OCIO EN LA CAPITAL
La tarta de queso Luna & Wanda, de obrador a plan: así son sus nuevas catas en Madrid
La firma madrileña nacida en 2020 da un paso más allá de la pastelería y transforma su local de la calle Belén en un punto de encuentro para probar, charlar y entender por qué su clásica sigue siendo una de las tartas más deseadas de Madrid

Catas Luna & Wanda. / Cedida

Hay proyectos que nacen con la intención de vender un buen producto y otros que, casi sin proponérselo, terminan creando un pequeño universo propio. Eso es lo que ha pasado con la firma madrileña de tartas de queso Luna & Wanda. Lo que empezó en 2020 como una idea cocinada en casa, con una receta afinada poco a poco y sin grandes artificios, se ha convertido en una de las direcciones más reconocibles de Madrid para los amantes de este dulce que no pasa nada de moda.

Las nuevas catas de Luna & Wanda combinan tartas, vino y conversación en un formato cercano y desenfadado. / Cedida
Y ahora, en una ciudad donde no es fácil lograr que un producto se convierta también en plan, la marca da un paso más: transforma su espacio de Salesas en un lugar para probar, brindar, charlar y descubrir su mundo de una forma cercana, informal y muy apetecible.
De un obrador en Ferraz a un plan con sello propio
La idea, en realidad, no nació en un gran lanzamiento, sino casi en formato prueba. Según explica Sergio Arjona, CEO de Luna & Wanda a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, todo empezó en el obrador de Ferraz, donde organizaron una pequeña cata para apenas diez personas. Aquello funcionó. Gustó. Y dejó claro que había algo más que una buena tarta: había relato, curiosidad y ganas de convertir el producto en una experiencia más amplia. De ahí salió el salto al local de la calle Belén, donde ahora las catas se celebran los martes y jueves, con grupos de unas 20 personas y un precio de 60 euros por asistente.

Luna & Wanda lleva su universo dulce más allá del mostrador con nuevas catas informales en Salesas. / Cedida
La clave está en que no se plantean como una sesión técnica ni como una clase magistral para entendidos. Al contrario. Luna & Wanda ha querido huir del tono encorsetado para proponer una experiencia mucho más relajada, casi como una sobremesa bien montada alrededor de un postre que Madrid ya tiene muy fichado. La propia marca define estas sesiones como un formato cercano, dinámico y guiado por el equipo, en el que se combinan tartas, vinos, música e historias del proyecto.
Lo interesante es que el local de Salesas no se queda solo en este formato. El espacio, en la planta baja, quiere funcionar como algo más amplio: club de lectura, exposiciones de fotografía, reuniones de empresa y encuentros privados. Se trata de un lugar flexible donde la tarta de queso actúa como punto de partida, pero no necesariamente como único motivo.
La tarta que hizo marca
Ese giro encaja bastante bien con la evolución de la marca. Luna & Wanda nació en 2020, en casa de Sergio Arjona, cuando pasó de consultor a repostero casi por accidente durante el confinamiento. Lo que empezó con un horno doméstico y una receta que fue afinándose poco a poco, hoy es una estructura de 25 personas, tres tiendas en Madrid y una cuarta apertura en camino. En ese crecimiento, la marca ha logrado algo bastante difícil: mantener una estética reconocible y una narrativa de producto artesanal sin renunciar a una ambición claramente empresarial.
Buena parte del fenómeno se entiende cuando uno mira al producto. La receta de Luna & Wanda ha construido una identidad muy concreta: exterior tostado, interior cremoso y una base de galleta María con mantequilla que conecta de inmediato con un imaginario muy reconocible, casi doméstico, muy de memoria gustativa.
A partir de ahí, la marca ha ido ampliando sabores y matices. Pero hay una jerarquía clara entre los favoritos del público. La clásica sigue siendo, con diferencia, la más vendida. Después llegan la de pistacho y la de Lotus, que completan el podio de una casa que ha sabido leer muy bien el gusto madrileño sin perder su propio sello.

Tarta de queso clásico elaborada en Luna & Wanda. / Cedida
En las catas, además, ese universo se expande con combinaciones y guiños que ayudan a entender mejor el producto. Aparecen perfiles de queso crema, azul o cabra, además de acompañamientos como mermelada de higo y avellana, en un recorrido pensado más para despertar conversación que para pontificar sobre tecnicismos.
Del obrador al reconocimiento
La popularidad no ha llegado sola. Luna & Wanda suma ya reconocimientos como el tercer premio a la mejor tarta de queso de Madrid, concedido por ACYRE, además del primer puesto como mejor pastelería, hitos que refuerzan el peso que ha ido ganando en el mapa dulce de la ciudad.
También ayuda el cuidado estético que rodea al proyecto. Desde el diseño de las tiendas hasta detalles más concretos, como las piezas de la ceramista Almudena Pedreño, todo parece responder a una misma idea de marca: artesanal, sí, pero también contemporánea, limpia y suficientemente aspiracional como para encajar en un barrio como Salesas sin perder calidez.

Así convierte Luna & Wanda uno de los postres favoritos de Madrid en plan de tarde. / Cedida
El éxito de Luna & Wanda explica bastante bien un cambio de fondo en el consumo gastronómico madrileño. El cliente ya no busca solo llevarse una caja bonita a casa. Busca también una historia, una experiencia, una excusa para quedar y una manera distinta de acercarse a un producto que ya conoce. Ahí es donde estas catas encuentran sentido.
Porque, en el fondo, la jugada de Luna & Wanda no consiste únicamente en vender más tarta de queso. Consiste en convertirla en plan. Y en una ciudad donde cada semana aparece una nueva apertura, lograr que un postre se transforme en destino ya dice bastante del momento que vive la marca.
Un fenómeno que sigue creciendo
Con más de 100.000 tartas vendidas en 2024 y tres direcciones consolidadas en Ferraz, Ponzano y Belén, Luna & Wanda ha dejado de ser una promesa para convertirse en una de esas firmas que ya forman parte de la conversación gastro madrileña.
Ahora, con estas catas, da un paso lógico: salir del mostrador y acercarse más al público. No para explicar de forma académica lo que hace, sino para compartirlo en un formato amable, informal y muy alineado con el tipo de plan que hoy funciona en Madrid. Una ciudad donde la tarta de queso sigue teniendo tirón, sí, pero donde además cada vez importa más cómo se cuenta.
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