SEMANA SANTA
Madrid vive la gran jornada del Viernes Santo entre fe, devoción e ilusión
Ocho procesiones han recorrido la capital en la jornada más intensa de la Semana Santa madrileña

El paso de Jesús de Medinaceli a su salida. / AYUNTAMIENTO DE MADRID

Las calles de Madrid han despedido este Viernes Santo con la imagen que mejor resume la devoción de la capital: Jesús de Medinaceli avanzando lentamente entre filas de nazarenos, cirios encendidos y aceras repletas de fieles. Desde mucho antes de la salida, la plaza de Jesús ya anticipaba que no iba a ser una tarde cualquiera.

Procesión del Jesús Nazareno de Medinaceli, que ha partido de la basílica de Jesús de Medinaceli, celebrada este Viernes Santo en Madrid. / EFE/Daniel Gonzalez
Había familias, turistas, devotos de toda la vida y madrileños que cada año regresan al mismo punto para ver pasar una de las procesiones más multitudinarias de la ciudad que ha vuelto a reunir a miles de fieles y curiosos desde la plaza de Jesús hasta la Puerta del Sol, la calle Alcalá y la plaza de Canalejas.

En este Viernes Santo, estación de penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli. / Ayuntamiento de Madrid
A las siete de la tarde de esta jornada dedicada al recuerdo de la crucifixión y muerte de Jesús de Nazaret en el monte Calvario, el cortejo de la Archicofradía Primaria Nacional de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús el Nazareno comenzó su recorrido desde la basílica de Jesús de Medinaceli.
Entre los asistentes se encontraba el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, junto a la delegada de Cultura, Turismo y Deporte, Marta Rivera de la Cruz, y el concejal de Centro, Carlos Segura. Incluso, la ceremonia ha contado con la presencia de Diego Simeone quien ha querido acompañar este Viernes Santo al Cristo de Medinaceli en Madrid, en una de las citas religiosas más emblemáticas de la capital y a las puertas del tramo más exigente de la temporada para el Atlético de Madrid.

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez -Almeida (i), y el entrenador del Atlético de Madrid, Diego Simeone (d), asisten a la procesión del Jesús Nazareno de Medinaceli este viernes, en la basílica de Jesús de Medinaceli en Madrid. / EFE
La talla, una obra del siglo XVII, volvió a abrirse paso por el corazón de la capital sobre un trono de cuatro metros de altura y 3,5 toneladas, llevado por más de 120 costaleros. A su lado, Nuestra Señora de los Dolores en su Mayor Soledad completó una estampa reconocible para varias generaciones de madrileños. Delante y detrás, los nazarenos, con túnica morada, guantes blancos y cordón amarillo con borlones, dibujaron esa imagen sobria y característica que acompaña cada año a Medinaceli.
Un recorrido entre el silencio y la emoción
El itinerario volvió a atravesar algunos de los espacios más emblemáticos del centro, desde la carrera de San Jerónimo hasta la Puerta del Sol, la calle Alcalá o la plaza de Canalejas. Allí donde pasaba la imagen, el ruido habitual de la ciudad dejaba paso a un silencio espeso, roto solo por la música procesional, las indicaciones del cortejo y el murmullo de quienes buscaban un hueco para verla de cerca.
Uno de los momentos más intensos de la noche llegó en la calle Alcalá, cuando José el Berenjeno interpretó una saeta al paso de la imagen. La escena condensó buena parte del espíritu del Viernes Santo madrileño: emoción contenida, recogimiento y una ciudad entera pendiente durante unos minutos de una sola voz y una sola mirada.
No era la única muestra de fervor. A lo largo del recorrido, muchos devotos acompañaron la procesión con cadenas o antorchas, mientras la Agrupación Musical La Expiración de Salamanca puso sonido a una de las noches más esperadas de la Semana Santa.
La gran devoción de Madrid
La de Medinaceli no es solo una procesión multitudinaria. Es también una de las devociones más arraigadas de Madrid. La imagen llegó a la ciudad en 1682 y, desde entonces, su historia ha ido agrandando su peso simbólico entre los fieles. Su vinculación con episodios de rescate, traslados y conservación a lo largo de los siglos ha reforzado la dimensión casi legendaria de una talla que hoy sigue movilizando a miles de personas.

Procesión del Jesús Nazareno de Medinaceli, que ha partido de la basílica de Jesús de Medinaceli, celebrada este Viernes Santo en Madrid. / EFE/Daniel Gonzalez
Ese arraigo volvió a hacerse visible en la noche del Viernes Santo, cuando el centro de Madrid se convirtió en un corredor de fe y espera. La procesión de Medinaceli fue el gran foco de una jornada que, un año más, concentró los cortejos más esperados de toda la Semana Santa madrileña.

Vista de un momento de la procesión del Jesús Nazareno de Medinaceli este viernes, en la Semana Santa de Madrid. / EFE/ Daniel Gonzalez
Del Palacio Real a la Plaza de la Villa
Mientras Medinaceli avanzaba por el centro, el Santísimo Cristo de los Alabarderos salía desde la Puerta del Príncipe del Palacio Real en otra de las imágenes más solemnes del día. El delegado de Urbanismo, Medio Ambiente y Movilidad, Borja Carabante, asistió a un cortejo marcado por la presencia de alabarderos, nazarenos, mantillas y el acompañamiento musical de tambores y pífanos de la Guardia Real.

Vista de un momento de la procesión del Santísimo Cristo de los Alabarderos este viernes, en Madrid. / EFE/Sergio Pérez
La Plaza de la Villa volvió a concentrar parte de la emoción de la jornada. Allí se vivió el encuentro entre la Virgen de los Siete Dolores y el Divino Cautivo, uno de esos instantes que detienen el paso del público y convierten la noche en una suma de pequeños rituales compartidos. Antes de que cada imagen retomara su camino, Fernando Caballero puso voz a otra saeta desde un balcón de la plaza.

Vista de un momento de la procesión del Santísimo Cristo de los Alabarderos este viernes, en Madrid. / EFE/Sergio Pérez
Ocho procesiones en la jornada central
El Viernes Santo madrileño se completó con otros cortejos repartidos por distintos puntos de la ciudad. A la salida de Medinaceli y la de los Alabarderos se sumaron el Divino Cautivo, María Santísima de los Siete Dolores, el Santo Entierro en Villaverde, el Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de la Soledad en Barajas, el Santo Entierro del centro y la Procesión del Silencio en Carabanchel.
Con todas ellas, Madrid despidió la jornada central de su Semana Santa entre calles abarrotadas, aceras en silencio y un pulso distinto al de cualquier otra noche del año. En el centro de esa imagen, una vez más, volvió a estar Medinaceli.
Esta congregación, fundada en 1632 y refundada en 2002, recibe el nombre de Cristo de los Alabarderos desde el siglo XVIII y cuenta con la escolta de los alabarderos del rey durante el cortejo. A su paso por la plaza de la Villa, Fernando Caballo ha interpretado una saeta desde el balcón de la Casa de la Villa.
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