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'TOCAYOS'

De Paco a Paco: el bar de Fuenlabrada donde tres generaciones sostienen la vida del barrio

La iniciativa 'Tocayos' de Heineken pone el foco en el Bar Paco, que lleva casi medio siglo haciendo comunidad en Fuenlabrada, un local que ha sabido adaptarse a los tiempos

Paco Bachiller, dueño de Bar Paco de Fuenlabrada, junto a su hijo Paco.

Paco Bachiller, dueño de Bar Paco de Fuenlabrada, junto a su hijo Paco. / Cedida

Andrea San Martín

Andrea San Martín

Madrid

Bar Paco abrió en 1978 en Fuenlabrada y hoy sigue en pie gracias a una misma familia, un mismo nombre y una misma idea de la hostelería: cercanía, aperitivo y constancia. La iniciativa 'Tocayos', de Heineken, ha puesto el foco sobre un local que lleva casi medio siglo haciendo comunidad. Hay bares que sirven para comer algo, tomar una caña o matar el rato. Y luego están los otros: los que ordenan la vida de un barrio. Los que están ahí a primera hora, los que conocen los nombres de los vecinos, los que ven crecer a los hijos de los clientes y envejecer a sus padres. Los que no necesitan reinventarse cada seis meses porque su verdadero valor está en otra parte: en la costumbre, en la confianza, en esa familiaridad que no se puede franquiciar.

Una buena tirada de cerveza (o "caña perfecta") se logra humedeciendo la copa para eliminar impurezas y atemperarla, inclinándola a 45 grados mientras se abre el grifo.

Una buena tirada de cerveza (o "caña perfecta") se logra humedeciendo la copa para eliminar impurezas y atemperarla, inclinándola a 45 grados mientras se abre el grifo. / Cortesía de Heineken

En Paseo de Puerto Rico, 14, en Fuenlabrada, uno de esos bares lleva casi medio siglo haciendo precisamente eso. Se llama Bar Paco, y el nombre no es un rótulo escogido al azar: es una herencia. Lo fundó un Paco, lo levantó después otro Paco y, si todo sigue como hasta ahora, lo continuará un tercer Paco. Pocas veces un nombre ha contado tanto con tan poco.

La historia arranca en enero de 1978, cuando el padre de Paco Bachiller abrió el local. Años después, su hijo regresó de la mili y se puso al frente del negocio. Pero, en realidad, el aprendizaje había empezado mucho antes, casi de niño, entre barra, clientes y rutinas de barrio. "Yo solamente he trabajado aquí en este bar", resume a El Periódico de España. Una frase sencilla que en su caso equivale a una vida entera.

Una barra con memoria

Bar Paco no presume de artificios. No los necesita. Es, como dice su dueño, "un bar de barrio, de toda la vida y de mucha confianza". Ahí está la clave. En un momento en el que gran parte de la hostelería persigue el concepto, la puesta en escena o la especialización extrema, este local de Fuenlabrada sigue apostando por algo menos ruidoso y mucho más difícil de fabricar: el vínculo. Paco lo cuenta sin grandilocuencia y con humildad, como quien describe una evidencia. "El alma del bar es la amistad y como una familia". Y enseguida aterriza la idea con una imagen que explica mejor que cualquier titular lo que ocurre entre estas paredes: "Vienen los mismos clientes, los padres de los clientes, los hijos de los clientes, los nietos de los clientes". Eso es un bar de barrio cuando funciona de verdad: un lugar al que no se va solo a consumir, sino también a continuar una rutina compartida.

Clientes habituales de Bar Paco (Fuenlabrada) durante un día de tapeo.

Clientes habituales de Bar Paco (Fuenlabrada) durante un día de tapeo. / Cedida

La familia como estructura del negocio

En Bar Paco la palabra familia no es un recurso literario. Es la estructura real del negocio. Hoy trabajan allí Paco, su mujer Pilar, sus hijos Paco y Patricia, su yerno Marco y Nuria, una empleada de apoyo los fines de semana. Entre todos sostienen un local pequeño, de apenas 40 metros cuadrados, que ha sabido encontrar su espacio sin renunciar a su forma de ser.

La imagen tiene algo excepcional en la hostelería actual. El relevo generacional no suele ser sencillo y menos aún en un oficio tan duro como este, marcado por los horarios largos, la exigencia diaria y una rentabilidad cada vez más apretada. Por eso Paco habla de sus hijos con una mezcla de alivio y orgullo. Ambos tenían formación universitaria y otros caminos posibles, pero han decidido quedarse. Apostar por el bar. Continuar.

Y ahí asoma una de las capas más interesantes de esta historia: no se trata solo de que el negocio sobreviva, sino de que sobreviva con continuidad, sin romper la cadena que une una generación con otra. "Lo que me sigue empujando son mis hijos", admite Paco, ya algo cansado después de tantos años de oficio. "Qué más alegría que se queden con ello".

La supervivencia de un bar tradicional no pasa por quedarse congelado en el tiempo. Bar Paco también ha cambiado. Y bastante. Cuando lo regentaba el padre de Paco, el local tenía una dinámica mucho más marcada por las partidas y un ambiente más masculino. Era otra época y otra forma de ocupar el bar.

