Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

QUÉ FUE DE...

Enric Escudé, el niño del anuncio de la Nocilla que triunfó como modelo y presentador

Trabajó en varios programas de la televisión nacional, pero tuvo que reinventarse después de que el teléfono dejara de sonar

Enric Escudé, en su etapa de 'Megatrix'.

Enric Escudé, en su etapa de 'Megatrix'. / ARCHIVO

Madrid

La etiqueta de juguete roto, usada habitualmente para referirse a gente que en su día fue famosa y luego cayó en el olvido, persigue desde hace unos cuantos años a Enric Escudé. Este barcelonés, que el pasado febrero sopló sus 50 velas, empezó su carrera de modelo como el niño de la Nocilla, al ser seleccionado en el primer casting al que se presentó y convertirse en el sonriente niño rubio que aparecía en todos los envases y anuncios de la conocida crema de cacao, avellanas y azúcar. Después de aquello, alcanzó su sueño de trabajar como modelo internacional, cantante, actor y presentador de televisión. Pero, tras unos años de vacas gordas, los productores y directores se olvidaron de él y no le quedó más remedio que reinventarse. De todo esto hablaría en su libro de memorias, titulado Qué fue del niño de la Nocilla, donde muestra sin tapujos todo lo que tanto se esforzó por ocultar mientras triunfaba en las pasarelas y ganaba premios como conductor de televisión.

Criado en el municipio barcelonés de Rubí, donde sus padres le inculcaron una educación cristiana proporcionada por los Hermanos Maristas, Escudé destacó por sus aptitudes artísticas desde muy pequeño. En el colegio, aparte de ser el mejor estudiante de la clase, era el típico al que hacían dar el tono para que el resto de compañeros cantaran junto a él las oraciones. También era el que ganaba los concursos de canción que organizaban cada año, y el niño que todas las madres querían llevarse a casa e invitar al cumpleaños de sus retoños. Cosas como estas hicieron que se creara en él, a medida que iba creciendo, una distorsión de la realidad (y más adelante, de la personalidad) y una extraña sensación de que el mundo giraba a su alrededor y de que podía hacer lo que deseara. “Al ser un niño tan bueno y tan mono a los ojos de todo el mundo, y especial por mis inquietudes artísticas, me convertí en un niño caprichoso y acostumbrado a gustar y a destacar siempre por encima de los demás”, cuenta en su autobiografía.

Enric Escudé, en el anuncio de Nocilla.

Enric Escudé, en el anuncio de Nocilla. / ARCHIVO

Pronto empezó a crecer en aquel niño rubio de ojos azules y con aspecto angelical una gran necesidad de llamar la atención y de superarse día a día en sus excentricidades, “y unas ganas locas de, día a día, ir más allá y dar un paso más grande para superar el listón tan alto que la sociedad y yo mismo habíamos creado. Necesitaba mantener el liderazgo y seguir siendo el niño ejemplar que siempre había sido”. Como había sido tradición en su familia, él también pasó unos años en los Scouts. Un día, estando en una de las actividades que organizaban, conoció a otra niña, una tal Vanesa, que era modelo, hacía spots televisivos, anuncios y catálogos. La chica se convirtió en una especie de ídolo para Escudé y despertó en él las ganas de ser como ella.

“Hicimos muy buenas migas rápidamente, pues siempre que me lo he propuesto he conseguido conectar y ser amable con la gente, y junto con su madre me acompañó a la agencia que la representaba”, contaría. Allí le hicieron unas fotos, que la agencia pagó por él, y le tomaron los datos para posteriormente empezar a trabajar juntos. Fue entonces, a los 13 años de edad, cuando empezó su carrera profesional y artística. Tras aquel primer contacto con el mundo de los representantes, le empezaron a llamar para acudir a distintos castings y enseguida fue seleccionado para ser la imagen de la marca Nocilla. “Quizá el hecho de entrar por la puerta grande me hizo creer que iba a ser siempre así de fácil, y por eso luego sufrí todo lo que sufrí”, confesó el catalán, cuya imagen empezó a estar en todos los botes que sus compañeros de clase veían cada tarde a la hora de la merienda, además de en todas las revistas infantiles y los spots televisivos.

Portada de la biografía que Enric Escudé publicó.

Portada de la biografía que Enric Escudé publicó. / ARCHIVO

Según él, desde aquella primera audición empezó a desarrollar en él las ganas de vencer ante sus adversarios, que es como veía por aquel entonces a sus compañeros. “En los diferentes castings a los que acudía, siempre veía que los otros aspirantes jugaban entre ellos, o quedaban fuera de los estudios para continuar con los juegos. No era mi caso. Para mí eran el enemigo. Un rival al que había que derrotar para conseguir mi objetivo. Esos niños jamás podrían ser mis amigos, ya que yo luchaba contra ellos y su logro sería mi derrota. Este sentimiento de competitividad me ha seguido durante el resto de mi vida”. En cuanto al dinero que ganaba por sus trabajos como modelo, sus padres, un ejecutivo y una señora que vendía a domicilio joyas de una prestigiosa firma catalana, le dejaban quedárselo todo. Así, a los 14 años ya podía costearse todos los caprichos que sus compañeros no tenían. Fue por ejemplo el primero en comprarse un ordenador personal, un ciclomotor, una cámara de vídeo, un acuario lleno de peces tropicales o un solárium para estar bronceado todo el año. Y por supuesto fue el único de sus conocidos que casi cada tarde tenía un casting.

