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RECONOCIMIENTO

Ayuso, en la entrega póstuma de la Medalla Internacional de las Artes a Vargas Llosa: "La libertad exige valentía"

La presidenta madrileña subraya el vínculo del escritor y premio Nobel con la ciudad: "Si Perú fue su cuna, Madrid se convirtió en su hogar"

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, entrega la Medalla Internacional de las Artes, a título póstumo, a Mario Vargas Llosa, recogida por su hijo Álvaro.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, entrega la Medalla Internacional de las Artes, a título póstumo, a Mario Vargas Llosa, recogida por su hijo Álvaro. / Jesús Hellín - Europa Press

Víctor Rodríguez

Víctor Rodríguez

Madrid

Hoy, cuando se cumple un año exactamente de la muerte de Mario Vargas Llosa, la Comunidad de Madrid ha procedido a la entrega a título póstumo de su Medalla Internacional de las Artes concedida el pasado junio, una distinción que el escritor y premio Nobel peruano ya había recibido en vida, en 2004. La Comunidad quiso reconocer sus méritos posteriores y honrar el fallecimiento de una figura a la que la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, se ha referido hoy como "un gigante", que enseñó que "la libertad exige valentía".

Ha sido en la Real Casa de Correos, sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid, donde Ayuso le ha entregado la distinción a su hijo Álvaro, presidente de la Fundación Internacional para la Libertad. Un lugar con ecos para el novelista según ha revelado su hijo.

La presidenta madrileña ha incidido en la relación del Nobel con la ciudad de Madrid, a la que llegó por primera vez en 1958. Desde entonces, ha dicho, Ayuso se hizo "madrileño del Perú". "Si Perú fue su cuna, Madrid se convirtió en su hogar", ha subrayado. "Aquí vivió, aquí escribió y aquí desarrolló una parte esencial de su trayectoria", ha insistido. "Y como Madrid ha hecho siempre, lo acogió sin condiciones con los brazos a abiertos, reconociéndolo como parte de esta región que hace suyos a quienes la eligen". Para el autor de Conversación en la catedral Madrid, ha indicado, fue un lugar sin prejuicios y sin racismo, "la ciudad más cosmopolita de Europa, y así lo afirmó en muchas ocasiones".

Pero ha sido en la identificación de Vargas Llosa con los valores del liberalismo en lo que Ayuso más hincapié ha hecho durante el acto. "Reconocer una trayectoria como la suya es reafirmarse en unos valores sin los que no se entendería una sociedad abierta, crítica, hispana, mestiza y, por tanto, y sobre todo, libre", ha enfatizado la presidenta madrileña.

Convencido de que la cultura no puede existir sin libertad, ha proseguido, defendió esas ideas a lo largo de toda su vida. "Su amor por la libertad y la justicia lo llevó primero al marxismo y después a romper con las cadenas, con esas mismas ideas, lo que consideró necesario, aunque le costara el odio de muchos compañeros de letras, temerosos de asumir el precio de rebelarse y romper con ellas. También de muchos políticos sectarios", ha remarcado antes de definirlo como "un liberal convencido, obstinado incluso".

"Y lo fue contra viento y marea, contra los perjuicios de unos y la intolerancia de muchos", ha añadido. "Esa coherencia tan poco frecuente es, quizá, una de sus mayores enseñanzas: que la libertad exige valentía, que elegir por uno mismo tiene sus costes y que hay que estar dispuesto a asumirlos muchas veces en soledad para poder aspirar a decir la verdad en tiempos difíciles".

"Un adelantado"

A ello ha aludido también Álvaro Vargas Llosa. "Yo nací a la conciencia política, siempre lo digo, siendo una persona muy joven, viendo a mi padre acribillado por el hecho de haber roto con la revolución cubana cuando no estaba de moda hacerlo y haberse convertido en una especie de bestia negra de la revolución durante tanto tiempo", ha aseverado. "Luego esa causa ya fue, a medida que la realidad fue haciéndose evidente, menos solitaria, pero durante muchos años mi padre batalló en soledad". También lo hizo, ha dicho, contra el chavismo "desde el primer segundo del primer minuto de la primera hora del primer día", cuando incluso entre algunos liberales alrededor del mundo se pensaba que aquel experimento "podía llegar a buen puerto". "Mi padre, me honro en decir esto hoy, combatió a ese mal desde el primer instante, de manera que fue un adelantado".

En una admirada evocación de la figura de su padre, el periodista ha recurrido para retratarle a la definición de liberal que hizo el austriaco Joseph Schumpeter, quien afirmaba que ser liberal es darse cuenta del valor relativo de las convicciones propias y, no obstante, defenderlas resueltamente. "Mi padre hacía eso, tenía convicciones muy profundas, pero también un sentido de la validez relativa de esas convicciones, que estaba dispuesto a actualizar y a corregir constantemente. Pero cuando tocaba defenderlas frente a la adversidad y frente a la hostilidad de los demás, lo hacía con personalidad y con resolución", ha revelado.

También, ha dicho, fue un madrileño. "En su última etapa, antes de ir a morir al otro lado del charco, salía todos los días a recorrer las calles de Madrid, sobre todo el viejo Madrid de los Austrias, el Madrid de las novelas de Pío Baroja, que era el Madrid que a él le gustaba y donde vivía", ha relatado.

"Tuve el honor enorme de acompañarlo como su sombra", ha proseguido. "No era fácil, sus fuerzas ya flaqueaban. Lo acosaba una prensa, por decirlo con cariño, muy invasora. Y, sin embargo, persistió en esta costumbre, en este hábito cotidiano de recorrer las calles del viejo Madrid. Y cada vez que pasaba por la Puerta del Sol y por la Real Casa de Correos, a pesar de que vivía muy apesadumbrado por la sensación de que la causa de la libertad en España estaba bajo asedio, sonreía, porque decía: 'Allí está la esperanza de España'", ha concluido.