SOSTENIBILIDAD
De un bar de Madrid a una escuela en África o una aldea de India: así convierte AUARA el consumo en agua potable
Lo que en una mesa madrileña parece un gesto mínimo, en otros lugares del mundo puede traducirse en salud, escolarización y acceso a agua potable

Antonio Espinosa de los Monteros, al frente de AUARA, la marca española que ha convertido cada botella en una herramienta de impacto social. / Cedida

En Madrid, pedir una botella de agua en un bar parece uno de los gestos más simples y automáticos de la vida urbana: acompaña un menú del día, calma la prisa entre reuniones o se sirve en una sobremesa que se alarga. Pero en torno a ese gesto cotidiano la empresa social madrileña AUARA ha levantado un modelo empresarial insólito: convertir cada consumo en una vía de acceso a agua potable para comunidades vulnerables al otro lado del mundo.
En un mercado saturado de marcas, la compañía fundada por Antonio Espinosa de los Monteros no vende solo agua mineral; ha hecho de su propia estructura una declaración de principios, destinando el 100% de sus dividendos a proyectos sociales y apostando, además, por la sostenibilidad de unas botellas fabricadas con plástico 100% reciclado. La pregunta ya no es solo qué bebemos, sino qué impacto dejamos con algo tan aparentemente banal como pedir agua en una mesa de los bares de la capital. Sobre la idea de transformar un hábito de consumo en una herramienta de cambio gira esta conversación con su CEO y cofundador.

Antonio Espinosa de los Monteros, CEO y cofundador de AUARA, la empresa social que destina el 100% de sus dividendos a proyectos de acceso a agua potable. / Cedida
AUARA destina el 100% de sus recursos a proyectos sociales. ¿Cómo se sostiene económicamente un modelo así dentro del competitivo mercado de bebidas?
Este modelo completamente social se sostiene siendo competitivos, eficientes y construyendo una marca sólida. La diferencia es que en nuestro caso el impacto social no es algo añadido, desde el primer momento era el objetivo de AUARA. No repartimos dividendos, todo se reinvierte en proyectos, pero eso no significa que no tengamos que ser rentables. Al contrario, cuanto mejor funciona la empresa, más impacto podemos generar. Nuestro crecimiento no es un fin en sí mismo, es la palanca para ayudar a más personas.
Si alguien compra una botella de AUARA en un bar de Madrid, ¿qué impacto real está generando en ese momento?
Está contribuyendo directamente a que llegue agua potable a comunidades que hoy no la tienen. Nuestro modelo es muy claro: por cada litro de agua AUARA que se consume, generamos 9 litros de agua potable en países en vías de desarrollo. Detrás de ese gesto hay proyectos concretos: pozos, canalizaciones, letrinas o sistemas de riego que mejoran la vida de miles de personas. Es convertir un acto cotidiano en una herramienta de cambio real.
¿Cuántas botellas aproximadamente hacen falta para financiar una infraestructura de acceso a agua potable?
Depende mucho del tipo de proyecto y del contexto, no es lo mismo construir un pozo en una zona rural que desarrollar un sistema de canalización o saneamiento en una comunidad más compleja. Pero, por simplificar, hablamos de decenas de miles de botellas para financiar una infraestructura completa. Lo importante es entender que cada botella suma. Nuestro modelo está pensado precisamente para eso: que pequeños gestos cotidianos, cuando se multiplican, permitan financiar proyectos que cambian la vida de comunidades enteras.
AUARA afirma que no vende 'agua con causa', sino que es una empresa creada con propósito. ¿Cuál es la diferencia real?
La diferencia está en el origen y en el modelo. Una marca con causa suele añadir un componente social a su actividad a través de donaciones o campañas concretas. En nuestro caso, el propósito no es algo añadido, es la razón de ser de nuestra compañía. AUARA nace para resolver un problema —la falta de acceso a agua potable— y todo el modelo está diseñado en torno a eso. No hay una parte del negocio que genere impacto y otra que no: el impacto está integrado en cada decisión y en cada producto. No es algo puntual, es estructural.

Proyecto Pozo en Bouga para suministro de agua. / Cedida
Después de diez años y más de 168.000 personas con acceso a agua limpia, ¿qué historia o proyecto le ha marcado especialmente?
Es difícil quedarse con uno solo, porque cada proyecto tiene un impacto muy tangible. Pero hay algo que se repite y que siempre nos marca: ver cómo cambia la vida de una comunidad cuando llega el agua. Recuerdo especialmente proyectos en escuelas, donde la instalación de agua y letrinas no solo ayuda a mejorar la higiene, sino que reduce el absentismo y permite que muchos niños y niñas puedan seguir estudiando. O comunidades donde, tras la construcción de un pozo, las mujeres dejan de caminar horas cada día para recoger agua. Más que un proyecto concreto, lo que te marca es ese momento en el que entiendes que algo tan básico puede transformar completamente la vida de las personas. Ahí es cuando realmente tomas conciencia de la importancia de lo que hacemos.
¿Qué es lo primero que cambia en una comunidad cuando llega el acceso a agua potable?
Lo primero que cambia es la salud. Disminuyen las enfermedades que se producen por utilizar agua contaminada. Pero también hay otros cambios como que los niños y niñas pueden ir a la escuela y las mujeres dejan de dedicar horas cada día a buscar agua. En realidad, el acceso al agua activa una cadena de cambios. Mejora la higiene, aumenta la escolarización, se generan pequeñas actividades económicas… Es el punto de partida para el desarrollo. Cuando el agua llega, todo empieza a cambiar.
¿Cuál ha sido el lugar más remoto o sorprendente al que ha llegado un proyecto financiado con una botella vendida en España?
Hemos llegado a comunidades realmente remotas, en zonas rurales de África o Asia donde el acceso es muy complicado y las infraestructuras prácticamente inexistentes. Pero más que un lugar concreto, lo que siempre sorprende es la conexión de las acciones. Pensar que una decisión tomada en un bar de Madrid puede terminar transformando la vida de una comunidad en una aldea de Benín, en una escuela en Kenia o en una comunidad en la India. Esa conexión entre dos realidades tan distintas es, probablemente, lo más impactante de todo el modelo.

