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MUSICOLOGÍA

Un centenar de investigadores estudian cómo ha sonado Madrid en los últimos 500 años: "Había un baile prohibido con letras casi pornográficas"

Más de un centenar de musicólogos, arquitectos y filólogos forman parte de ‘MadMusic’, un proyecto que investiga la historia musical de la capital, desde la zarzuela ilustrada hasta el trap contemporáneo

Ángel Martínez (d) junto a su equipo de arquitectos, parte del proyecto 'MadMusic'.

Ángel Martínez (d) junto a su equipo de arquitectos, parte del proyecto 'MadMusic'. / ALBA VIGARAY

Pablo Tello

Pablo Tello

Madrid

Las letras de la zarabanda no gustaban a todo el mundo. Este baile, popular en el Madrid de finales del siglo XVI, se prohibió con penas de destierro y galeras. “Era un baile con una gestualidad y unas letras muy eróticas, casi pornográficas. Para la España de entonces era muy difícil de aceptar. Su éxito en la calle hizo que las autoridades se fijaran en ella y la vetaran. Sin embargo, eso le dio todavía más fama, ya que atravesó fronteras en Francia e Italia y dio lugar, más tarde, a otros géneros europeos”, explica Álvaro Torrente, director del Instituto Complutense de Ciencias Musicales e impulsor del proyecto MadMusic: Espacios, Géneros y Públicos de la música en Madrid. Junto a un centenar de investigadores entre musicólogos, arquitectos, ingenieros, filólogos y sociólogos, estudian el sonido y la música de los últimos 500 años en la capital: “Buscamos establecer vínculos entre profesionales con objetos de trabajo aparentemente desconectados, con la música madrileña como eje central. No es un arte aislado, ya que muchas veces ocurre en espacios concretos, acompañada de letras o con un público determinado”. 

Desde alguien que estudia el trap en la actualidad hasta otro que trabaja sobre flamenco en el siglo XIX u otro que estudia la música popular del Siglo de Oro: “Todos tienen cosas en común”. El título del proyecto hace que con la investigación musicológica no sea suficiente. Por eso hay un equipo de trabajo especializado en la sociología de la cultura, una dimensión “completamente distinta” enfocada en analizar el público a lo largo de los años. Por otro lado, para la perspectiva de los espacios y ubicaciones, Torrente cuenta con un grupo de trabajo de la Universidad Politécnica de Madrid. “Se trata de un arquitecto especialista en la reconstrucción virtual de espacios que ya no existen y un ingeniero de sonido capaz de reconstruir los sonidos de los espacios donde se cultivaba la música siglos atrás”, relata. Asegura que entrar a día de hoy en una iglesia no tiene nada que ver con la acústica que había en una celebración religiosa hace 300 años: “A lo mejor había tapices colgados o estaba llena de personas. Eso cambia totalmente la forma en la que percibían el sonido. Ellos nos ayudan a entender cómo era la sonoridad entonces”. 

Algunos de los investigadores que participan en el proyecto MadMusic.

Algunos de los investigadores que participan en el proyecto MadMusic. / ALBA VIGARAY

Afirma que la confluencia de tantos y tan diversos conocimientos es mucho más que la suma de “uno más uno”. La iniciativa, que surgió en una conversación “entre colegas”, nació prácticamente sin querer. “Nos dimos cuenta de que no era tan distinto lo que ocurría en el siglo XVII y en el XIX, pese a los cambios sociales. Esta investigación no tendrá un único resultado. Acercamos los hitos al público general constantemente. Por ejemplo, recientemente hemos recuperado una ópera compuesta y estrenada exclusivamente por un compositor veneciano, por encargo de Farinelli para la Corte de Madrid del siglo XVII. Tuvo lugar en el Auditorio Nacional”, añade. Su obsesión son las partituras y, a través de ellas, ha podido recuperar algunos géneros: desde los que se perdieron durante la Edad Media hasta las más contemporáneas: “Tienen letras, desde zarzuelas a cantos. Las estudiamos junto a los testimonios, prensa, crónicas, literatura y planos de la época. De hecho, una de nuestras investigaciones gira en torno a un género llamado bailes cantados, de los siglos XVI y XVII, como la zarabanda, la chacona o la jaca”.

Reconstruir edificios extintos

De ellas apenas se conservan partituras. Sin embargo, Álvaro y su equipo han podido recuperar su sonido y melodía a partir de estribillos que aparecen en manuscritos o acordes que han encontrado a lo largo de la investigación, que llega hasta la música urbana del siglo XXI. “Los géneros e instrumentos cambian. La manera de consumir la música a día de hoy no tiene nada que ver con cómo se hacía antes de que se digitalizara. En los últimos 30 años, el mundo del consumo musical se ha transformado radicalmente”, dice. Lo tiene claro. Lo más representativo del sonido madrileño en los últimos 500 años es la festividad, lo popular. “No sólo lo que hace la gente en la calle. Muchos géneros han tenido éxito porque un público ha ido a verlos. El punto de inflexión está en la apertura de los teatros públicos a finales del siglo XVI. Fue un cambio de paradigma. Hasta entonces corona, iglesia y aristocracia decidían los espectáculos. Lo que ocurre entonces es que los teatros se moldean por el gusto del público popular. Esa capacidad no se ha perdido. El género más característico, la Zarzuela, no es más que una versión de lo que se estaba haciendo en Francia con la ópera cómica”, explica. 

