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CONCIERTO

Brutalísimos Hijos de la Ruina: el rap de la clase trabajadora prende Madrid

El supergrupo formado por Natos y Waor y Recycled J se reivindica en el Movistar Arena como uno de los fenómenos más poderosos del urbano español

Hijos de la Ruina, en el Movistar Arena de Madrid.

Hijos de la Ruina, en el Movistar Arena de Madrid. / VÍCTOR LERENA

Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

Es difícil creer que Hijos de la Ruina continúen reuniéndose cada cuatro años para hacer música. Suena extraño, altamente inusual. En solitario tienen dos de las carreras urbanas más consolidadas de España. Y, claro, desde el olimpo, resulta llamativo que cumplan el pacto que hicieron en 2012: celebrarse en directo pasara lo que pasara. Jamás han fallado. Y, esta vez, tras la publicación de su cuarto álbum juntos, la expectación era altísima. Tanto que han llenado dos Movistar Arenas seguidos. Anoche, Gonzalo, Jorge y Fernando no sólo revalidaron una amistad curtida en el barrio, a golpe de versos, también confirmaron su don para hacer del rap un idioma universal. Estuvieron hipnóticos, atronadores. Sacaron lustre a sus antiguos y últimos pelotazos. Quizá, con un brillo nunca antes reflejado en ellos. Se han hecho mayores, bastante populares. Y aún así, ojo, no es tontería, siguen siendo los chavales que tanto disfrutaban en las batallas de gallos. El éxito de la clase trabajadora. Siempre es buen momento para escucharles. Ahora bien, son bisiestos. Como las Olimpiadas. Así que calcule bien el próximo concierto.

Arrancaron la velada con Otra vez y Bajo cero, desatando el éxtasis en cuestión de segundos. No les hizo falta grandes alardes técnicos para conquistar al público: les bastó un cancionero confeccionado con rabia y sudor a lo largo del tiempo. Sus temas han recogido la historia de sus oyentes, por lo que el fervor fue inmediato. “¿Cómo ruge Madrid? Vamos prenderle fuego a esto”, dijeron. A la derecha, Natos y Waor. A la izquierda, Recycled J. Rebosaron química y carisma a raudales. Sobre todo, en los instantes de silencio. Ahí, sin música, frente al eco de 17.000 almas, su conexión alcanzó el clímax. Entonces, aquellos chavales de la periferia madrileña reaparecieron. Y refrendaron que lo suyo no había sido casualidad.

Cuando iniciaron el proyecto sólo habían pisado la calle como escenario. Y, poco a poco, fueron acercando sus rimas a centros sociales y casas okupas. Eran felices así. Lo que no esperaban es que, al poco, sin esperarlo, una multitud empezara a seguirles la pista. Hoy, Natos y Waor cuenta con el honor de ser el primer grupo de rap en llenar el Metropolitano. Mientras que Recycled J hizo lo propio con el Movistar Arena. Su Vol. 4, lanzado el 16 de enero, se colocó en el número 6 mundial de Spotify. Y el anterior suma 700 millones de reproducciones. Cifras de infarto que, esta viernes, en un Madrid ensordecedor, les ha reivindicado en la industria una vez más. El huracán que levantaron con La trampa, Cabeza de ratón, First Class y Aunque digan que yo, entre gritos y saltos, con los móviles al alza, lo ratificó. Fueron pasándose el turno puntualmente, dándose espacio con una llaneza pocas veces vista en estas alturas. Si bien llevan temporadas en la cresta de la ola, mantienen la humildad de los orígenes. Un detalle que, a diferencia de otros nombres similares, les ha acercado aún más a la gente.

“Jugamos en casa. Quiero aprovechar esta instante para dar las gracias a la bandas que llegaron antes que nosotros y nos abrieron el camino”, apuntaron. La energía no paró de crecer. Y, cuando parecía que se agotaba, zas, sacaban otro as bajo la manga. Gracias a la crudeza lírica y el juego melódico que tanto les caracteriza, mantuvieron la atención por las nubes. Bicho raro y Sudores fríos terminaron de colapsar el recinto. A Hijos de la Ruina no les ha hecho falta una voz prodigiosa para transformar sus vivencias en himnos. Simplemente, se han encargado de traducir cicatrices que, hasta hoy, no encontraban su reflejo en la música. Son un puente entre lo underground y lo mainstream. Implacables. Tal vez, por ello, no paran de sumar adeptos a sus filas.