ENTREVISTA
Pilar Jurado, la mujer que hizo historia en el Teatro Real: "Siempre he ido por delante, soy una visionaria"
La artista echa la vista atrás en 'Artifex sui', un álbum que refleja 30 años de creación sinfónica: fue la primera compositora en estrenar una ópera en el coliseo madrileño

Pilar Jurado, fotografiada en el Teatro Real de Madrid. / ALBA VIGARAY

Siempre ha confiado en su don. Pilar Jurado (Madrid, 1968) lleva 30 años creando sinfonías de alto vuelo. Lo tenía clarísimo desde que empezó. Y, pese a los baches, ojo, se ha mantenido firme. Su carrera está alimentada de éxitos. En parte, gracias a la libertad que ha abanderado. Es compositora, directora y soprano. En este y otro orden. Pues, si algo la caracteriza, sobre todo, es hacer de cada proyecto un bastión que defender. Sólo así ha logrado ocupar un lugar preferente en la ópera. "No ha sido fácil, ¿eh?", dice tras echar la vista atrás en Artifex sui. Este álbum refleja como ninguno una trayectoria abrumadora, poniendo el foco en las cuatro obras que la han glorificado. Especialmente, La página en blanco.
Estrenada en febrero de 2011, la convirtió en la primera compositora en estrenar una ópera en el Teatro Real. Además, la protagonizó durante las ocho funciones representadas. "Fue impresionante. Estoy orgullosa, la verdad", asegura. Su obra ha sido interpretada por la London Symphony Orchestra, la Filarmónica de Helsinki y la Orquesta Nacional de España, entre otras. Conquistas que, ahora, consciente, recupera en el libro que acompaña a su elepé.

Pilar Jurado, en el Teatro Real durante la presentación de 'Artifex sui'. / ALBA VIGARAY
P. ¿Cómo se logra un hito así?
R. No lo consigues, te lo otorgan. Antonio Moral me lo propuso. Un tiempo antes me preguntó si quería escribir una ópera para el Teatro Real, pero pensé que me lo estaba diciendo de broma. A los meses me lo volví a encontrar y, sorprendido, dado que no le había enviado nada, me lo recordó. Aquella noche no dormí rebuscando entre mis trabajos para convencer al director de entonces, Jesús Pérez Cobos. Durante la negociación, Gerard Mortier asumió el cargo y modificó toda la programación prevista. Así que me reuní con él en el Ritz para contarle mi historia. Se emocionó. De hecho, lo único que sobrevivió a los cambios fue mi pieza.
P. ¿Cuándo fue realmente consciente de lo que supuso este estreno?
R. A raíz del libro. Mientras estaba preparando el disco, me surgió la idea de escribirlo para explicar cómo había llegado a la música. Siempre he sido auténtica, no he cedido ante lo que otros querían de mí. Cuando estás empezando, todo el mundo quiere dar su opinión de lo que haces. Esta ha sido la primera vez que he contado mi historia. Y, gracias a ello, he sido consciente de lo que ha significado mi paso por este mundillo.
P. ¿Le incomodó que aquel éxito se formulara en clave de género?
R. Pasó algo mágico. Hubo críticos que venían con la idea de hacer una columna y acabaron con tres páginas. Hasta el Wall Street Journal escribió sobre mí. Ahí me di cuenta de que no sólo les interesaba el tema por ser mujer.
P. Su ópera fue premonitoria.
R. Sí. Hablaba de un compositor encerrado, con sólo un ordenador como ventana la mundo. ¿Os suena? Durante el segundo acto, se desvelaba que estaba en coma y que todo lo sucedido era realidad virtual. Querían sacar de su cerebro una ópera. Diez años después, todos estábamos en casa preocupados de que no nos robasen nuestra vida a través del portátil. Leí mucho sobre posthumanismo para hacerla. Siempre he ido por delante. Soy una visionaria.
P. Acaba de hacer un máster sobre inteligencia artificial, de hecho.
R. Sí. Me he convertido en experta en el tema aplicado a la cultura. He estado investigando, es importante educar a las nuevas generaciones. Sobre todo, para que puedan reinventarse en los nuevos mundos que vienen.

Pilar Jurado celebra 30 años de creación sinfónica en 'Artifex sui'. / ALBA VIGARAY
P. ¿Condicionó su escritura el hecho de saber que sería usted quien defendería el libreto en directo?
R. Posiblemente. En estos casos, me exijo más. Si la hubiera hecho para otra soprano, no habría planteado ciertos retos en la partitura. Influye mucho que conozcas tu instrumento. Mi modo de enfrentarme a un proyecto como compositora es diferente al del resto. Estuve presente en todo el proceso, incluidas la escenografía y la orquesta. Es raro que algo así suceda.
P. Está celebrando 30 años de creación sinfónica. Cuando echa la vista atrás, ¿qué ve?
R. Pocas sensaciones hay tan bonitas como ver que tu música gusta. Todas mis obras han tenido éxito. Tener la posibilidad de ser yo misma no es usual. En un momento con tantos cambios sociales y políticos, me parecía interesante mirar hacia atrás para coger carrerilla. Cada vez estamos más alejados de la intelectualidad. La inteligencia artificial supera al ser humano en la mediocridad. El único espacio donde no puede sustituirnos es en la genialidad.
P. ¿Qué le ha enseñado el pasado para relatar el futuro?
R. Me formé durante veintitantos años en música clásica. Es lo que me ha dado todo mi conocimiento. Con 23 me convertí en la catedrática más joven del conservatorio. Impartía una asignatura que sólo dan quienes llevan una década estudiando. Vengo de un ámbito muy cerebral, lo que me ha permitido desarrollar todas mis ideas. Desde el principio, he tenido un sello propio. Quería contar la vida a mi manera y nunca me he contaminado de otros. He trabajado cerca de los más grandes, por lo que me he llenado de su sabiduría. Gracias a ellos, he conocido mi música. He visto cómo la apreciaban.
P. Sus referentes la hicieron soñar.
R. Sin duda. Tenemos que decirle a los jóvenes que no se conformen. Deben construirse, trabajar mucho. Es la única manera de apostar por ti. Estamos viviendo una época triste, en la que mucha gente está perdiendo su resiliencia.
P. El álbum se titula Artifex sui, lo que puede traducirse en independencia creativa. ¿Qué ha tenido que hacer para mantener su propio lenguaje?
R. A veces, lo más difícil es ser consciente de lo que quieres hacer. Cuando tenía 30 años descubrí que estar en una agencia era fabuloso, pero me condicionaba a la hora de desarrollar mis proyectos. Al tener una formación superior al resto, mis aspiraciones no eran las de cualquier otro cantante. Así que, un día, de repente, abrí mi propia oficina. Al tiempo, como no pude grabar un disco con mis condiciones, creé mi discográfica. Y, cuando llegó la ópera y todas las editoriales me tiraban los trastos para llevarse el catálogo, decidí montar mi editorial. Poco a poco fui adquiriendo las herramientas necesarias para construir mi carrera. Quería hacer realidad mis sueños, por lo que no me quedó otra que levantar una estructura que me lo permitiese.