OCIO
La ciudad andalusí de Toledo que quedó desierta en el siglo XII y aún emerge entre barrancos, murallas y rocas
En Navalmoralejo, la Ciudad de Vascos conserva el trazado de una antigua medina omeya, con alcazaba, arrabal, necrópolis y una muralla que todavía dibuja la vida de frontera en los Montes de Toledo

La ciudad fue una fundación omeya levantada entre 930 y 950 d. C., en tiempos de Abd al-Rahman III
Victoria Saulyak
Madrid tiene infinidad de lugares por los que perderse. Después de una semana ajetreada, lo que más nos apetece es huir del bullicio de la capital y desconectar en uno de esos pueblos con encanto que no apenas unos pocos conocen.
Y es que hay lugares donde la ruina no parece una desaparición, sino una pausa. En la Ciudad de Vascos, los muros de piedra siguen asomando entre barrancos graníticos, encinas y senderos como si la antigua medina de Al-Ándalus no hubiera terminado de borrarse nunca. El paisaje no la rodea desde fuera: casi la engulle, y precisamente por eso el yacimiento conserva una fuerza poco común.

En la Ciudad de Vascos, los muros de piedra siguen asomando entre barrancos graníticos, encinas y senderos como si la antigua medina de Al-Ándalus no hubiera terminado de borrarse nunca / PORTAL DE CULTURA DE CASTILLA-LA MANCHA
La ciudad fue una fundación omeya levantada entre 930 y 950 d. C., en tiempos de Abd al-Rahman III. Su emplazamiento no fue casual. Se asentó en uno de los márgenes abruptos del río Huso, en un punto que controlaba un vado y que formaba parte de la línea fronteriza entre territorios cristianos y musulmanes. Esa posición la convirtió en un enclave estratégico, pero también en una ciudad pensada para vigilar, organizar y proteger una franja delicada del territorio.
Una medina de frontera entre murallas y cerros
Lo que hoy puede recorrerse ayuda a imaginar con bastante claridad aquella estructura urbana. La medina estuvo rodeada por una muralla que encerraba una superficie aproximada de ocho hectáreas, y en la zona norte, sobre un cerro granítico dominante, se levantó la alcazaba, el núcleo militar y simbólico del conjunto. Fuera del recinto amurallado hubo además dos necrópolis y un arrabal junto al arroyo de la Mora, señal de que la ciudad creció más allá de su primer perímetro defensivo.
Ese trazado es una de sus grandes singularidades. No se visita solo un conjunto de restos dispersos, sino la huella de una verdadera ciudad medieval despoblada. Durante el recorrido aparecen fragmentos de cerámica, restos metálicos, materiales constructivos y pequeños objetos de la vida cotidiana, incluso piezas relacionadas con juegos musulmanes. Son detalles que acercan el yacimiento a algo más que una estampa arqueológica: permiten pensar en calles, oficios, viviendas y gestos cotidianos dentro de una medina que tuvo vida propia entre los siglos X y XII.
Metal, frontera y abandono
La Ciudad de Vascos no destacó solo por su valor defensivo. También fue un centro metalúrgico relevante, vinculado a la explotación de los recursos minerales de su entorno inmediato y de los Montes de Toledo. Esa actividad económica contribuyó a su desarrollo urbano y a su peso dentro de la red de asentamientos de Al-Ándalus en la Marca Media. No era únicamente una fortaleza avanzada: era también una ciudad con función productiva y capacidad para sostener población, actividad y control territorial.

La Ciudad de Vascos no destacó solo por su valor defensivo. También fue un centro metalúrgico relevante / PORTAL DE CULTURA DE CASTILLA-LA MANCHA
Su abandono definitivo en el siglo XII dejó el enclave despoblado, y esa ausencia terminó siendo una forma de conservación. Al no haber continuidad urbana posterior, el visitante puede recorrer hoy un lugar donde todavía se percibe el dibujo de la ciudad medieval casi sin interferencias. En pocos sitios la sensación de descubrimiento resulta tan física: murallas, cerros, cauces y ruinas siguen componiendo un paisaje que parece detenido entre la historia y la maleza.
Por eso la Ciudad de Vascos no impresiona solo por su antigüedad, sino por la forma en que el terreno y la arqueología siguen encajando uno sobre otro. Volver la vista hacia la alcazaba, seguir la línea de la muralla o bajar por los senderos del entorno no es solo visitar un yacimiento. Es entrar en una ciudad que desapareció hace siglos, pero que aún conserva la forma exacta de su silencio.

La Ciudad de Vascos no impresiona solo por su antigüedad, sino por la forma en que el terreno y la arqueología siguen encajando uno sobre otro / PORTAL DE CULTURA DE CASTILLA-LA MANCHA
¿Cómo puedo llegar?
La ubicación a la que tendrás que acudir es el paraje de Las Cucañas, al este de Navalmoralejo (Toledo), a 6,8 kilómetros del casco urbano. El acceso se realiza por un camino de tierra que nace en dirección este en el cruce de Navalmoralejo en la carretera CM-4100, de Puente del Arzobispo a La Estrella, y continúa por la finca de Fuentelapio hasta Las Cucañas.
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