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ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA

Diez años del programa de apoyo con perros a menores en sedes judiciales de Madrid: "La sala deja de ser un espacio amenazante"

Hasta 950 niños han acudido a declarar en los juzgados como víctimas o testigos acompañados de canes para ganar confianza en una iniciativa que ahora se ha extendido a mujeres víctimas de violencia

El consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local de la Comunidad de Madrid, Miguel Ángel García, con uno de los perros que participan en el programa de asistencia con perros de apoyo a menores en sedes judiciales.

El consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local de la Comunidad de Madrid, Miguel Ángel García, con uno de los perros que participan en el programa de asistencia con perros de apoyo a menores en sedes judiciales. / COMUNIDAD DE MADRID

Víctor Rodríguez

Víctor Rodríguez

Madrid

"Era una niña muy chiquitina, tenía 7 años y era una muñequita, muy bonita ella. Tenía mutismo selectivo y no conseguía contar lo que le había sucedido con su padre". Lo que le había sucedido con su padre es que la había cogido, la había puesto contra la pared y la había amenazado con un cuchillo. "Escucharte a ti mismo decir que tu padre ha intentado acabar con tu vida es difícil de contar. En un momento dado, la psicóloga forense y yo nos miramos y le dijimos: 'Igual es más fácil si se lo cuentas al oído a Kuba que a nosotras'". Kuba era la perra de Vanessa Carral, quien cuenta la historia, codirectora de Dogtor Animal y coordinadora del programa de asistencia a menores con perros de apoyo en sedes judiciales de la Comunidad de Madrid.

La niña levantó la oreja de Kuba y empezó a contárselo. "Se sintió segura. No se sentía segura contándoselo a un humano, pero sí se sentía segura contándoselo a un perro. Del susurro se pudo grabar, quedó registrado y fue un procedimiento válido".

El caso es uno de los de los 950 menores que han sido asistidos con perros de apoyo en procesos judiciales desde que hace 10 años comenzara a funcionar de forma pionera este programa en la Comunidad de Madrid. "Este proyecto permite que los niños que tienen que declarar en un juzgado, que tengan que participar en un procedimiento judicial, bien como víctimas, bien como testigos, puedan estar acompañados en todo momento por un perro que les asista", explicaba hace unas semanas el consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local del Gobierno regional, Miguel Ángel García, mientras hacía balance de la iniciativa. "Esto contribuye de manera muy significativa a reducir el estrés y la ansiedad que genera en los menores realizar este tipo de declaraciones en un entorno para ellos hostil, proporciona tranquilidad, otorga confianza a los niños y a las familias y permite obtener declaraciones en más detalle y más coherentes porque aumenta la confianza de los niños en los equipos judiciales".

"Cuando hablamos del programa de perros de apoyo judicial no estamos hablando solo de un recurso de acompañamiento, estamos hablando de cómo una institución decide mirar a las víctimas", asegura Carral. "Un niño que viene temblando por ansiedad y que tiene que contar uno de los episodios más horribles de su vida consigue hacerlo porque un perro de apoyo le acompaña durante toda la declaración. La sala deja de ser un espacio amenazante porque nuestros peludos lo convierten en un espacio de contención donde se recoge, se comprende y se empatiza".

Solo en el último año se asistió con perros de apoyo a 150 menores en las sedes judiciales de la región, lo que supone un 5,4% más que en 2024. Aunque el programa está abierto a menores entre 1 y 17 años, el 70% de los beneficiarios tenían entre 8 y 13 años, y un 3% presentaba algún tipo de diversidad funcional. El 60% de ellos declaraba como víctimas o testigos en casos de violencia, el 22% por revisiones de custodia y el resto por otros motivos, como abusos sexuales o revisión de tutelas. Para el 87% de ellos la ayuda resultó "imprescindible", según las encuestas realizadas. El servicio ayudó a mejorar la calidad de los testimonios en un 75% de los casos.

Beneficios fisiológicos

"El programa de perros de apoyo judicial viene de la base del vínculo entre humano y animal que existe de manera natural y que tiene beneficios a nivel fisiológico. La presencia de un perro en el juzgado reduce los signos fisiológicos del estrés, lo dice la literatura científica", argumenta la codirectora de Dogtor Animal, entidad especializada en intervenciones asistidas con animales al cargo de este programa en sedes judiciales. "No hay un entorno más estresante que un juzgado, y entonces canalizamos ese efecto fisiológico y ese vínculo emocional para que las personas que vienen a declarar se sientan emocionalmente más seguras, fisiológicamente más tranquilas y puedan contar su historia".

Eika, perra del programa de apoyo a menores en sedes judiciales que acaba de ser condecorada tras ocho años de servicio, con su dueña, Saskia.

Eika, perra del programa de apoyo a menores en sedes judiciales que acaba de ser condecorada tras ocho años de servicio, con su dueña, Saskia. / EPE

Psicóloga de emergencias en la Policía Nacional, Carral había sido testigo de lo difícil que resulta para niños y niñas afrontar procesos judiciales. Por eso desde que en 2008 pusieron en marcha el proyecto de Dogtor Animal tuvo en mente que se pudiera poner en marcha un proyecto de intervenciones asistidas en juzgados, algo que se venía realizando en países como EEUU y Australia. Se dirigió a instancias como el Defensor del Menor cosechando noes. "'¿Un perro en una sede judicial? Imposible', me decían", cuenta. Hasta que al cabo de ocho años dio con Alejandra Alonso, durante años al frente del Servicio de Modernización de la Administración de Justicia y hoy directora general de Recursos Humanos y Relaciones con la Administración de Justicia y le dieron un sí.

