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TRANSPORTE

Metro de Madrid carga contra los viajeros por una costumbre muy extendida: "¿A que a ti tampoco te gusta?"

Más allá del toque de atención, el mensaje de Metro de Madrid se enmarca en la campaña cívica que viene desplegando en los últimos meses

La campaña de Metro de Madrid pone el acento en una cuestión de civismo, pero también de eficiencia

La campaña de Metro de Madrid pone el acento en una cuestión de civismo, pero también de eficiencia / METRO DE MADRID

Victoria Saulyak

Victoria Saulyak

Madrid

Metro de Madrid lleva tiempo usando las redes para poner el foco en el civismo en las instalaciones. Si bien la compañía ya ha hecho hincapié en ruido que hacía la gente en los vagones y extendidas prácticas como apoyarse con todo el cuerpo en las barras de sujeción o no colocar las mochilas en el suelo, esta vez el suburbano carga contra otra de las más comunes.

Y es que una de las principales molestias a la hora de subir al tren son los bultos de mano y las mochilas, que Metro de Madrid pide siempre apoyar en el suelo, nunca colgados a la espalda ni ocupando un asiento.

El contundente mensaje de Metro de Madrid a los pasajeros

Con un mensaje tan gráfico como directo, la compañía ha dejado claro que no se deben ocupar asientos para poner mochilas o bultos al lado, llamando al civismo. Con esa fórmula, la empresa apela a la empatía del usuario, invitándole a ponerse en el lugar de quien se queda sin sitio o debe pedir a otro pasajero que retire su mochila para poder sentarse.

Más allá del toque de atención, el mensaje de Metro de Madrid se enmarca en la campaña cívica que viene desplegando en los últimos meses, en la que ya ha advertido sobre otros comportamientos perjudiciales para los pasajeros. La estrategia busca que el reproche sea un recordatorio compartido de normas básicas de convivencia.

¿Por qué no puedo poner mi mochila en un asiento?

Detrás de esta insistencia hay varios motivos. Por un lado, se busca evitar golpes involuntarios en vagones llenos y, por otro, no dar una falsa sensación de que el tren va más ocupado de lo que está, algo que disuade a otros de sentarse o moverse con comodidad.

Y en el caso de poner los pies sobre los asientos, el problema no radica solo en el espacio, sino también en la higiene y mantenimiento de los vagones, porque con esta falta de civismo se deterioran y se ensucian más rápido. Poner las zapatillas sobre un asiento durante unos minutos puede parecer un gesto inofensivo, pero este impacto se multiplica cuando hablamos de una red que mueve millones de viajeros al día.