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CULTURA

A 666 metros sobre el nivel del mar: 141 años de misterio del Ángel Caído en Madrid

Inaugurada en 1885, la escultura fue inspirada en el poema 'El paraíso perdido' de John Milton, lo que explica la fuerza simbólica del monumento en Madrid

La estatua del Ángel Caído.

La estatua del Ángel Caído. / Antonello Dellanotte - Ayuntamiento de Madrid

Madrid

En pleno parque del Retiro, El Ángel Caído se ha consolidado como una de las esculturas más reconocibles de la capital. La obra representa a Lucifer en el momento de su caída, con la serpiente enroscada en su cuerpo y un conjunto escultórico en el pedestal que remite a su descenso a los infiernos.

Se trata de una pieza del madrileño Ricardo Bellver, adquirida por el Estado por 4.500 pesetas, según recoge el Ayuntamiento de Madrid. Con el paso del tiempo, se ha convertido en una parada habitual para quienes visitan la ciudad y en uno de los monumentos que más curiosidad despiertan por su iconografía.

De la Exposición de París al Retiro

La intención inicial era enviar la escultura a la Exposición Universal de París de 1878. Sin embargo, la primera versión estaba realizada en yeso y el certamen solo admitía obras en mármol o bronce. La solución fue fundirla en bronce.

Finalmente, el monumento fue inaugurado en 1885 por la reina regente María Cristina de Habsburgo, sobre un pedestal concebido a modo de fuente. Más tarde, la Corona lo donó a la Villa de Madrid.

La ubicación elegida fue un enclave del Retiro que anteriormente había albergado la ermita de San Antonio de los Portugueses y, después, la Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro.

La inspiración de John Milton

Bellver tomó como referencia El paraíso perdido, el poema de John Milton sobre la confrontación entre Dios y Satán. “Por su orgullo cae arrojado del cielo con toda su hueste de ángeles rebeldes para no volver a él jamás”, escribió el poeta.

Esa influencia literaria explica buena parte de la fuerza simbólica de la escultura, que ha alimentado durante décadas la fama del monumento y su asociación con la figura de Lucifer.

La leyenda de los 666 metros

Uno de los elementos que más ha contribuido a la popularidad de El Ángel Caído es su emplazamiento. La glorieta donde se encuentra se sitúa a 666 metros sobre el nivel del mar, una cifra que suele vincularse con el llamado número de la Bestia.

Pese a ello, el dato tiene una explicación geográfica mucho más prosaica. Madrid se levanta a una altura media de 655 metros sobre el nivel del mar, por lo que esa cota entra dentro de la altitud habitual de la capital y no responde a ningún simbolismo añadido.

Otro “ángel caído” en Madrid

El Retiro no es el único punto de Madrid en el que puede encontrarse una figura alada asociada a una caída. En la calle de los Milaneses, junto a la calle Mayor, se alza Accidente aéreo, una obra situada en la azotea del número 3.

Instalada en 2005, muchos la interpretaron como una especie de segundo ángel caído o incluso como una representación de Ícaro. Sin embargo, su autor, Miguel Ángel Ruiz Beato, explicó que los 300 kilos de bronce representan a “un hombre alado que sale a dar una vuelta y al volver, volando tranquilamente de espaldas mientras toma el sol, no se percata de que en el prado donde aterriza siempre ha crecido toda una ciudad. El resultado es este accidente”.

Esculturas de Lucifer fuera de España

Madrid no es la única ciudad que cuenta con una escultura vinculada a Lucifer. También existe otra en los jardines interiores del Capitolio Nacional de La Habana, en Cuba, aunque en este caso la representación difiere de la madrileña y muestra a un Lucifer con el puño en alto.

A ello se suma el monumento de la plaza Statuto, en Turín, una pirámide de grandes rocas coronada por una figura identificada con Lucifer por el lucero que porta en la frente.

Un icono entre el arte y la leyenda

Más de un siglo después de su inauguración, El Ángel Caído sigue ocupando un lugar singular en el imaginario madrileño. Su valor artístico, su origen literario, la simbología que lo rodea y la curiosidad generada por su altitud han convertido esta escultura en una de las piezas más reconocibles del patrimonio monumental de Madrid.