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ARTE

Las heroínas bíblicas que el Thyssen ha resucitado: seis cuadros para entender a las mujeres de Guercino

El museo reivindica a las protagonistas del Antiguo y Nuevo Testamento en escenas que reproducen asuntos populares del barroco italiano: la exposición está abierta al público hasta el 14 de junio

'Jesús y la Samaritana junto al pozo', de Guercino.

'Jesús y la Samaritana junto al pozo', de Guercino. / CEDIDA

Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

Fue uno de los artistas que mejor capturó el papel de la mujer en la Biblia. A lo largo de su carrera, pese a atravesar distintas etapas, con sus luces y sombras, Giovanni Francesco Barbieri, conocido como Il Guercino, no dejó de estudiarlas. "A través de sus obras podemos observar su evolución desde el naturalismo al clasicismo. Las escenas que pintó demuestran su capacidad para retratar la actitud psicológica de las protagonistas. Fue muy popular en su tiempo, con numerosos encargos", asegura María Eugenia Alonso, conservadora de Pintura Antigua del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Allí, hasta el 14 de junio, podrán visitarse seis de las piezas más representativas del pintor en una exposición especial. Sus heroínas bíblicas han tomado la sala 12.

Algunas son anónimas, como la samaritana y la mujer adúltera. Otras, en cambio, tienen nombre propio como Salomé, Susana y Dalila. Todas, en cualquier caso, sin excepción, protagonizan cuadros que reproducen asuntos populares del arte barroco italiano. "Sus padres eran campesinos, por lo que se formó de manera autodidacta. Pasó por distintos talleres locales. Y, poco a poco, fue absorbiendo estéticas que impregnaron su producción", cuenta Alonso. La muestra gira en torno a Jesús y la samaritana, perteneciente al Thyssen. El resto proceden de instituciones como el Prado, la Dulwich Picture Gallery (Londres) y el Musée des Beaux-Arts (Estrasburgo).

'Susana y los viejos', de Guercino.

'Susana y los viejos', de Guercino. / CEDIDA

Esta primera obra, junto a Jesús y la mujer adúltera, muestra a mujeres del Nuevo Testamento que encarnan el modelo de la pecadora arrepentida. Hay un juego de miradas y gestos cifrados que, gracias a un tratamiento del color específico, artícula distintos diálogos. En la segunda, por ejemplo, plantea el que Jesús mantuvo con los fariseos, al tiempo que resalta la fragilidad de la figura femenina, en actitud recogida y cabizbaja.

'Sanson y Dalila', de Guercino.

'Sanson y Dalila', de Guercino. / CEDIDA

Junto a ellas conviven dos escenas del Antiguo Testamento en las que Guercino transmite la inocencia de dos víctimas de situaciones injustas. "Podemos observar personajes espontáneos, que se dirigen al espectador. Los espacios suelen ser angostos", subraya la experta. Se trata de Susana y los viejos, que narra el episodio en el que ella es observada por unos jueces libidinosos mientras se baña en una fuente, destacando la figura femenina en contraste con el fondo oscuro y convirtiéndo al espectador en testigo del acoso. Y, por su parte, en Abraham repudia a Agar e Ismael, el artista le representa a él expulsando de su casa a su sierva, acentuando la expresión de los afectos a través de una composición a modo de escenario.

Sus 'femme fatale'

Durante este periodo, las composiciones se volvieron equilibradas, los colores más luminosos y los personajes se expresaban ahora mediante gestos codificados en lo que se ha llamado la poética de los afectos, tan característica del Seicento boloñés.

El último capítulo está dedicado a las consideradas femme fatale según la iconografía cristiana tradicional y a las que Guercino concedió una nueva interpretación. "Hay una conexión muy fuerte entre la representación teatral y las artes plásticas", señala Alonso. Es el caso de Sansón y Dalila, donde se la presenta como una guerrera que contribuye a la salvación de su pueblo. Asimismo, en Salomé recibe la cabeza de Juan Bautista, ella se muestra arrepentida, con la cabeza inclinada, lejos de la tradicional representación de joven seductora. Un detalle clave: "No son retratos de nadie en particular. Cuando Guercino encontraba su prototipo de hombre y mujer, lo repetía mucho".