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CONCIERTO

El perreo salvaje de Bad Gyal: nalgazos de felicidad que dejan a Madrid temblando

La artista de Barcelona seduce al Movistar Arena con una provocativa y exuberante fiesta: repetirá la hazaña el 12 y 14 de abril

Bad Gyal, en el primero de los tres conciertos que dará en el Movistar Arena de Madrid.

Bad Gyal, en el primero de los tres conciertos que dará en el Movistar Arena de Madrid. / RICARDO RUBIO

Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

No se demore. Vaya a un concierto de Bad Gyal. Cuando pueda, donde sea. Ya lo agradecerá. La forma en la que Alba Farelo celebra la vida sobre el escenario es inaudita. Nalgazo, por allí. Orgasmo, por allá. Lleva 10 años haciendo lo que quiere y, claro, en tiempos de divas, la naturalidad es un bien preciado. Es directa en sus intenciones, sin enredarse en las palabras: habla de dinero, ropa y sexo con tal claridad que, pese a las imperfecciones vocales, ojo, te deja temblando. Es provocativa y exuberante. Altamente adictiva. Mira el presente sin ataduras. Y no tiene tapujos. Por ello, al menos una vez en la vida, haga caso, dele una oportunidad. Quienes lo hicieron anoche en Madrid hoy son un poquito más libres.

Habló poco. Apenas soltó unas breves palabras al principio: "¿Estamos ready? Yo sé que aquí hay muchas gatitas. ¡Miau!". Sin embargo, tampoco le hizo falta para hacerse entender: todo lo que tenía que decir estaba en sus canciones. De hecho, le bastó Un coro y ya para poner al Movistar Arena en aviso: “Este toto atrapa, no fue brujería”. La conexión fue inmediata. Los cortes de Más cara, su último elepé, el segundo, no tienen nada que envidiar a los de La joia. Son igual de descarados, pero con un puntito extra de bilis. Quizá, sea la edad. O el hartazgo. Pero, en cualquier caso, sonaron implacables, lo suficientemente ácidos para desatar la euforia. Con Dame, uf, qué locura, puso a 15.000 fieles a perrear. Una bachata que dejó patente su don para mezclar géneros sin complejos.

Bad Gyal está presentando 'Más cara', su segundo álbum.

Bad Gyal está presentando 'Más cara', su segundo álbum. / DANIEL GONZÁLEZ

Tocó el reguetón en Te daré, la guaracha en Fuma, el merengue en Duro de verdad y la shatta en Tic Tac, entre otros. Cuanto más latina, mejor. Lo hizo con salero, más suelta que en el arranque de la gira en Barcelona. Una estampa curiosa cuando, hace una década, tras lanzar Pai, un tema en catalán que usaba la base afrobeat de Rihanna en Work, nadie daba un duro por ella. Sin embargo, aguantó. Y, como hicieron C. Tangana, Rosalía y Yung Beef entonces, poco a poco, fue amasando una nueva escena urbana en España. De hecho, fue pionera en traer el dancehall y el dembow, convirtiéndose en una de las grandes referentes. El resultado hoy es asombroso. Ahí están las cifras: el día que lanzó Más cara, colocó las 19 canciones que lo conforman en el Top 200 de Spotify.

Este sábado, acompañada por 12 bailarines, mientras saltaba en cuclillas sobre uno de ellos, desveló su gran secreto: jamás ha seguido las modas, Bad Gyal es la moda. Una ambición que la vuelve aún más auténtica. “Vas a sacar la fiera si me sigues mirando así. En cinco, tengo el driver afuera para luego irnos de aquí”, continuó tentadora en Choque. No paró quieta durante toda la velada, aprovechando al máximo la escenografía que había montado para la ocasión: un club minimalista formado por un sofá circular y una mesa de cristal. Poca cosa para la bestia que los arañaba. Lo que demuestra que el show lo aguantó sólo ella, recreando un cunnilingus en Sin carné y jugueteando con un cuchillo en Perro.

Bad Gyal, en el concierto que ha protagonizado frente a 15.000 almas.

Bad Gyal, en el concierto que ha protagonizado frente a 15.000 almas. / RICARDO RUBIO

Sólo fallaron los interludios en los que Alba aprovechaba para respirar. Se hicieron largos, bastante anodinos. Por suerte, el público aprovechó cada regreso para terminar de endiosarla. Y, justo ahí, mientras la alumbraban con sus linternas, desplegó la traca final: un pelotazo detrás de otro, sin piedad. Zorra y Perdió este culo terminaron de calentar una atmósfera que, con Fiebre, su mayor éxito, alcanzó al éxtasis. Su propuesta no busca la intelectualidad que otras artistas hoy defienden. Sus canciones sólo quieren desinhibirte. Tal vez, por ello, sudor y taquicardia mediante, resulten tan fascinantes. Una fiesta que volverá a repetir el 12 y 14 de abril. Tres Movistar Arenas hasta los topes que reivindican su trono en la industria.