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POR LA IGUALDAD

María, una de las pocas costaleras en la Semana Santa de Madrid: "Hubo hombres que abandonaron la hermandad cuando entré por ser mujer"

La joven de 29 años es una de las únicas cuatro costaleras de la Hermandad del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, Nuestra Señora de la Esperanza de Madrid y San Juan Evangelista

María García (centro), junto a otras dos costaleras de la hermandad.

María García (centro), junto a otras dos costaleras de la hermandad. / ALBA VIGARAY

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

Son cuatro y ninguna de ellas supera la treintena. Junto a sus 40 compañeros, sostendrán al Cristo de las Tres Caídas a su salida por Madrid este miércoles. Hasta hace dos años, la Hermandad no permitía a las mujeres introducirse bajo el paso. “Fue la primera en hacerlo, al menos en el centro de Madrid. No sentó bien a todo el mundo. Aunque la acogida fue buena, hubo hombres que abandonaron la cofradía porque no querían que entrasen mujeres. Decían que no iban a estar con nosotras”, cuenta María García, una de las únicas cuatro costaleras de la agrupación. La joven, de 29 años, vive y trabaja como maestra de Educación Primaria en Valdemorillo, al noroeste de la región. Se enamoró de la imagen del Cristo de las Tres Caídas una noche de luna llena, hace ya varios años. “Me cautivó cuando lo vi, literalmente. Recuerdo que estaba en la zona de Puerta de Toledo, en una parte del recorrido muy larga y costosa para ellos. Desde ese momento tuve claro que quería ser sus pies. Mandé un mensaje a la hermandad preguntándoles qué podía hacer. Nunca antes había experimentado un sentimiento tan profundo”, relata. 

La madrileña, que es además la primera costalera de su familia, ha estado ligada a la Virgen de la Esperanza desde pequeña: “La tengo en mi pueblo, pero la Señora de Madrid también es muy importante para mí. Recuerdo cómo cada Domingo de Ramos los niños representábamos la Pasión en forma de teatro. Luego íbamos a comer tortilla al campo y veíamos todas las procesiones. Según fui creciendo me empezaron a interesar más. Veía cómo sacaban los pasos a la calle y me preguntaba cómo lo hacían”. Aquella solicitud que envió hace ya tres años tuvo una respuesta que no imaginaba. A María le dijeron que no, por ser mujer: “Que aún no estaba estipulado por los estatutos. De momento no podía ser costalera. Era algo reservado para los hombres. Me sentí decepcionada. No lo entendía. Yo sabía que podía. Quería que, al menos, me dejasen intentarlo. Y luego ya que tomasen una decisión. Me enfadé mucho”. No todo fue negativo. Su decisión plantó una semilla en la agrupación que, justo un año después, cambiaría el rumbo de las mujeres en la Semana Santa madrileña.

La Hermandad del Cristo de las Tres Caídas durante el retranqueo.

La Hermandad del Cristo de las Tres Caídas durante el retranqueo. / ALBA VIGARAY

María y el resto de costaleros sostendrán al Cristo de las Tres0 Caídas a su salida por Madrid este miércoles.

María y el resto de costaleros sostendrán al Cristo de las Tres Caídas a su salida por Madrid este miércoles. / ALBA VIGARAY

“Me dijeron que no había sido la única. Había otras chicas interesadas y desde dentro empezaron a cuestionarse el por qué cerrarnos las puertas. Algunos dijeron que podríamos ser uno más. Otros que probásemos y así veían si valíamos o no. Días más tarde, un amigo que ya estaba bajo el paso, me llamó y me lo contó. Las mujeres podíamos ser costaleras y La Igualá estaba al día. Empecé a pegar gritos y a saltar como una loca”, cuenta. Este miércoles, María saldrá por segunda vez bajo el Cristo de las Tres Caídas: “Son muchísimas emociones. Llevo todo el año esperando este momento. Tantos ensayos, tanto esfuerzo, tantos sentimientos… Para mí es grandísimo. Estoy súper orgullosa de ser de las primeras mujeres en hacerlo en Madrid. Todavía hay cofradías en las que no podemos, especialmente las que son más importantes o numerosas”. García cree que en aquellas hermandades que llevan el paso en ‘andas’, es decir, a los hombros, la presencia femenina es más numerosa: “Nosotros lo llevamos a costal, en el morrillo, entre el cuello y la espalda. Así es más raro”. 