Demasiado joven

Escudé explica en sus memorias que, al principio, solía hacer sesiones fotográficas o rodajes para publicidad, y que cuando empezó con la moda siempre tenía el mismo problema, le decían que era demasiado joven. “Casualmente años más tarde me pasaría lo mismo como presentador de televisión. Siempre tenía aspecto de ser más joven, así que con veintisiete años estaba presentando programas infantiles”, cuenta un hombre que de jovencito, como consecuencia de su perfeccionismo obsesivo, padeció depresión, ansiedad y anorexia (e incluso trató de quitarse la vida varias veces). “Mi madre está convencida de que fueron mis trastornos alimentarios los que retrasaron mi crecimiento y mi cambio de niño a hombre. Qué ironías tiene la vida: no comía porque no conseguía trabajos. No conseguía trabajos porque no crecía. Y no crecía porque no me alimentaba bien”.

Enric Escudé, junto a Natalia y Andrés Caparrós.

Enric Escudé, junto a Natalia y Andrés Caparrós. / ARCHIVO

Al final buscó ayuda en la consulta de un psiquiatra, se afanó en tratar sus problemas de salud mental y empezó a construir una autoestima fuerte. Ya con 18 años, tras ganar un concurso de la agencia Francina International Modeling Agency, comenzó a trabajar como modelo internacional, y en 1999 grabó un disco del que se vendieron cincuenta mil copias. Pero fue el mundo de la televisión el que le dio las mayores satisfacciones de su carrera. "Empecé en Vitamina N, un programa de la televisión catalana que tuvo muchísimo éxito", ha contado un Escudé que al poco de aquello daría el salto a la tele nacional como copresentador (junto a Natalia y Andrés Caparrós) del programa infantil Megatrix. "Con Natalia tuve mucha complicidad. Éramos dos presentadores infantiles en una televisión muy grande. Los presentadores de programas del corazón o informativos no nos tomaban en serio".

Montaje con María Lapiedra

Según el catalán, mientras trabajaba en aquel mítico espacio de Antena 3 decidió compartir con sus compañeros que es gay, lo que despertó la homofobia de alguno de sus jefes. "A partir de ese día tuve que escuchar por el pinganillo: 'Enric, ¡más masculino!'. Y yo, claro, me quedaba a cuadros... '¡Enric, que se te nota! ¡Enric, más hombre!'”. Después de pasar por allí dio el salto a Telecinco, donde ejerció como presentador y colaborador de TNT, El programa de Ana Rosa o El buscador. Tras conducir la gala de elección de Miss y Mister España 2006, el teléfono dejó de sonar y decidió ponerse a trabajar como relaciones públicas de una discoteca madrileña. Fue en esa época cuando se llevó una gran desilusión al comprobar que aquellos a quienes consideraba colegas le habían dado una patada en el culo. “Soy una persona que quiere al 100%”, dijo al diario El Mundo. “Hay gente en la tele a la que veo muy sola, desequilibrada, que no quiere a nadie. No guardo rencor, pero al final ves que todo era muy falso. Gente que se sonreía y luego se ponía verde. Pasé de irme de vacaciones con algunos presentadores y personas importantes de Telecinco a estar solo".

En 2010, ansioso por “salir en revistas, ir a fiestas y dar que hablar”, hizo un montaje con la exactriz porno María Lapiedra, entonces doctora cum laude en la materia, y también regresó a Rubí, donde pudo empezar a llevar una vida más normal y tranquila. En 2013 publicó sus memorias, sobre todo con el objetivo de inspirar y ayudar a los jóvenes que se sienten incomprendidos y solos, y ya en 2015 tiró de ahorros para abrir su propia tienda de moda, lo que desde entonces es su principal medio de vida. “Hoy tengo cuatro tiendas, tres físicas y una online. Yo me encargo de elegir personalmente las colecciones que se venden en ellas y promocionarlas en las redes sociales, entre otras cosas mucho más aburridas como el tema del personal o la contabilidad”, comenta a nuestro periódico un hombre que ve poco probable que le vuelvan a dar trabajo en el sector que le brindó tanta popularidad. “Estaría abierto a escuchar ofertas, pero creo que en televisión ya no me quieren puesto que no tengo ningún contacto ni amigos que me puedan dar la oportunidad”.