Proyecto Pozo en Bouga para suministro de agua. / Cedida
¿Qué retos encuentran para garantizar que esas infraestructuras sigan funcionando años después de su construcción?
El principal reto es entender que el impacto no termina cuando se construye la infraestructura, sino que empieza ahí. Para garantizar la sostenibilidad a largo plazo es clave contar con socios locales que conozcan el contexto y puedan hacer seguimiento, formar a la comunidad en el uso y mantenimiento de las instalaciones y generar un sentimiento de responsabilidad compartida. También es importante que la propia comunidad participe desde el inicio en los proyectos y lo sientan suyo. Al final, un pozo o una canalización pueden construirse en poco tiempo, pero asegurar que sigan funcionando años después requiere acompañamiento, compromiso y una visión a largo plazo. Ese es, sin duda, uno de los mayores desafíos y también una de nuestras prioridades.
Desde la integración en Corporación Hijos de Rivera, ¿qué ha cambiado en la capacidad de AUARA para generar impacto?
La integración nos ha permitido dar un salto en escala, profesionalización y alcance. Gracias a su experiencia en gran consumo y a su red de distribución, hemos podido llegar a muchos más puntos de venta y, por tanto, generar más impacto. Para nosotros, crecer no es solo vender más, es poder financiar más proyectos y llegar a más personas. Y en ese sentido, contar con un socio como Hijos de Rivera nos ha permitido acelerar ese crecimiento manteniendo intacto nuestro propósito. Seguimos siendo una empresa social, pero con más capacidad para llevar agua potable a comunidades que lo necesitan.
¿Cree que los consumidores en España están cambiando su forma de comprar y buscan cada vez más productos con impacto social?
Sí, claramente estamos viendo un cambio. Cada vez hay más consumidores que quieren entender qué hay detrás de los productos que compran: cómo se producen, qué impacto generan y si las empresas son coherentes con sus valores. Aun así, es un proceso progresivo. El precio, la calidad o la disponibilidad siguen siendo factores clave, pero el propósito empieza a tener un peso real en la decisión de compra. Sobre todo, cuando ese propósito es claro, tangible y creíble.

Proyecto Pozo en Bouga para suministro de agua. / Cedida
Si mañana desapareciera AUARA, ¿qué impacto dejaría de producirse en esas comunidades?
Dejarían de impulsarse nuevos proyectos que permiten a comunidades vulnerables acceder a agua potable y saneamiento. Pero, más allá del impacto directo, también se perdería un modelo empresarial que demuestra que es posible integrar el impacto social de forma estructural en el modelo de negocio. AUARA no solo financia infraestructuras, sino que también promueve una forma distinta de entender la empresa, implicando a consumidores, empresas y establecimientos en la generación de un impacto positivo y medible.
En España estamos acostumbrados a abrir el grifo y tener agua potable. ¿Cree que esa facilidad nos hace olvidar el valor real del agua?
Sí, en gran medida. Cuando algo es tan accesible y cotidiano, es fácil darlo por hecho y no ser plenamente conscientes de su valor. En España tenemos la suerte de contar con infraestructuras que garantizan el acceso al agua potable, pero esa realidad no es universal. Esa facilidad genera una cierta desconexión con lo que significa realmente el agua en otras partes del mundo, donde condiciona la salud, la educación o las oportunidades de desarrollo. Por eso es importante seguir sensibilizando y recordando que el agua es un recurso esencial y limitado, cuyo valor va mucho más allá de su uso diario.
Después de trabajar tantos años en este ámbito, ¿ha cambiado su forma de relacionarse con algo tan cotidiano como abrir el grifo en casa?
Sí, completamente. Cuando conoces de cerca realidades donde el acceso al agua no está garantizado, es imposible no cambiar la forma en la que la valoras en tu día a día. Abrir el grifo deja de ser un gesto automático para convertirse en algo que aprecias y respetas mucho más. También te hace ser más consciente del uso que haces del agua y del impacto que tiene. Al final, trabajar en este ámbito no solo te cambia profesionalmente, también te cambia a nivel personal, porque entiendes que algo tan básico para nosotros sigue siendo un desafío enorme para millones de personas.
Si tuviera que resumir el impacto de AUARA en una frase para alguien que está leyendo este reportaje mientras bebe agua, ¿cuál sería?
Que ese gesto tan cotidiano que estás haciendo ahora puede ayudar a que alguien, en otra parte del mundo, tenga acceso a agua potable por primera vez.
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