HOMENAJE
Las mujeres que hicieron los tebeos de tu infancia y fueron olvidadas: "Trabajaban bajo seudónimos, quedan muy pocas"
La Fundación Ortega Marañón acoge el 16 y 17 de marzo un seminario sobre las mujeres que conformaban la editorial Bruguera, en el que también participarán algunas de ellas

La editorial Bruguera, fundada en 1910, se dedicó a la producción de literatura popular e historietas. / JOSEP GARCIA
En 1940, los hermanos Pantaleón y Francisco Bruguera decidieron que El gato negro, la editorial que había fundado su padre en 1910, cambiase de nombre. Se decantaron por el apellido familiar y, a partir de entonces, comenzaron a desarrollar una intensa actividad empresarial que lograría que Bruguera se convirtiera en una de las grandes editoriales a los dos lados del Atlántico. Especializada en un primer momento en cultura popular, Bruguera contribuyó a que los duros años de la postguerra fueran más llevaderos gracias a sus novelas de vaqueros, sus libros románticos y, muy especialmente, a su amplia variedad de tebeos, a los que, en los años posteriores, se sumarían otros muchos productos. Por ejemplo, bolsilibros de espías, de ciencia ficción, fotonovelas, los clásicos ilustrados, las recopilaciones de la colección Olé, los Ases del humor en tapa dura, los tomos de Súper Humor y las colecciones de libros de bolsillo como Libro Amigo.
Con el tiempo, la capacidad de producción de Bruguera alcanzó tal volumen, que la familia llegó a poseer, además de una imprenta y distribuidora propia, una cadena de librerías y sucursales en Argentina, México o Venezuela. No obstante, a principios de los 80, la empresa presentó suspensión de pagos y, no mucho después, acabaría cerrando. Atrás quedaban varias décadas de una magnífica labor editorial que había marcado la vida de varias generaciones, pero cuyo prestigio empezaría a empañarse a medida que se fueron conociendo las condiciones de explotación y abuso que la empresa imponía a sus autores que, como Francisco Ibáñez, creador de Mortadelo y Filemón, tuvieron que pleitear para recuperar sus derechos de autor y sus originales.

Algunos de los títulos editados por Bruguera. / ARCHIVO
De entre los trabajadores de Bruguera, las que sufrieron especialmente las duras condiciones contractuales de la compañía fueron las mujeres. Profesionales con perfiles muy diferentes que desarrollaban labores determinantes para el éxito de la editorial —como administrativas, guionistas, dibujantes, mecanógrafas, montadoras o entintadoras—, cuyos logros quedaron invisibilizados durante décadas. "Aunque conocemos autoras como Purita Campos, la mayoría de ellas ha caído en el olvido. Además de que no tuvieron derechos de autoría porque, en su momento, se firmaban contratos donde cedían todo a la editorial, también era frecuente que simplemente no firmaran. A pesar de todo, hubo algunas que, con conciencia feminista, intentaron dejar su firma, cruzando los dedos para que no se dieran cuenta, y lo consiguieron", explica Montserrat Mazorriaga, guionista, dibujante y secretaria de la Asociación Comiqueras Mujeres + del Cómic, entidad que, para poner fin a ese olvido ha organizado Las invisibles de Bruguera. Unas jornadas que se celebrarán los próximos 16 y 17 de marzo en la Fundación Ortega Marañón, antigua sede de la Residencia de Señoritas, equivalente a la Residencia de estudiantes y motor del acceso de la mujer a la cultura a principios del siglo XX.
