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107 AÑOS DE HISTORIA

El último latido de Bazar Arribas, la juguetería centenaria de Madrid que cierra para siempre: "Se ha perdido la identidad del barrio, pero nos vamos felices"

Este martes, 31 de marzo, Conchita Rollán, la tercera generación al frente del negocio, echará el cierre a uno de los escaparates más emblemáticos de la Plaza Mayor 

El último latido de Bazar Arribas, la juguetería centenaria de Madrid que cierra para siempre

Sara Fernández

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

Aún hace frío, pero los primeros rayos de sol ya se cuelan por el escaparate, donde aún quedan varias muñecas, un par de puzzles y algún que otro coche coleccionable. Es lo que más va a echar de menos, dice alguien en su interior. Esa luz cálida a primera hora de la mañana que devuelve la vida a una estampa que parece haberse detenido en el tiempo. Liquidación por cierre: todo al 30%, dice un enorme cartel a la entrada del local, abarrotado de nostálgicos y vecinos. “Estamos orgullosos de haber levantado el cierre cada día durante 107 años y agradecidos a todos los clientes que siempre han venido a comprar nuestros juguetes, especialmente estas últimas semanas. Las muestras de cariño no terminan. Lo más bonito de este negocio siempre fue su público. Como los niños no hay nada y hay que dejarles jugar”, expresa Conchita Rollán, la tercera generación al frente de Bazar Arribas, la última juguetería centenaria de la Plaza Mayor de Madrid, que cerrará sus puertas este martes, 31 de marzo. 

El establecimiento, inicialmente una relojería, fue fundado en 1919 por su abuelo, Juan Arribas, en el número 19 de la emblemática plaza. “Fue un gran emprendedor. Le fue bien y, a los pocos meses, amplió su negocio en el número 16, donde abrió Bazar Arribas, que es donde nos encontramos. A raíz de la Guerra Civil, la situación empeoró y el negocio fue cambiando. Primero una bisutería y, finalmente, una juguetería, que era lo que siempre había querido. De hecho, los juegos siempre estuvieron presentes en sus negocios, aunque no tuvieran nada que ver. Estaban los relojes de bolsillo en una estantería, debajo colocaba los relojes de mesa y en la parte superior había pelotas de caucho y un burro de cartón. Este comercio es la historia de lo que se ha vivido en España”, recuerda. Hubo unos años en los que coincidieron hasta seis jugueterías en la plaza de las que Conchita es el último vestigio. Cuando Juan Arribas falleció, fueron sus hijos, Ángel y Concepción Arribas, quienes quedaron al frente de los dos locales. 

“Mi madre ha sido el motor de todo esto desde entonces. Una mujer valiente y luchadora que comenzó en un momento en el que la sociedad no estaba preparada para las mujeres de la forma en que lo está ahora. Ella necesitó en su momento que mi padre figurase en todos los documentos, ya que no podía hacerlo por su cuenta”, recuerda. La mujer de la que Conchita no sólo heredó el nombre sino también el negocio, sacó adelante la tienda de juguetes mientras criaba a sus cinco hijas. “Mi padre siempre la apoyó en todo y para nosotras esto fue una extensión de nuestra casa. Jugábamos con los hijos de las tiendas más próximas. Hemos vivido momentos muy felices y tenemos recuerdos en todas las esquinas. Recuerdo como cada 5 de enero, cuando la Cabalgata de Reyes terminaba en la Plaza Mayor, los Reyes Magos venían a por todos los regalos. Se iban de aquí con los sueños de todos los niños de Madrid. Cerrábamos tardísimo ese día, pero pasábamos momentos muy divertidos con amigos y familia”, añade Rollán.

