VIOLENCIA DIGITAL
Madrid y los discursos de odio en redes sociales: "Es evidente que la polarización digital se traslada a las calles de la ciudad"
Hace unos días, durante la inauguración del Foro contra el Odio en Madrid, Pedro Sánchez anunciaba el lanzamiento de HODIO, una herramienta que medirá la presencia y evolución del discurso de odio en redes sociales

HODIO, una herramienta que medirá la presencia y evolución del discurso de odio en redes sociales. / Agencias

El pasado 11 de marzo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, presentó la herramienta Huella del Odio y Polarización (HODIO) durante la apertura del primer Foro Contra el Odio. El principal objetivo, según señaló, es "sacar el odio de la sombra y exigir responsabilidades a quienes no actúan para que la vergüenza cambie de bando". Por su parte, la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, aseguraba que "sólo con diálogo y escucha vamos a conseguir la sociedad libre de odio a la que aspiramos. La acción más poderosa reside en combatir el odio, no en compartirlo".
Esta nueva herramienta permitirá calcular y publicar de manera periódica un indicador de odio y polarización en cada red social. Analizará cómo se difunden estos mensajes, generará indicadores públicos y señalará qué plataformas los combaten, cuáles los toleran y cuáles podrían beneficiarse de ellos. Para ello utilizará un sistema combinado de análisis que estudiará el contenido público en redes sociales, identificando el odio y la polarización. "Toda iniciativa que ayude con este problema, que es muy serio, es bienvenida. Pero tengo mis dudas de que esta, en concreto, vaya a ser muy eficaz", explica José Gabriel García, CEO de Phi, agencia especializada en reputación y análisis del comportamiento digital.

Pedro Sánchez durante la inauguración del Foro contra el Odio en Madrid. / Chema Moya
"Al final, esto es sólo un ranking, una puntuación, de cuáles son las plataformas y redes sociales en las que más discursos de odio hay. Es una forma de ponerlas en la palestra, sí, pero veo difícil que eso pueda convertirse en un tipo de penalización. Aunque, si pudiera, no creo que ese fuese el camino", dice. Cree que en caso de castigar a quien emite o difunde este tipo de contenido, desencadenaría una contrapropuesta por parte de las propias plataformas: "Justificarán por qué pasa eso y desprestigian el algoritmo que haya determinado que en su red social hay odio".
Cometer un delito
Las soluciones, considera, deberían ir por otro lado. "Premiar a quienes lo hagan bien y, sobre todo, la única solución definitiva es la identificación de las personas que están detrás. Durante muchos años defendí que el anonimato era algo bueno en redes sociales porque, al principio, el uso que se hacía de las plataformas era siempre positivo. Pero viendo el giro que ha dado todo esto, creo que es un mal menor. En algunos bancos online, para darse de alta hay que identificarse con DNI, fotografías, etcétera. En las redes sociales debería ser igual. Y que cualquier persona que diga algo, lo haga con su nombre y apellidos. Puede estar cometiendo un delito. Así está tipificado en la ley", añade.
José Gabriel, afincado en Madrid, identifica un crecimiento de los discursos de odio que, en una ciudad como la capital, podrían carecer de sentido. "Podríamos pensar que debería ser distinto por su multiculturalidad, pero lamentablemente no lo es. Al acoger a tanta gente tan diferente, de tantos sectores, países, ámbitos y formas de pensar, sentir y ver la vida, hace que aquellos que no toleran las formas de pensar y vivir que no sean como las suyas, se manifiesten mucho más en una ciudad como ésta", sostiene. Sin embargo, a mayor o menor escala, los discursos de odio están presentes en todo el mapa.

Una joven consulta sus redes sociales desde el móvil / ARCHIVO
"En los últimos años ha crecido tanto el discurso como la difusión y visibilización del mismo. Fui uno de los primeros usuarios de Twitter en España y recuerdo aquello como una red fabulosa donde lo que se hacía era compartir conocimiento. En lo que se ha convertido no tiene nada que ver y la culpa, en parte, es de los mensajes de odio que comparten millones de usuarios a día de hoy", añade. García lo compara a lo que ocurre en la calle cada día: "Es evidente que la famosa polarización que vemos en política se traslada a las calles de cualquier ciudad, ya sea Madrid o cualquier otra. Eso se palpa en la calle. Hace unos años no era así".
El algoritmo
De no frenar la oleada de odio, acoso y violencia verbal que presencian las plataformas en España a día de hoy, podría tener consecuencias "gravísimas". "Las propias empresas piensan más en el negocio y no son conscientes. Mucha gente, entre la que me incluyo, hemos dejado de utilizar estas aplicaciones porque terminamos agotados. Es un problema que hay que atajar de verdad. Hay personas sufriendo con estas situaciones. Debe atacarse desde los gobiernos y, aunque se implantan algunas medidas, tengo mis dudas de que sean las más efectivas", apunta.
La responsabilidad está en las plataformas, no en el usuario final, cree: "Los CEOs piensan más en los resultados a fin de año que en pensar si están perjudicando más o menos a la sociedad. No creo que haya un patrón entre quienes crean o difunden mensajes de odio en redes sociales. Es verdad que, cuanto más extrema sea una ideología, seguramente albergue más discurso de odio, pero se puede dar en los diferentes extremos y capas de la sociedad. No creo que sea algo exclusivo de una ideología o espectro social determinado". Lo que está claro es que el algoritmo beneficia a este tipo de contenidos, que tienden a viralizarse en un menor plazo que cualquier otra cosa.
Tiene explicación. "Para que algo se viralice, es fundamental lo que pasa en los primeros minutos de publicación. Si la gente se detiene, hace clic o lo comparte, el algoritmo entiende que tiene algo que le gusta a la gente y lo prioriza. Suelen ser cosas muy agresivas, con titulares llamativos, que cogen esa fuerza porque se entiende que tendrán más éxito entre el público final", concluye.
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