"Las invisibles de Bruguera surge como una propuesta de reparación histórica para completar la historia de la editorial, tradicionalmente centrada en figuras masculinas como Francisco Ibañez o José Escobar —explica Mazorriaga—. Su objetivo es rescatar nombres, trazos y voces de las mujeres que sostuvieron la industria del tebeo en España, desde la posguerra hasta el cierre de la empresa en los 80. En definitiva, el seminario busca visibilizar a aquellas mujeres que trabajaron bajo el anonimato o seudónimos en roles creativos, técnicos y administrativos". A lo largo de dos jornadas, mujeres con un perfil académico diverso, entre las que se encuentran Roser Messa, Arantza Argudo, Marika Vila, Josune Muñoz o la propia Mazorriga, analizarán el trabajo de estas creadoras, algunas de las cuales participarán en el evento. "Aunque son muy muy pocas las que quedan, porque estamos hablando de hace 40 años y muchas ya han fallecido o son muy mayores, he encontrado a cinco mujeres que trabajaron en Bruguera y tres de ellas van a venir a narrarnos sus vivencias y experiencias. Se trata de Julia Galán, María José Cano y Lurdes Martín, que estarán acompañadas por compañeras de la asociación como Mónica Crespo, Elizabeth Karin y Sara Jotabé", avanza Mazorriga, que no duda en calificar a las trabajadoras de Bruguera como el verdadero motor de la editorial.
"Eran mujeres de su tiempo, de clase trabajadora, algunas de las cuales tenían vocación artística y que entraron a trabajar en Bruguera a la edad de 14 años en el caso de Julia Galán o 18, en el de María José Cano". Aunque en estos casos siguieron trabajando, lo habitual era que, al casarse, estas mujeres dejasen la empresa, en la que también sufrieron una marcada segregación de género. "Se las derivaba principalmente a los tebeos femeninos como Mis Chicas, Sissí, Lily, Esther, aunque, como en todo, también hubo excepciones. Es el caso de María José Cano o Lurdes Martín, que trabajaban en Mortadelo y Filemón, El Botones Sacarino y otros personajes".
Política paternalista
Empresa de origen familiar, Bruguera intentaba que sus empleados se sintieran también parte de esa gran familia. Un objetivo que se procuraba a través de una política empresarial paternalista, en la que el jefe podía ser un padre tan comprensivo como implacable.
"Según me cuentan estas mujeres, el señor Bruguera se preocupaba por sus trabajadores. En lo que se refiere a la relación con ellas, tanto de las altas instancias como de los trabajadores, fue la que se esperaba de la época: paternalismo. A pesar de todo, cuentan que se sintieron apoyadas, que les ayudaron a entender los cambios políticos de la época, y que, finalmente, ellas mismas supieron reivindicar sus derechos", comenta Montserrat Mazorriga, que destaca la importante labor sindical realizada por estas trabajadoras: "Las mujeres participaron activamente en las demandas de mejora laboral y su papel fue crucial en la crisis final de los años 1982 a 1986. Participaron en el encierro de Parets, en huelgas de hambre y en los viajes a Madrid durante el encierro en el BCI. Las mujeres se mantuvieron firmes en la lucha por el mantenimiento de la empresa y la dignidad laboral, hasta el punto de que fue Julia Galán la encargada de realizar las actas del cierre de la editorial".
La desaparición de Bruguera como ente empresarial no supuso el fin de la marca, la cual fue adquirida, primero por el Grupo Zeta y posteriormente por Prensa Ibérica. En la actualidad, es parte de Penguin Random House, gigante editorial que está rescatando personajes y títulos de los archivos de la compañía. Una iniciativa que invita a pensar que, antes o después, el trabajo de todas estas mujeres se recuperará, acreditando por fin su autoría y valorando la aportación realizada al mundo del cómic español.
"Creo que los que trabajan recuperando la memoria de la editorial Bruguera no son conscientes de este asunto. Contacté con personas que están trabajando en la recuperación de archivos o en los movimientos de trabajadores y, cuando les planteé que estaba investigando sobre las mujeres que habían trabajo para la editorial, se les abrió un camino que no se les había ocurrido —apunta Montserrat Mazorriga—. Creo que la razón es que se intenta recuperar la historia, pero siempre desde una perspectiva masculina. Si ya cuesta muchísimo encontrar material antiguo, imagínate encontrar material de unas mujeres que ni tan siquiera firmaban sus trabajos, o documentar el trabajo de administrativas, mecanógrafas o directoras, que también las hubo. Queda muchísimo camino por recorrer, pero por este ciclo se empieza".