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EXPOSICIÓN

Las linternas mágicas que inventaron el cine antes que los Lumière: taumátropos, folioscopios y praxinoscopios que cambiaron el mundo

La muestra 'Precine' invita a recorrer la historia visual que hizo posible el nacimiento del séptimo arte: gracias al programa Red Itiner, estará en el Centro Cultural de Pedrezuela hasta el 14 de abril

Linterna mágica Pagoda de Ernst Plank (1878).

Linterna mágica Pagoda de Ernst Plank (1878). / CEDIDA

Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

Antes de que los hermanos Lumière convirtieran el cinematógrafo en un espectáculo público en 1895, hubo siglos de experimentos, juguetes ópticos e inventos fascinantes que intentaron resolver una obsesión muy humana: cómo capturar el mundo y, sobre todo, ojo, cómo darle movimiento. De ese territorio previo, a medio camino entre la ciencia, el arte y el asombro, se ocupa Precine, la exposición del programa Red Itiner de la Comunidad de Madrid que invita a recorrer la historia visual que hizo posible el nacimiento del cine. Actualmente, se encuentran en el Centro Cultural de Pedrezuela.

La muestra reúne un conjunto de dispositivos, tecnologías y piezas que explican ese largo camino que va desde los experimentos ópticos de la Antigüedad hasta la primera proyección pública del cinematógrafo. En el recorrido aparecen la cámara oscura, los teatros de sombras, las cajas ópticas, las linternas mágicas y varios de los llamados juegos ópticos, entre ellos el taumátropo, el fenaquistiscopio y el zoótropo. También hay espacio para algunas de las primeras cámaras fotográficas y cinematográficas, de modo que la exposición no se limita a contar un origen, sino que muestra la cadena completa de hallazgos que desembocó en el cine moderno.

Placas para linternas magicas (1860-1890).

Placas para linternas magicas (1860-1890). / CEDIDA

Uno de los grandes aciertos de Precine es que convierte una genealogía técnica en una experiencia muy visual. El visitante no sólo se encuentra con nombres fundamentales de la historia de la imagen, sino con objetos concretos que hoy conservan intacta su capacidad de maravillar. Ahí está, por ejemplo, la linterna mágica Pagoda de Ernst Plank, fechada hacia 1878, una pieza llamativa que resume bien el espíritu de la exposición: un aparato hermoso, casi teatral, pensado para proyectar imágenes cuando ver luz y figuras en la oscuridad todavía podía parecer un truco sobrenatural.

Uno de los zootropos de 1870 que alberga la exposición.

Uno de los zootropos de 1870 que alberga la exposición. / CEDIDA

El recorrido se detiene también en la persistencia retiniana, esa ilusión óptica que permite que una sucesión rápida de imágenes fijas se perciba como movimiento continuo. La exposición explica este fenómeno a través de piezas como el zoótropo (presentado como una rueda de la vida capaz de hacer que las imágenes parezcan cobrar vida al girar) y lo conecta con otros dispositivos esenciales. Entre ellos sobresale el praxinoscopio, inventado por Émile Reynaud en 1877, que perfeccionó el zoótropo al incorporar espejos y ofrecer una imagen más estable, clara y fluida. En esa línea cronológica aparecen también el taumátropo, el folioscopio y el mutoscopio: no son simples curiosidades, sino escalones decisivos en la educación de la mirada contemporánea.

Una conquista lenta

Otro de los apartados más sugestivos es el dedicado a la relación entre fotografía, luz y profundidad. La muestra incluye un megaletoscopio de Carlo Ponti, aparato de la década de 1860 que utilizaba lentes, espejos e iluminación interior para transformar las imágenes y generar una sensación de perspectiva sorprendentemente realista. Este mecanismo permitía incluso alterar la percepción de una escena, que podía parecer diurna o nocturna según la entrada de luz. A su lado, la visión estereoscópica recuerda hasta qué punto el siglo XIX soñó también con imágenes en relieve.

Linterna mágica Lampadophore de Lapierre (1860).

Linterna mágica Lampadophore de Lapierre (1860). / CEDIDA

Para Bárbara Mur, su comisaria, la exposición plantea el precine no solo como un antecedente histórico, sino como una herramienta para comprender las tecnologías audiovisuales actuales. Su tesis es clara: estos inventos aunaron investigación científica, espectáculo y deseo de compartir imágenes, y su influencia sigue viva en la cultura visual contemporánea. Visto así, Precine no habla únicamente del pasado del cine, sino también de nuestro presente, saturado de pantallas, animaciones e imágenes proyectadas.

Precine tiene algo más valioso que la mera nostalgia tecnológica. Frente a la tentación de ver el cine como una aparición repentina, la muestra lo devuelve a su verdadera condición: la de una conquista lenta, construida con sombras, cristales pintados, discos giratorios, lentes y juguetes capaces de engañar al ojo. Lo que propone esta exposición gratuita es, en el fondo, regresar al instante en que la imagen empezó a moverse y entender por qué aquel milagro sigue fascinándonos hoy.