TECNOLOGÍA SOCIAL
Guillermo Gauna-Vivas, ingeniero madrileño: "Hago prótesis con impresoras 3D para perros que han perdido sus patas"
Fundó Ayúdame3D hace ocho años, un proyecto que ha enviado brazos de plástico a más de 1.000 personas de todo el mundo y que, desde hace unos meses, también asiste a perros y gatos

Guillermo Gauna-Vivas junto a uno de los perros portando la prótesis realizada con impresora 3D. / CEDIDA

Aquel niño que recogía ramas y trozos de madera del suelo para subirlos a casa y construir cualquier cosa hoy fabrica prótesis de plástico con impresoras 3D para humanos y animales. “Siempre he sido muy curioso. Desde muy pequeño quería ir a la ferretería para comprar materiales y poco a poco me di cuenta de que me apetecía estudiar algo relacionado con la mecánica”, cuenta Guillermo Gauna-Vivas, fundador de Ayúdame3D, un proyecto que fabrica y envía brazos y manos a todo el mundo. Nacido en Carabanchel, estudió Ingeniería de Organización Industrial en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid: “Aprendí lo que tenía que aprender y, al terminar, mi mundo se dividió. Por un lado, empecé a trabajar en una empresa de juguetes y, por otro, me compré la primera impresora con la que hice los primeros prototipos. Fui a Kenia a entregar las primeras en 2017. Nunca vi que podría llegar a ser algo de lo que poder vivir. Era más bien una filosofía altruista que complementaba mi trabajo por cuenta ajena”.
Nueve años después, Guillermo ha entregado más de 1.000 de estas prótesis de forma gratuita, en más de 70 países. “No me considero una persona solidaria de nacimiento. Creo que crecer en un barrio tan multicultural y en el que había tantas diferencias económicas entre compañeros de pupitre, me ayudó a ser empático con las dificultades de los demás. Pronto entendí que había amigos que no tenían ni para comer y con los años sentí que debía hacer algo por la sociedad”, explica. Lo que comenzó con la construcción de jarrones y muñecos como una distracción, terminó siendo una acción solidaria en toda regla. “Ya tenía la herramienta de creación con la que siempre había soñado. Dejé mi trabajo y empecé a contratar a gente para profesionalizar los diseños y las capacidades de las prótesis”, añade. A día de hoy el equipo está compuesto por 14 personas y, cuando tiene tiempo libre, Gauna-Vivas da salida a otro tipo de encargos: piezas para animales.

Uno de los gatos a los que Guillermo Gauna-Vivas le ha fabricado una prótesis a medida con impresoras 3D. / CEDIDA
Lista de espera
“Siempre he tenido mucha sensibilidad con los animales. Les he visto más vulnerables que cualquier ser humano, ya que no pueden defenderse. Para un perro, una amputación puede derivar en un desvío de la columna o cualquier otra cosa. No soy yo quien escribe al dueño para proponerle hacer una pata de plástico. Son ellos, que nos conocen y creen que quizás podamos ayudar a su mascota. Es lo bueno de publicar todo nuestro trabajo en redes sociales. La gente me ve como alguien que puede darles una solución. En 2018 pensaba que era incapaz de hacer esto solo y ahora, con las de los animales, no dependo de nadie. Puedo delegar en mi equipo y ponerme con estos encargos”, relata. Echando la vista atrás, el ingeniero recuerda a Max, el primer perro que acudió a su estudio. No podía mover las patas de atrás y, aunque en un inicio valoró fabrirar una prótesis, finalmente terminó haciendo una silla de ruedas: “Vinieron cuando la silla ya estaba terminada. Estuvimos media hora hablando con él, enseñándosela y dejando que la oliera”.
Recuerda que, nada más ponerle las ruedas a la estructura, el perro comenzó a caminar “súper emocionado”. “Antes apenas se movía. Entendió que estábamos ahí para ayudarle y eso fue muy emocionante. Lo malo es que, en muchas ocasiones, se trata de ejemplares de avanzada edad que mueren a los pocos meses de recibir la prótesis. Es lo que pasó con este primer perro. Lo recuerdo con cariño, pero desde entonces he pensado mejor qué casos priorizar. Está claro que ellos quieren lo mejor para sus animales, pero igual lo más necesario para un perro anciano no sea colocarle una pata de cuatro kilos súper invasiva, sino que le des su comida favorita hasta que descanse”, sostiene. Por ahora ha entregado cerca de una decena de prótesis a perros y gatos. Mientras, la lista de espera no para de crecer: hay más de 20 familias interesadas en darle a su animal una nueva vida.

La lista de espera para recibir una prótesis animal supera las 20 solicitudes. / CEDIDA
Un mes y medio
“La mayoría de ellos rondan los tres o cuatro años. Hay algunos de más edad, pero nos aseguramos de que no tengan problemas de salud. Teniendo en cuenta que las piezas para humanos ocupan la mayor parte de nuestro tiempo, los casos de animales son más esporádicos. Una vez me escribieron para un burrito, pero falleció antes de que pudiéramos ponernos con ella”, lamenta. El proceso comienza estudiando el cuerpo del paciente, para adaptar la estructura a su cuerpo de la mejor manera posible. Las familias envían fotos, toman medidas e incluso visitan a Guillermo en su estudio para ultimar detalles: “Trabajo el diseño 3D con el ordenador y luego lo imprimo. Los materiales varían en su rigidez dependiendo de la pieza y una vez esté terminada les aviso para que vuelvan con su mascota”. Si bien, como norma general, todos se asustan cuando se ven con un cuerpo extraño pegado a ellos, poco a poco se van adaptando y entienden que, desde ese momento, pueden volver a caminar con cuatro apoyos.
El proceso es similar al que sigue con los humanos. La única diferencia es que a los perros y gatos hay que convencerles de usar la pata postiza. “A un humano le muestras cómo se hace rápidamente, pero a ellos tiene que gustarle desde el principio. Antes de fabricarla hablamos con los dueños para conocer cuáles son sus juguetes o color favorito y hacemos las prótesis lo más atractivas posible para ellos. Así se familiarizan pronto y la conexión es más rápida”, dice. Pese a ser un proyecto sin ánimo de lucro, en estos casos Guillermo cobra los costes a las familias interesadas: “Intento que respeten mi tiempo y esfuerzo. Cada encargo me lleva un mes y medio. Podría ser menos, pero lo hago en mi tiempo libre. Son dispositivos que no existen en otros lados. Algunas de las solicitudes que me llegan son de dueños que ya han probado todo para su mascota o que no tienen acceso a las prótesis más caras. Por eso las fabricamos”.