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ARTE

El Prado y el enigma de la Marquesa: los secretos de la obra de Goya rescatada de las garras del nazismo

La marquesa de Santa Cruz, retratada por Goya en 1805, estuvo a punto de ser un regalo diplomático para Hitler, pero finalmente el cuadro permaneció en España gracias a la honestidad de un museo estadounidense

Retrato de "La marquesa de Santa Cruz", pintado por Francisco de Goya en 1805

Retrato de "La marquesa de Santa Cruz", pintado por Francisco de Goya en 1805 / MUSEO DEL PRADO

El Museo del Prado conmemora un hito fundamental que parece extraído de una vibrante novela de espionaje internacional: los 40 años de la recuperación definitiva del retrato de Joaquina Téllez-Girón, universalmente conocida como La marquesa de Santa Cruz. Esta obra maestra de Francisco de Goya, ejecutada en su plenitud creativa en 1805, no es solo una joya del neoclasicismo español; representa el símbolo de una victoria jurídica sin precedentes en la defensa del patrimonio nacional frente a las redes de exportación ilegal.

Ahora, la pinacoteca madrileña nos invita a redescubrir esta pieza a través de una exposición única que, por primera vez en la historia, confronta el lienzo original con una de sus copias históricas. Esta puesta en escena revela los entresijos de una trama oscura que involucra a Adolf Hitler, Francisco Franco y el mercado negro de arte.

Joaquina Téllez-Girón

Joaquina fue la segunda hija de los IX duques de Osuna, Pedro de Alcántara Téllez-Girón y María Josefa Pimentel, quienes se consolidaron como los ilustrados más destacados de su tiempo. Como miembros de varias sociedades económicas de amigos del país e importantes mecenas de las letras y las artes, mantuvieron una estrecha amistad con Goya, quien fue su artista protegido y retratista de cabecera.

Antes de su matrimonio, Joaquina ostentó el título sardo de condesa de Osilo, una merced concedida a su madre sobre un antiguo señorío de la familia Borja. En 1801, su unión con José Gabriel de Silva y Waldstein, X marqués de Santa Cruz, la situó en el epicentro del poder. Su esposo no solo fue ministro de Estado de Fernando VII y director de las academias Española y de Medicina, sino que tuvo el honor de ser el primer director del Museo del Prado. Goya la capturó en 1805 como una musa de la música, recostada y serena, simbolizando la elegancia de una nobleza que aspiraba a la inmortalidad a través de la cultura.

Un regalo para Hitler: el equívoco de la cruz gamada

La historia se cruzó trágicamente en el camino de la marquesa en 1941. En plena Segunda Guerra Mundial, el régimen franquista buscaba gestos de cortesía hacia el Tercer Reich. El interés nazi por el cuadro nació tras la visita de Heinrich Himmler al Prado, quien quedó fascinado por un detalle técnico en la lira que sostiene la marquesa. Los nazis creyeron ver una cruz gamada en la decoración del instrumento cuando, en realidad, se trataba de un símbolo solar de tradición etrusca.

El equívoco fue suficiente para que Franco intentara convertir la obra en un regalo diplomático para Hitler. Para compensar a la familia propietaria, los Fernández Valdés, tras una adquisición forzosa por 1,5 millones de pesetas, el régimen encargó tres copias al pintor Francisco Núñez Losada. Afortunadamente, el intercambio nunca se materializó por razones logísticas y el cuadro original permaneció en España hasta los convulsos años ochenta.

El expolio y la histórica batalla legal de 1986

Tras décadas de relativa calma, la sombra del tráfico de arte volvió a acechar. En 1983, el cuadro salió clandestinamente de España hacia Zúrich y terminó en manos de Lord Wimborne, quien intentó venderlo al Museo Getty de Los Ángeles por 12 millones de dólares. La honestidad de la institución estadounidense, que rechazó la compra al sospechar de su origen ilícito, permitió al Ministerio de Cultura español iniciar una compleja ofensiva legal.

Al detectarse que la obra iba a ser subastada en la prestigiosa casa Christie's de Londres, el Estado español demostró ante los tribunales británicos que los permisos de exportación presentados eran falsos. Esta posición de fuerza permitió negociar la recuperación de la marquesa por 6 millones de dólares, regresando triunfalmente a España el 10 de abril de 1986.

Original frente a copia

Cuarenta años después de aquel regreso, la marquesa luce resplandeciente gracias a una labor excepcional de restauración. La muestra actual ofrece un contraste fascinante al exhibir el Goya auténtico junto a la copia de 1941 recientemente localizada en el mercado del arte. Mientras la pincelada de Goya vibra con luz natural, la reproducción de Núñez Losada muestra un tono amarillento que evidencia el paso del tiempo y la distancia artística entre el genio y el copista. Los visitantes pueden ahora explorar una infografía interactiva que profundiza en la vida de esta aristócrata.