Negocio familiar

Más que una simple juguetería, el Bazar Arribas fue lugar de encuentro entre amigos y conocidos por el que pasaron varios miembros de la familia. Entre ellos, Conchita, que regresó a la empresa familiar en 2012 a raíz de un despido. También Marta Rollán, su hermana, que acompañó a su madre tras el mostrador desde el 2003 hasta el 2018. Y ahora Miguel, la cuarta generación, que ha visto morir el proyecto pocos años después de adentrarse en él: “Hemos estado aquí mi madre, mi hijo y yo los últimos años, luchando como viento y marea. A lo mejor nadie se acuerda, pero superamos el 2020, cuando todo el mundo estaba aislado en casa y la plaza permanecía completamente en silencio. Aquí estábamos nosotros. Me siento orgullosa de haber podido superarlo y llegar al día de hoy de esta forma. Si cerramos no es por problema del negocio. Simplemente son las circunstancias de la vida, las que nos obligan, con toda nuestra pena, a poner fin a este capítulo”. Concepción Arribas, quien regentó el local ininterrumpidamente desde 1957 hasta 2026, falleció el pasado 14 de febrero. 

En una calle atestada de turistas caminando de un lado a otro cámara en mano, el bazar supone un reducto de tranquilidad, una vuelta a los orígenes que está a punto de desaparecer. “Es como si aquí no hubiera pasado el tiempo. Pese a que todos los artículos son nuevos, los clientes se emocionan al ver juguetes que formaron parte de su niñez, de sus memorias familiares. Ahora son ellos los que vienen con sus nietos. Llegar y ver una muñeca regional o un cuento de Ferrándiz no tiene precio. Sus ojos se llenan de emociones alegres porque todo esto ocupa un lugar especial en su corazón”, cuenta. Desde la década de los 50, la familia Arribas ha vendido incontables scalextric, Ibertrenes, colecciones de soldados, máquinas de JOAL, coches miniatura y un sinfín de muñecas: “Entre ellas las regionales, de Marín, las que toda España puso alguna vez encima de la televisión. Además de comercializarlas aquí, las hemos enviado a todo el mundo cuando cerró el fabricante”. 

La llegada de franquicias

Conchita asegura que siempre han apostado por el producto tradicional y fabricado en España, algo que las nuevas jugueterías no hacen, según ella: “No hace falta que sean complicados o que vengan en una caja bonita. Aquí hemos dado valor hasta al típico parchís”. Los negocios centenarios son sinónimo de barrio y, precisamente, si perduran en el tiempo, es gracias a él, a su gente. “Ante cualquier necesidad, siempre se han acercado a la carnicería, a la perfumería o la juguetería local. No se iba sólo a comprar. Era gente a la que conocías, aconsejabas y con la que mantenías una relación”, insiste. De todos ellos, apenas unos pocos sobreviven en un distrito cada vez más despersonalizado y donde los nuevos comercios no duran más de dos o tres años: “Antes dabas un paseo por la zona y sabías dónde estaba la mercería, la dispensadora… Hoy son una tienda de turrones, mañana un Starbucks y al siguiente una de souvenirs. Se ha perdido la identidad de lo que era Madrid antes y del esfuerzo que suponía abrir un negocio”. 

“A los que llevamos aquí toda la vida nos da mucha pena cada vez que se marcha un compañero. En 2021 nos despedimos de Bazar Madrid después de 75 años uno al lado del otro. Es una parte de nuestra vida que se va. Nos quedamos sin referentes, cada vez somos menos”, añade. Desde que colocaron el cartel amarillo en la entrada el pasado 2 de marzo, cientos de personas se han acercado a verles. Algunos para dar el pésame y otros para conocerlos antes de que se vayan. “Todo el pueblo de Madrid se ha volcado con nosotros. No nos quedará mucho género después del cierre, afortunadamente. Hemos pensado en donar lo restante a alguna organización benéfica. Nos vamos felices de haber llegado hasta aquí. En casa decimos ‘abuela, la que has liado’. No se lo creería”, concluye una Conchita emocionada. La familia Arribas se prepara para echar el cierre definitivo en unas horas. Este martes reunirán en una celebración íntima a amigos y clientes cercanos para honrar a Juan y a Concepción, recordar los buenos momentos y dar el último adiós a uno de los últimos locales centenarios de la capital.