Álvaro Torrente, director del Instituto Complutense de Ciencias Musicales e impulsor del proyecto 'MadMusic'.

Álvaro Torrente, director del Instituto Complutense de Ciencias Musicales e impulsor del proyecto 'MadMusic'. / ALBA VIGARAY

Torrente compara la procesión del Corpus del siglo XVII con la Cabalgata de Reyes o el desfile del Orgullo. “Hace 400 años era el espectáculo más colosal de la ciudad, donde intervenía toda la sociedad, incluso el rey. Era el único momento donde los ciudadanos podían verlo en persona. Ya no se celebra algo así, pero algunos eventos actuales mantienen una organización y comunicación con el público similar”, suma. Tal y como mencionaba el musicólogo, uno de los equipos clave en esta investigación es el de arquitectura e ingeniería. “Nos dedicamos a la reconstrucción gráfica desde hace muchos años. Casi siempre enfocado a Madrid, tanto a su historia como a su arquitectura. Por una parte hacemos levantamientos, es decir, dibujamos la realidad tal y como es. Por otro lado elaboramos reconstituciones de cómo ha sido un edificio en el pasado, incluso si ya no existen, como es el caso del Teatro de Los Caños del Peral”, sostiene Ángel Martínez, arquitecto especializado en restitución gráfica de edificios históricos. Con el dibujo como instrumento principal capaz de aglutinar datos, el equipo estudia tres tipos de fuentes. 

Físicas, en caso de que quede algún resto de lo que intentan reconstruir; literarias o escritas, que incluyen fuentes primarias como expedientes de obra o relatos contemporáneos; y gráficas, como mapas o dibujos que existen sobre el pasado de la ciudad: “Los Caños del Peral era un edificio ligado a la historia de la ópera en España y se construyó sobre unos antiguos lavaderos municipales por orden del Marqués de Scotti, uno de los más influyentes en cuestiones de gusto durante la época de Isabel de Farnesio. Tiraron el teatrillo que habían construido de forma efímera con intención de hacer un edificio más digno y con capacidad para la maquinaria escénica, fundamental en las funciones del momento”. La construcción, cuyo diseño recayó en Virgilio Rabaglio, un arquitecto italiano, se mantuvo hasta 1817, cuando fue demolida por la remodelación de la Plaza de Oriente. “Fue su configuración definitiva y cuando se edificó el Teatro Real. Se dice que estaba en ruinas y por eso desapareció, pero no creo que sea así. Duró únicamente unos 80 años en pie”, revela. 

Planos de la Catedral de San Isidro, en Madrid, que estudian el equipo de arquitectos.

Planos de la Catedral de San Isidro, en Madrid, que estudian el equipo de arquitectos. / ALBA VIGARAY

El equipo de arquitectos reconstituye edificios de Madrid que ya no están.

El equipo de arquitectos reconstituye edificios de Madrid que ya no están. / ALBA VIGARAY

El pasado de Madrid

Además de determinar la arquitectura de edificios inexistentes en la actualidad, el equipo de ingenieros que trabajan en el proyecto es capaz de rescatar el sonido de estos espacios extintos. “No es igual escuchar música en un sitio que en otro por las cualidades acústicas. Esto nos abre un mundo muy interesante. ¿Cómo se escuchaba una ópera concreta en el primitivo teatro de Los Caños del Peral? Definitivamente no es igual que como se hace en el Teatro Real. Ingenieros y arquitectos caminamos de la mano. Nosotros determinamos el espacio con nuestro criterio científico y el modelado 3D y lo preparamos para introducirlo en el software de simulación acústica. Nos permite recuperar el sonido y hacerlo audible tal y como se producía en esos espacios”, cuenta. Ahora la arquitectura puede sonar, dice, mientras plantea una pregunta. ¿Los músicos componían en función del espacio donde se iba a interpretar? “Lo más seguro es que sí. En San Isidro se sabe que así fue en ocasiones”, asegura. En el caso de Los Caños del Peral, el espacio cambió radicalmente durante sus años de actividad: “El escenario terminó siendo mucho más grande de lo que empezó siendo y la música sonó de manera distinta en cada remodelación”.

Cada caso tiene su complejidad. “Es como la ciencia pura”, afirma. Primero establecen una hipótesis y, después, deducen otros datos de manera progresiva para demostrar que la teoría es cierta: “Influye el dibujo, que es nuestro elemento fundamental de investigación. La arquitectura, por lo general, proyecta el futuro. Nosotros recorremos ese camino al revés. Dibujan con las últimas tecnologías y graban sonidos en una cámara anecoica, donde no hay eco, para escuchar el sonido auténtico, desde la fuente. Ese es el que luego introducimos en edificios reconstruidos que ya no están”. Ángel confiesa haber aprendido de todas las disciplinas con las que se cruza y cree que los resultados del proyecto podrían acercarse al público general de varias formas: “Podría haber unos cascos en el Palacio Real que te mostraran cómo sonaban algunas piezas musicales aquí, o cómo hubieran sonado de haberse ampliado la capilla. Recuperar el pasado de la ciudad tiene un punto fascinante. No se puede entender sin él. Madrid tiene una capacidad de renovación muy potente y olvidadiza. Desprecia un poco su pasado, pero está bien conocerla”.