ENTREVISTA
Beatriz Sigüenza, directora de la Fundación Balia: "Uno de cada tres menores vive en riesgo de pobreza y muchas veces la sociedad no lo ve: es una pobreza invisible"
La organización, nacida en 2001, ofrece apoyo escolar, gestión emocional y actividades a más de 3.000 niños en Madrid, Sevilla y Guadalajara, buscando romper el ciclo de la pobreza

Beatriz Sigüenza, directora general de la Fundación Balia, en la sede en Madrid. / Alba Vigaray

La pobreza puede transmitirse de generación en generación, pero la educación también tiene el poder de romper ese ciclo. Con esa idea nació hace más de dos décadas la Fundación Balia, una organización que trabaja para ofrecer oportunidades a niños, niñas y jóvenes en situación de vulnerabilidad. Todo comenzó en el año 2001 en el distrito madrileño de Tetuán, con un pequeño centro en la calle Fereluz que cada tarde acogía a una treintena de menores. Beatriz Sigüenza, directora general de la Fundación Balia, explica el origen de la entidad, su evolución y el impacto que la educación puede tener en la vida de quienes más lo necesitan.
Balia nace para apoyar a los llamados niños de la llave. ¿Quiénes eran esos niños y cómo surge la fundación?
En 2001 tres mujeres que se conocían decidieron poner en marcha un proyecto social. Mientras buscaban a qué colectivo dirigirse, en la primera gran oleada de inmigración de América Latina, en la prensa empezó a hablarse mucho de los llamados niños de la llave: aquello que, debido a que sus padres trabajaban, llevaban la llave colgada y volvían solos a casa después del colegio. Este fenómeno se hizo especialmente visible con la llegada de la primera gran oleada de inmigración de América Latina a principios de los 2000.
Decidieron entonces enfocar su acción en esos niños y niñas. Llegaron al barrio de Tetuán, hablaron con colegios y servicios sociales y en septiembre de 2001 comenzaron con 30 niños en estas aulas. Así nació la fundación, cuyo símbolo es precisamente una llave. Desde entonces Balia ha crecido hasta atender a más de 3.000 niños en tres ciudades: Madrid, Sevilla y Guadalajara, tanto en centros propios como en colegios e institutos que ceden sus aulas fuera del horario escolar.
Vuestro modelo se basa en tres pilares: el apoyo escolar, la gestión emocional y la ciudadanía. ¿Cuál es su importancia?
Es imprescindible esa triple combinación. La gestión emocional se incorporó de forma pionera alrededor de 2012, antes de que se hablara abiertamente de salud mental como se hace hoy. Detectamos que muchos niños y niñas llegan con una carga emocional muy grande y proceden de familias donde, muchas veces por falta de recursos o formación, no se gestionan bien las emociones. Además, ambos aspectos están muy conectados: cuando mejora la parte emocional, suele mejorar también la educativa, y cuando mejoran en los estudios aumenta su autoestima.
La tercera pata, la ciudadanía y los valores, busca abrirles los ojos al mundo. Muchas veces no sabes dónde se producirá ese clic: puede ser visitando el Museo del Prado, yendo a la montaña o participando en una actividad cultural. Pero esas experiencias son fundamentales para que vean que existe un mundo más allá de su barrio.
¿Cuáles son hoy las principales líneas de trabajo de Balia con menores en situación de vulnerabilidad?
En infancia, que corresponde a la educación primaria, contamos con las Aulas Balia. Los niños acuden cuatro o cinco días a la semana por la tarde, donde se aplica nuestro modelo educativo: reciben apoyo escolar, meriendan y participan en actividades y juegos.
En la etapa de secundaria desarrollamos Territorio Joven, un programa al que los adolescentes acuden dos días a la semana para recibir apoyo escolar y realizar distintas actividades.Además, contamos con actividades como baile y baloncesto, que utilizamos como herramientas educativas para fomentar la gestión emocional y el bienestar.
Por último, está Generación Balia, dirigido a los jóvenes de mayor edad que ya están estudiando. En este programa se trabaja la orientación laboral, la gestión emocional y el acompañamiento a través de becas. Los jóvenes que reciben una beca deben participar también en este programa.
¿Cuál es el último proyecto que habéis puesto en marcha?
El de crianza en positivo para madres y padres, donde se enseña a familias con niños de 0 a 6 años herramientas para educar a sus hijos de manera positiva. Aprenden estas herramientas, las aplican en casa y todo funciona mejor. Las madres -que son la gran mayoría- están muy agradecidas; les encanta venir porque también encuentran un grupo de iguales. Es un espacio donde no se sienten juzgadas, pueden hablar de lo que les pasa con sus hijos y sentirse acompañadas por otras personas que viven situaciones similares.
En España el ascensor social se ha roto: el 85% de quienes nacen en pobreza siguen siendo pobres de adultos
¿Qué perfil tienen hoy las familias y menores que atendéis?
Familias en riesgo de exclusión social, generalmente con padre y madre y varios hijos, aunque cerca del 40% son familias monoparentales, en su mayoría madres solas con hijos. La pobreza está muy vinculada a este tipo de estructuras familiares. También atendemos a muchas familias de origen migrante, aunque más del 50% de los niños ya han nacido en España, por lo que muchos son migrantes de segunda generación.
El perfil también varía según el territorio. En Tetuán, por ejemplo, hay tradicionalmente mucha población de origen dominicano; en Latina encontramos más familias de Europa del Este y del norte de África; y en Guadalajara la presencia de población árabe es mayor.
¿Cómo llegan los niños y adolescentes a la fundación?
Llegan por boca a boca, a través de otras familias. También nos los derivan desde colegios, servicios sociales y, en algunos casos, Sanidad.
¿Hasta qué punto el lugar en el que nace o crece un niño determina sus oportunidades?
En España, alrededor del 85% de las personas que nacen en pobreza permanecen en esa situación a lo largo de su vida, lo que demuestra que el ascensor social está roto. En los años 70 y 80, con la llegada de la democracia, sí se produjo un gran ascenso social colectivo: muchas familias pudieron acceder a la universidad y mejorar sus condiciones de vida. Hoy ese ascenso es mucho más difícil y suele darse solo de forma individual. Por eso en Balia ponemos un gran énfasis en la educación, porque los estudios siguen siendo una de las principales herramientas para romper ese círculo de pobreza y generar oportunidades reales.