"Viajé a Estados Unidos a conocer la Courthouse Dogs Foundation y cómo trabajaban allí", prosigue. "Comenzamos en los juzgados de familia de manera pionera y durante tres años más o menos estuvimos adaptando el recurso, luego nos trasladamos a los juzgados de violencia y a día de hoy a toda la Comunidad de Madrid".

Empezaron con dos perros, Congo, que ya falleció, y Suri, de 16 años y ya jubilada como perro de apoyo. Aún recuerda la primera intervención, con Congo, en junio hará 10 años. "Fue en un despacho con una psicóloga forense y una trabajadora social, unos menores en un divorcio contencioso que lo estaban pasando muy mal porque había detrás un tema de violencia".

Individuos, no razas ni colores

Desde entonces han pasado por el programa numerosos canes. En la actualidad hay alrededor de ocho. "Nunca hablamos de razas, no hay diferencia en cuanto a raza o color", asegura Carral. "Un perro sea negro, blanco, labrador o galgo, va a hacer la misma conexión con el humano. Lo que sí que buscamos es un individuo. Un individuo que, primero, sea proactivo con el humano y, segundo, que sea tranquilo, que transmita paz, tranquilidad. Esos son los dos requisitos". A partir de ahí se les entrena en una obediencia básica, que sean perros educados para entrar en un espacio público, que se familiaricen con el entorno, que sepan subir a un sofá, que es donde van a acompañar al niño, y estar tranquilos.

"Para nosotras es superimportante que la interacción sea bidireccional, porque los perros tienen las mismas necesidades emocionales, de adiestramiento, de aprendizaje, de beber agua..., y tenemos que respetarlo", relata la cofundadora de Dogtor Animal. "Nuestros perros vienen a trabajar X horas al día, pero luego tienen tiempo para ser perros, con lo que conlleva de ensuciarse de barro, de dar paseos enriquecedores para ellos, de tener otros amigos perros...".

Por eso, cuando van haciéndose mayores y tras años de servicio, los perros de apoyo en sedes judiciales se jubilan. Ese ha sido el caso de Eika, de 14 años y recién condecorada tras ocho años en el proyecto. "Hay un programa de la ONCE para que los perros, en su primer año de vida están con familias de acogida para socializarlos", recuerda Saskia, su dueña. "Eika estaba en ese programa y como tenía un carácter muy bueno la querían seleccionar como perro de cría, pero tenía una cosa en el corazón, algo muy pequeño, y la rechazaron, y cuando los rechazan se suelen quedar con la familia de acogida. Yo había oído hablar del programa de perros en juzgados en EEUU y me enamoró. Quería hacerlo y conocí a Nessi [como llama familiarmente a Vanessa Carral]. No tengo nada que ver con el mundo social, soy publicitaria, pero entramos en el programa y a lo largo de estos años ha sido cumplir un sueño".

Marina y Kaia, hembra de galgo que se acaba de incorporar al programa de apoyo a menores en sedes judiciales.

Marina y Kaia, hembra de galgo que se acaba de incorporar al programa de apoyo a menores en sedes judiciales. / EPE

Como dice, se entra en contacto con "la parte fea de la sociedad". "Pero estás con un animal, tratas de gestionar las emociones de todo el que está y hacer un poco más suave esa experiencia y aprendes mucho de las familias, del sistema de justicia y, por supuesto, de los perros, es muy interesante. Yo siempre me fijaba en cómo traen las manos, muy apretadas, se nota muchísimo la tensión física en ellos. Y siempre intento el juego de que empiecen a acariciar a Eika. 'Mira, ¿has visto? Yo creo que tiene las orejas más suaves del mundo'. Y se van relajando", describe.

Mujeres víctimas de violencia

Así lo ha hecho con decenas de niños. Pero a Eika le cabe un mérito más: fue hace apenas unos meses el primer perro que acompaña a una víctima de violencia contra la mujer en una vista oral. Desde 2024 la asistencia con perros de apoyo se ha hecho extensible a mujeres víctimas de violencia. Seis mujeres han recurrido a ellos desde entonces. Para acceder a este servicio lo tienen que solicitar las propias mujeres, los padres de los menores o los equipos psicosociales en las oficinas de atención a víctimas del delito y un juez tiene que aprobarlo tras comprobar que no existe ningún tipo de inconveniente.

"Era una mujer con una discapacidad intelectual", narra Saskia. "Había venido ya un día a hacer su declaración y no pudo hacerla por su situación de ansiedad. Y fue algo muy impactante, porque, además no se hacía en la sala Gesell [habitaciones acondicionada para entrevistar a víctimas o testigos vulnerables con dos ambientes separados por un vidrio de visión unilateral, de manera que el declarante dialoga con los peritos en un entorno cómodo y aislados de jueces y abogados, que observan y escuchan sin intervenir, lo que rebaja la revictimización], sino que entramos en la sala con la jueza. Y de verdad, yo creo que si esta persona pudo hacer su declaración, si de alguna manera se pudo hacer justicia, fue gracias a que estaba el perro. Fue una situación muy compleja, pero a la vez muy bonita. Entre todos pudimos ayudar a que al menos diera su testimonio".

El mismo día que Eika era condecorada, Kaia, una hembra de galgo de 6 años, se estrenaba en el programa acompañando a una niña a declarar en una sala Gesell. "La hemos recibido cuando ha llegado y el encuentro ha sido muy tierno", dice Marina, educadora social de profesión especializada en intervención con infancia y dueña de Kaia. "La ha llevado ella con la correa hasta la sala Gesell y una vez allí, hasta que ha empezado la declaración, hemos estado hablando sobre el perrete, le ha permitido tener una conversación diferente. Ha estado a su lado todo el tiempo y luego, a la salida, le he hecho algunos truquillos con el perro, se han hecho unas fotos y se han despedido".