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ESTILO ÚNICO

Redescubrir a Menchu Gal, la primera mujer que ganó el Premio Nacional de Pintura: su obra regresa a Madrid 20 años después de su último homenaje

La artista de Irún residió en la capital durante cinco décadas y formó parte de la Escuela de Vallecas: la Serrería Belga la reivindica en una retrospectiva que reúne 50 piezas

Menchu Gal, pintando al aire libre.

Menchu Gal, pintando al aire libre. / CEDIDA

Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

Madrid vuelve a encontrarse con Menchu Gal (1919-2008). El Espacio Cultural Serrería Belga le dedica Imágenes de una vida 20 años después de su último homenaje. Se trata de una amplia retrospectiva enfocada a una de las creadoras más singulares de la pintura española del siglo XX. La muestra, organizada en colaboración con la Fundación Menchu Gal, podrá visitarse hasta el 28 de junio y reúne alrededor de 50 piezas que permiten seguir la evolución de una artista que hizo de la libertad estética su principal seña de identidad.

Fue una figura pionera, difícil de encasillar. Su lenguaje, ajenos a modas y etiquetas, tan personal, le valió el Premio Nacional de Pintura en 1959. Era la primera vez que lo ganaba una mujer. El recorrido reúne paisajes, retratos, bodegones e interiores procedentes de colecciones particulares. Un conjunto de piezas que recomponen su mapa sensible, marcado por la intensidad del color, la vibración de la luz y la mirada independiente.

'El puente' (1945), de Menchu Gal.

'El puente' (1945), de Menchu Gal. / CEDIDA

El paisaje se convirtió en el territorio central de su producción. Gal encontró en Castilla un espacio decisivo para su desarrollo artístico, en buena medida gracias a la influencia de Benjamín Palencia, que le reveló la potencia visual de una geografía muy distinta a la de su infancia vasca. Pero en su obra también persisten los ecos del Bidasoa, el valle de Baztán y las vistas de Hondarribia. A todo ello se suma Madrid, ciudad en la que vivió durante más de medio siglo y que aparece en sus lienzos a través de escenas nocturnas y rincones monumentales.

'Azoteas de Madrid' (1953), de Menchu Gal.

'Azoteas de Madrid' (1953), de Menchu Gal. / CEDIDA

Sus retratos, por su parte, rehúyen el simple parecido. En ellos, la pincelada parece buscar algo más hondo que la superficie del rostro: una atmósfera, un carácter, una presencia. Muchas de esas figuras son femeninas, captadas con una mezcla de firmeza y sensibilidad que refuerza la singularidad de su universo.

Altamente luminosa

Aquella poética propia brilló en las escenas de interior. La luz doméstica y la disposición del espacio convierten lo cotidiano en materia pictórica. En los bodegones, mientras tanto, libros, frutas y floreros adquieren una intensidad casi narrativa gracias a una paleta luminosa y a un uso del color que nunca pierde frescura.

La biografía de Menchu Gal ayuda a entender esa personalidad artística tan definida. Se instaló en París con apenas 13 años para formarse como pintora y allí estudió con Amédée Ozenfant, figura clave del cubismo. Más tarde continuó su aprendizaje en Madrid, en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. La Guerra Civil la empujó de nuevo a Francia, donde siguió trabajando en un periodo especialmente fértil. En 1945, regresó definitivamente a la capital de España, donde entró en contacto con la Escuela de Vallecas y consolidó una voz pictórica ya inconfundible.

'Interior' (1935), de Menchu Gal.

'Interior' (1935), de Menchu Gal. / CEDIDA

A lo largo de su carrera participó en decenas de exposiciones individuales y colectivas, llevando su obra a citas internacionales de gran relevancia como la Bienal de Venecia, la Bienal Hispanoamericana de La Habana y la Exposición Universal de Bruselas. Sin embargo, más allá del reconocimiento, lo que hoy sigue deslumbrando es la coherencia de una artista que pintó desde la necesidad interior, sin plegarse a corrientes dominantes.

La muestra en Serrería Belga no sólo recupera una trayectoria imprescindible: también restituye a Menchu Gal al lugar que merece en la historia del arte español. Su pintura, libre, altamente luminosa, confirma que hay artistas cuya modernidad jamás caduca.