Eduardo Hernanz, educador, y Beatriz Sigüenza, directora de la Fundación Balia, en la sede en Madrid. / Alba Vigaray
Cuando hablamos infancia, muchas veces nos quedamos en el dato: 1 de cada 3 niños vive en riesgo de pobreza o exclusión social. ¿Qué dice de España como país y en qué estamos fallando a la infancia?
Ese dato tiene que ver, en parte, con que las clases más altas y las más pobres son las que más hijos tienen. Si miras las cifras en adultos, el porcentaje de pobreza es menor, alrededor del 20-25%. Creo que en España no hay una estrategia clara contra la pobreza infantil. Uno de los factores clave es la vivienda, que hoy es uno de los principales generadores de pobreza. Si el precio del alquiler bajara, muchas familias dejarían de estar en pobreza extrema. También está el problema educativo: no es lo mismo un colegio en Tetuán que en Las Rozas, porque algunos centros concentran muchos alumnos en riesgo de exclusión y con menos apoyo en casa. Ahí es donde interviene Balia, tratando de cubrir lo que el sistema educativo no puede abarcar.
Además, la pobreza infantil en España es muchas veces invisible. Los niños no viven en la calle ni van sucios, pero tienen muchas limitaciones económicas y de oportunidades. Por eso suelo decir que, cuando hablamos de que uno de cada tres niños vive en riesgo de pobreza, muchas veces los padres de los otros dos no terminan de creer que ese tercero exista.
Cumplís 25 años, ¿con qué misión llegáis a este aniversario y qué balance haces del camino recorrido?
Con la misión de especializarnos aún más y consolidarnos como la entidad de referencia para que más chicos y chicas en situación de exclusión social puedan acceder a estudios superiores. Ese es nuestro principal objetivo y hemos elaborado un plan estratégico para reforzar las áreas que lo hagan posible.
El balance es muy positivo. En España sobrevivir 25 años como entidad social no es fácil. Hemos crecido de forma orgánica y la idea es seguir creciendo para llegar a más jóvenes.
Cuando miras al futuro, ¿qué te gustaría que cambiara en España para que menos niños necesiten recursos como los que ofrece Balia?
Debería existir un compromiso real contra la pobreza infantil, porque es un problema que lastra al país. También sería necesario un pacto de Estado por la educación, por encima de los gobiernos, para evitar que la ley educativa cambie cada vez que hay un nuevo ejecutivo. Una apuesta firme por la educación pública, que es la que realmente transforma y genera oportunidades, ayudaría mucho a mejorar la situación.
Siempre digo que, en un mundo ideal, tendríamos que trabajar para que Balia no fuera necesaria, aunque lo que hacemos aquí sea muy bonito.
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