Con el tiempo, y sobre todo tras la pandemia, Paco, el actual hostelero, decidió virar. Fuera partidas, dentro otro modelo más abierto, más familiar, más cómodo para todos. El resultado, según cuenta, fue claro: empezaron a entrar más mujeres, más niños, más grupos distintos. "Menos tensión, menos discusiones y más convivencia", sostiene. Un bar más permeable al barrio real.

No es una revolución estética ni una reinvención radical. Es otra cosa: una actualización silenciosa. La que permite a un negocio seguir siendo reconocible sin quedarse atrás. También ahí aparece el peso de la nueva generación. Su hijo y su hija han aportado ideas, sobre todo en la parte digital. Redes sociales, pequeños vídeos, otra forma de contar lo que pasa en el bar. No para convertirlo en algo distinto, sino para que siga respirando en el presente.

40 Aniversario del bar Paco en Fuenlabrada.

40 Aniversario del bar Paco en Fuenlabrada. / Cedida

Tapas, vermut y la importancia de no fallar

Si algo tiene claro Paco después de décadas detrás de la barra es que el secreto no está en hacer grandes discursos sobre la hostelería, sino en cumplir. Abrir cuando toca. Estar cuando toca. No bajar el listón. "La clave es mucha paciencia y no bajar el tema de los aperitivos", explica.

Lo dice alguien que conoce bien la liturgia madrileña del bar. El aperitivo no es un detalle menor: es parte del contrato emocional con la clientela. Y junto a él, otro factor que Paco considera sagrado: el horario. En un negocio pequeño, donde la fidelidad se construye día a día, no se puede improvisar con las persianas. "Si el cliente espera que el bar esté abierto a las siete, tiene que estarlo", añade.

Tapas en el bar Paco de Fuenlabrada.

Tapas en el bar Paco de Fuenlabrada. / Cedida

La propuesta de la casa gira en torno a esa lógica de proximidad y constancia: tapas, raciones, ibéricos, mejillones, vinos, cafés y una carta de vermuts que se ha convertido en una de las señas de identidad del local. El producto estrella, sin embargo, tiene nombre propio en la memoria del negocio: el pulpo que prepara Pilar, una de las tapas más celebradas del bar y una de las que más alegrías les ha dado.

No es casualidad. Han ganado cuatro veces la ruta de la tapa en su localidad, y lo han hecho desde un espacio pequeño y sin cocina al uso, apoyándose en una elaboración muy afinada y en un trabajo colectivo casi doméstico: pensar recetas en familia, probarlas en casa, ajustarlas y sacarlas luego a la barra.

Un bar pequeño con pulso grande

Bar Paco no vive tanto del trajín entre semana como del músculo del aperitivo y del fin de semana. Ahí la terraza marca la diferencia. Con el buen tiempo, el bar se ensancha hacia fuera y el parque de alrededor se convierte en aliado. Las tapas se disparan, tanto que entre semana se suelen vender una media de 20, pero los sábados y los domingos la cifra llegar a ascender a un centenar, el movimiento crece y el local muestra una de sus mejores caras: la de punto de encuentro popular, sin solemnidad y sin filtros.

Bar Paco en Fuenlabrada.

Bar Paco en Fuenlabrada. / Cedida

Es fácil imaginar la escena porque Paco la cuenta desde dentro, casi en directo, asomado a esa terraza que es hoy uno de los grandes activos del negocio. Hay algo profundamente reconocible en esa imagen: familias, vermut, una cerveza, niños cerca, vecinos que se cruzan, una ronda que se alarga. Es la vida de barrio condensada en unas mesas. En ese contexto aparece 'Tocayos', la iniciativa de Heineken que conecta bares independientes de toda España que comparten nombre. La marca ha puesto el foco en esos pequeños establecimientos para ofrecerles visibilidad y servicios de formación en un momento en el que la hostelería tradicional resiste como puede frente a un escenario cada vez más difícil.

La idea tiene algo ingenioso, sí, pero funciona sobre todo porque encuentra historias que ya estaban ahí. Historias como la de Bar Paco, donde el nombre no es una anécdota simpática, sino casi un árbol genealógico. Paco padre, Paco hijo, Paco nieto. Un linaje de barra y barrio que encaja de lleno en el espíritu de la campaña. La participación en el proyecto, cuenta el hostelero, les ha dado exposición y movimiento. Más clientes, más tapas vendidas, más curiosidad en el entorno. Pero sobre todo les ha dado una cosa menos tangible y probablemente más valiosa: reconocimiento. La sensación de que alguien ha mirado hacia estos negocios y ha entendido que detrás de su aparente normalidad hay algo importante.

En España hay muchos bares, pero no todos ocupan el mismo lugar en la vida cotidiana. Los bares de barrio cumplen una función que desborda la hostelería: acompañan. Sostienen hábitos, relaciones, pequeñas ceremonias diarias. Son lugares donde el tiempo no se detiene, pero tampoco atropella.