Tradición masculina

Recuerda los nervios que sintió durante los primeros ensayos. No fue la única. Sus dos compañeras también lo experimentaron. “Teníamos miedo de no ser capaces y que todo lo que habíamos luchado se desmoronara de golpe. Desde el primer día hemos tenido que demostrar mucho más que el resto de compañeros. Pero no a los que están bajo el paso, sino a los que están fuera y dudaban de nosotras. No es más que un reflejo de lo que ocurre a día de hoy en muchos sectores. Cada vez menos, pero la Semana Santa conlleva muchas tradiciones y está muy masculinizada todavía”, lamenta, mientras recuerda el veto a las mujeres en la Semana Santa de Sagunto, en Valencia: “Me cabrea muchísimo. No entiendo por qué creen que pueden limitar nuestra propia fe y relajarnos a ser mantillas o nazarenos. Si mi fe me pide sacar al Cristo a la calle o participar en el propio cortejo, por qué me lo van a impedir. No veo la lógica”. Los pasos dados no son más que el inicio de un largo camino que María y compañía acaban de iniciar. 

María García (centro), durante el retranqueo en la Real Iglesia Parroquial de Santiago y San Juan Bautista.

María García (centro), durante el retranqueo en la Real Iglesia Parroquial de Santiago y San Juan Bautista. / ALBA VIGARAY

Hasta hace dos años, la Hermandad no permitía a las mujeres introducirse bajo el paso.

Hasta hace dos años, la Hermandad no permitía a las mujeres introducirse bajo el paso. / ALBA VIGARAY

Desde que es costalera, a María le acompaña su madre en cada ensayo: “Ella también ha entrado en la hermandad. Va a ser la aguadora, así que estará conmigo en el paso. Mi padre, en cambio, pensaba que sólo me haría daño. Ahora está súper orgulloso, me apoya en todo”. Cada uno se prepara como quiere. La madrileña, por ejemplo, pasa varios meses en el gimnasio antes de los últimos ensayos: “Desde Navidad, cuando hacemos la Igualá y nos miden a todos con el calzado definitivo para ponernos por las trabajaderas, empiezo a ejercitar la espalda para fortalecer la zona”. Dentro de la agrupación, la maestra nunca se ha sentido infravalorada. Sin embargo, el año pasado vivió una situación algo incómoda tras escuchar las declaraciones del capataz de otra cofradía: “Este hombre dijo en televisión que no estaba de acuerdo con que hubiera mujeres debajo del paso porque pasaban cosas extrañas y se decía de todo. Cuando lo escuché me sentí fatal porque no es verdad. Se dicen cosas, eso es verdad. Pero, mientras caminas, lo último que piensas es en algo sexual. Y si nos tocamos unos a otros es porque el espacio es muy estrecho ”. 

Generar referentes

La Hermandad del Cristo de las Tres Caídas, Nuestra Señora de la Esperanza de Madrid y San Juan Evangelista, saldrá a la calle este miércoles a las 19:45 horas desde la Iglesia Parroquial de Santiago y San Juan. Por el camino, atravesará la Plaza de Ramales, bajará la calle Requena, cruzará el Palacio Real y llegará hasta la Catedral. “Hacemos la estación de penitencia ahí. Nos gustaría adentrarnos, pero los relieves laterales hacen que no quepa el paso, entonces nos quedaremos fuera”, dice. El recorrido continuará por la calle Mayor, el Mercado de San Miguel y la plaza de Puerta Cerrada: “Hacemos una parada en Casa Lucio, que son hermanos honoríficos de la hermandad. Seguimos por la calle Almendros, San Pedro el Viejo, Jesús el Pobre, Cordón y terminamos en la calle Santiago, alrededor de la 1:30 horas de la madrugada”. Durante el recorrido, bajo el paso apenas se escucha nada. “Algún insulto, por el esfuerzo cuando cae el peso. Todos estamos en silencio, pensando en nuestros seres queridos y en aquellos que ya no están”, sostiene. 

La Hermandad del Cristo de las Tres Caídas saldrá este miércoles de la Real Iglesia Parroquial de Santiago y San Juan Bautista.

La Hermandad del Cristo de las Tres Caídas saldrá este miércoles de la Real Iglesia Parroquial de Santiago y San Juan Bautista. / ALBA VIGARAY

Interior del paso del Cristo de las Tres Caídas.

Interior del paso del Cristo de las Tres Caídas. / ALBA VIGARAY

María estima que la presencia de mujeres en las hermandades que recorren el centro de la ciudad con los pasos a sus hombros no supera el 2%: “Si contamos las pequeñas, de los barrios, quizás se eleve a un 10%. En las cofradías grandes se protegen más los estatutos y la tradición pesa”. La presencia de costaleras como María supone un punto de inflexión para la Semana Santa madrileña, que no ha dejado de evolucionar desde su fundación en el siglo XVI. “Estamos cambiando las cosas. De hecho, la chica que se ha incorporado este año, se ha animado porque íbamos tres mujeres. Poco a poco va habiendo más igualdad. Nos convertimos en referentes para las futuras generaciones. Esta semana he dado una charla en el colegio sobre lo que representa estar bajo el paso y me ha sorprendido la cantidad de niñas que han querido probarlo”, concluye. Mientras espera a que otras agrupaciones abran sus puertas a las mujeres, la joven se sumerge bajo el paso para vivir el momento más especial del año.