de los nacionales, Zambrano describió su época latinoamericana en cientos de artículos, diarios, confesiones y poemas.

La asfixia de la humanidad en plena lucha por habitar un lugar

Así, como en una especie de augurio, Zambrano, en su obra 'La Tumba de Antígona' identificará a la víctima y heroína de esta tragedia griega con la asfixia de la humanidad, una humanidad que no encuentra un lugar propio, exiliada de sí misma, y con un desenlace de inevitable sacrificio.

Publicada en 1967, la obra será una mezcla entre una representación teatral, la razón poética y el ensayo. Obsesionada por el eco universal y el significado ético de esta tragedia de Sófocles, Zambrano llegará a decir "no podemos dejar de oírla, porque la tumba de Antígona es nuestra propia conciencia oscurecida. Antígona está enterrada viva en nosotros, en cada uno de nosotros."

El regreso de María Zambrano a Madrid

No será hasta el 20 de noviembre de 1984 que la filósofa podrá regresar a España, donde se instalará en un piso cercano a El Retiro, en Madrid. Convirtiendo su hogar en una especie de arca de Noé, Zambrano organizará múltiples veladas con sus amistades. Pese a su inminente ceguera, la pensadora se mantendrá lúcida hasta su muerte, en 1991 a los 86 años.

María Zambrano vivió durante 45 años en el exilio hasta su regreso a Madrid en 1984

María Zambrano vivió durante 45 años en el exilio hasta su regreso a Madrid en 1984 / Raúl Cancio

Será en una entrevista con José Miguel Ullán donde la filósofa dejará una de sus últimas e impactantes reflexiones: "Es terrible lo feo que está el mundo. No hay un rostro de verdad, un rostro, puro o impuro, pero un rostro. El mundo está perdiendo figura, rostro, se está volviendo monstruoso (…). Sí, encuentro que el mundo se está vaciando de pensamiento. Es horrible”. Así, hoy, con más de 130 conflictos armados activos en el mundo, las palabras de Zambrano resuenan con gravedad, mientras se registran cifras históricas desde la Segunda Guerra Mundial, con más de 60 países involucrados.